Ayer, hoy y mañana de la Constitución cubana

Por Tania Chappi Docurro

El espacio de debate Último Jueves, de la revista Temas (correspondiente a octubre de 2012), tuvo lugar en la sala Fresa y Chocolate, del ICAIC. Esa vez  Temas impulsó el intercambio de criterios en torno a “20 años. La reforma constitucional de 1992”. A vuelo de pájaro podría decirse que, según los presentes, los cambios realizados entonces a la Constitución fueron positivos, pues se flexibilizó la política económica, se elaboró una Carta Magna menos deudora de postulados del socialismo soviético, más acorde a las realidades y a la identidad cubanas. No obstante, afirmaron también, las transformaciones resultaron insuficientes y, debido al “proceso de actuali-zación” por el que en estos momentos transita la Isla, cada vez lo son más. Por lo tanto, Cuba necesita volver a reformar su Constitución, e incluso, señalaron algunos, elaborar una nueva. Asimismo, expertos y público coincidieron en que los postulados de la Ley de leyes suelen desconocerse y violarse.

Desde el auditorio se formularon interrogantes como: ¿Qué tópicos deberá reflejar un nuevo proyecto constitucional? ¿Qué pasos se van a dar, a tono con las actuales relacio-nes entre la Iglesia y el Estado, en cuanto al marco jurídico para ellas?  Si se plantea que el Estado es de todos y el Partido es el de la nación cubana, ¿por qué gracias al artículo 5 de la Constitución el PCC es el rector fundamental de la sociedad y está más allá del control popular? Igualmente: ¿Por qué no funcionan los mecanismos que están en la letra de la Constitución; no tiene que ver con los mecanismos reales de poder que se ejercen a través de las estructuras verticales de la sociedad? Otro de los asistentes mani-festó: los juristas y sociólogos cada vez hacen más referencia al emergente constitucio-nalismo democrático latinoamericano. Cuba se halla dentro del contexto del ALBA, ¿eso ejercería alguna influencia en una futura reforma constitucional?

Si fuera a publicar esta información en un diario, tal vez escribiría solo esto, pero, como en realidad no me agradan las reseñas periodísticas que describen el traje y escamotean el alma –práctica tan en boga y de la cual tampoco yo he podido escapar-, cederé el es-pacio a los protagonistas de esa tarde. Fueron ellos Orlando Cruz, Dr. en Ciencias His-tóricas, investigador en el Instituto de Filosofía; Julio César Guanche, jurista, investiga-dor; Ulises Aquino, cantante, director de la Ópera de la Calle; Rafael Hernández, direc-tor de la revista Temas, moderador del encuentro; y una nutrida concurrencia, juriscon-sultos incluidos, que desafió un verdadero diluvio para acudir a la cita.

Rafael Hernández comenzó con un viaje en el tiempo: “¿Cómo eran las cosas hace 20 años? Tuvieron que ver con el IV Congreso del Partido en octubre de 1991, uno de cu-yos acuerdos fue proponerle a la Asamblea Nacional una reforma de la Constitución de 1976. La Asamblea la sometió a reforma en 1992 y aprobó un texto constitucional nue-vo. Según las estadísticas de entonces, en aquella sesión del 10 al 12 de julio de 1992 se produjeron 296 intervenciones de diputados, que dieron lugar a correcciones. La nueva versión de la Constitución suprimió 16 artículos presentes en la de 1976, se modificaron 64 y se introdujeron 13. En consecuencia, la mayor parte del texto constitucional fue modificado de manera parcial o total.”

¿Por qué y cómo se adoptó la reforma constitucional en 1992?

Julio César Guanche: “Se reformó por una serie de causas interrelacionadas, en-tre ellas el agotamiento del modelo constitucional del 76, y las condiciones socioeco-nómicas que Cuba tenía a mediados de los años 80.

“Entre las promesas del modelo del 76 se hallaban promover la participación, permitir mayor control de la población sobre las decisiones estatales y descentralizar y descon-centrar el poder estatal. A mediados de los 80 se empiezan a ver y a denunciarse múlti-ples problemas: estatismo, institucionalidad hipercentralizada, persistencia del vertica-lismo en la toma de decisiones, tácticas continuas de designación de cuadros en lugar del favorecimiento de su electividad, ausencia de debate de alternativas en espacios es-tatales, control social no organizado de la actividad legislativa; un control social expre-sado más bien como opinión del pueblo que como cauce institucional para dicho con-trol, escaso desarrollo de los poderes locales.

“A la altura de 1986 Fidel Castro inicia el Proceso de rectificación de errores y tenden-cias negativas. Toda esa situación se recoge también en el llamamiento al IV Congreso del Partido de 1990. Al mismo tiempo que el modelo institucional evidenciaba agota-miento, había otras señales de lo que algunos sociólogos cubanos llaman precrisis: de-crecimiento de la productividad del trabajo, estancamiento de la calidad de la produc-ción y los servicios, no completamiento de la industrialización, profundización de la dependencia y el endeudamiento externo de la economía cubana. A este escenario de crítica e insatisfacción se sumó la caída del campo socialista y la crisis consecuente de los 90. Y la reforma se convirtió en una necesidad.

“Se reformó más de la mitad de los artículos de la Constitución. La Carta Magna del 76 establecía que el texto constitucional se podía modificar sin referendo siempre que la reforma fuera parcial, no afectara las atribuciones de la Asamblea Nacional ni de su Consejo de Estado, y no afectara los derechos de la ciudadanía. La Asamblea Nacional entendió que nada de eso se afectaba y enmendó la Constitución sin referendo en el 92.

“Entre otros aspectos, se modificó el régimen de la propiedad, se aprobó la in-versión extranjera, se limitó la propiedad estatal a los medios fundamentales de produc-ción, y se permitió indirectamente que los medios de producción estuvieran en manos de perso-nas naturales, lo que, para algunos autores, habría creado técnicamente la figura de la propiedad privada. También modificó la base social del Estado, tanto como su confe-sionalidad: ya no era un Estado de obreros y campesinos, sino “con todos y para el bien de todos”, y se comprometía con la no discriminación por motivos religiosos.

“También cambió la definición ideológica del Partido, en el 76 era “la vanguardia orga-nizada de la clase obrera” y ahora sería “el partido de la nación cubana”, una apelación a Martí  y a su partido. Se eliminó la referencia nominal al “centralismo democrático” y a la “unidad de poder” como clave de la organización funcional del Esta-do. La reforma exigió elecciones directas para todas las asambleas, eliminó la lista cerrada de las orga-nizaciones sociales y de masas, por lo que podían crearse nuevas y es-tableció el estado de emergencia”.

Orlando Cruz: “Una  Constitución es un marco jurídico fundamental, no debe ser cam-biada, salvo excepciones. Pero en el panorama nacional e internacional aparecieron nuevos actores. Un aspecto es fundamental: se derrumbó el campo socialista. Las condi-ciones externas cambiaron totalmente para Cuba. Hay que establecer nuevas alianzas a nivel internacional, y eso tiene que reflejarse en la Constitución. Me parece que el do-cumento no se propuso vigencia a largo plazo. Esas reformas estaban regidas por una coyuntura muy específica.

 “Durante el Proceso de rectificación se habían dado algunos pasos que se detuvieron en septiembre del 90, cuando comienza el Período Especial. A la vez, había que preservar el carácter socialista de la Revolución cubana, en ese sentido hay preceptos intocables; por eso en la Constitución del 92 no se modifican algunos aspectos esencia-les, pero sí se da una apertura. Esta Constitución muestra cambios fundamentales, pero no permite por ninguna vía transformar el sistema político en Cuba, ni sus subsistemas.

¿Qué efectos tuvieron esas reformas sobre nuestra vida económica, política, en qué me-dida cambiaron el funcionamiento del país?

Ulises Aquino: “Ni en la Constitución de 1976 ni en la de 1992 se incluyeron los cam-bios que necesitaba el individuo, pues no reconocían determinadas libertades. Las per-sonas siguen sin tener personalidad jurídica.  Además, dichos textos recogían derechos que en la práctica los ciudadanos no teníamos. Por lo tanto, la Constitución no es un reflejo de la vida de la nación”.

Julio César Guanche: “En lo institucional, varias transformaciones buscaron de-limitar Estado, gobierno y administración de justicia, se crearon los consejos populares en bus-ca de potenciar participación desde la base, se eliminaron los comités ejecutivos de las asambleas municipales y provinciales para distinguir más entre estado y gobierno y se establecieron nuevas condiciones para la elección de jueces. En materia económica y social hubo muchos cambios: se autorizó el trabajo por cuenta propia en la esfera de los servicios, se viabilizó la existencia de mercados agrícolas con liberación de precios, se consagró la posibilidad de compartir la propiedad estatal con inversión extranjera. Se hizo una reforma tributaria.

“Esencialmente, no se modificó un valor muy presente en la cultura política con que se maneja el Estado cubano. Debo explicar que hay dos maneras de entender el uso de la ley: según una de ellas, la Constitución debe consolidar jurídicamente lo ya existente, es decir, el cambio se produce antes de promulgarse la ley: el cambio debe “madurar” y después ser consagrado por la ley. Otra visión, distinta, dice que las leyes deben regular los cambios y estos deben transcurrir en el marco que autoriza la legislación. En Cuba sobre todo ha prevalecido la primera forma. Eso trae varios problemas. Entre ellos el que se utilice muy poco la Constitución para lo que debe servir: como regla de derecho para delimitar el poder del Estado, para reclamar derechos ciudadanos, y para relanzar nuevos debates, programas y contenidos de libertad, justicia, dignidad. Porque se en-tiende la Constitución como una declaración de principios, no como un instrumento que permite regular la sociedad permanentemente. Dada esa razón, es muy raro encontrar, por ejemplo, menciones directas a la Constitución en un tribunal cubano.

“Algo que tampoco se modificó del todo tiene que ver con el origen de la Cons-titución del 76. Aquella Carta Magna se ubica en el centro del constitucionalismo de raíz sovié-tica —los textos publicados en Cuba en los años 70 decían que la nuestra era un modelo ejemplar dentro de esa corriente—. La reforma del 92 fue una gran crítica, una gran impugnación a aquel constitucionalismo de raíz soviética, pero todavía permanecen ciertas prácticas y no siempre se reconoce su origen. En cuanto a los derechos indivi-duales y sus garantías, el 76 seguía la concepción soviética restrictiva que los con-sideraba nacidos de una matriz “burguesa”. Como partía de este principio: “el estado socialista siempre hará el bien”, no se necesitaban demasiados mecanismos para defen-der de modo individual a los ciudadanos. Creo que el 92 no avanzó, por ejemplo, de modo sustancial en una nueva argumentación en este campo.”

Orlando Cruz: “En el plano social la reforma fue importante, porque, digamos, en el interior del país teníamos un discurso incoherente respecto a los religiosos. Estábamos fajados con los creyentes, aunque ellos seguían habían dando su apoyo a la Revolución. Es cierto que la necesidad de defender la nación incidió en que se hiciera hincapié en los derechos y potestades generales, mientras lo individual quedaba relegado. Toda Consti-tución está imbuida de la mentalidad, del espíritu de su época. Y tienen grandes contra-dicciones, más cuando hay un partido único.

“En lo económico, vino la introducción de diversas monedas. Además del reco-nocimiento al ‘cuentapropismo’, me parece que hubo una apertura a la cooperativiza-ción. No obstante, a veces lo establecido no se cumple por falta de leyes complementa-rias. A partir de 1992 son tantos los cambios introducidos en el país que ya hubiéramos podido hacer una nueva Constitución, lo que no es posible, porque un texto constitucio-nal no se crea cada 10 años.

 “Gracias a las transformaciones de 1992 hubo una mayor participación democrática. En la Constitución incluso se admitía que 10 mil firmas podían llevar a una discusión en la Asamblea Nacional, y por ahí se coló el Proyecto Varela.

“El 50 por ciento de la Asamblea Nacional se constituyó con delegados de base. Al crearse los consejos populares, surgió un eslabón intermedio, que supuestamente debía permitir que la participación directa del pueblo fuera más amplia. Pero una cosa son los deseos y otra la práctica. La Asamblea puede hasta revocar al presidente del Consejo de Estado . Por ley ella elige a ese Consejo y está facultada para cambiarlo. Es un régimen parlamentario fuerte ; sin embargo, lo estipulado no se cumple y el poder ejecutivo do-mina a la Asamblea.

“También es importante lo siguiente: este es un sistema socialista, tenemos que defen-der la unidad del país. Y el Partido sí es rector de la sociedad, ¿qué no todos se ven re-presentados por él?, ese es un problema que debemos resolver”.

¿Es necesaria una nueva reforma constitucional? ¿Cuáles áreas específicas han de modi-ficarse? ¿Qué papel corresponde a la Constitución en las transformaciones del país?

Rosa Álvarez : “Hay que hacer reformas en el sistema electoral, en el concepto de parti-cipación del ciudadano, que está como diluido. Participar no es asentir, sino construir políticas en conjunto. ¿Se encuentran preparadas las políticas educacionales para crear un ciudadano realmente participativo, con incidencia en la construcción de su país? Me respondo que no, que no estamos creando esos individuos, porque para participar hay que opinar, y para opinar hay que conocer, y eso implica un pensamiento crí-tico”.

Amalia Pérez:  “Algo que quedó pendiente en la reforma del 92: ese mismo año decía Juan Escalona Reguera, acerca del funcionamiento del Poder Popular, que debía perfec-cionarse la función legislativa de la Asamblea Nacional del Poder Popular. Señalaba Escalona que existía la práctica de regular acciones de importancia económica y social no a través de leyes, como debía ser, sino a través de decretos leyes, que es la norma que dicta el Consejo de Estado. Además, un estudio realizado hace más de una década en la Facultad de Derecho de la Universidad de Oriente –no está publicado- hizo un levantamiento sobre decisiones importantes en la vida de la nación cubana que, según el texto constitucional, debieron ser sancionadas por la Asamblea, pero fueron desarrolla-das por el Consejo de Estado o el de Ministros.

“En estos momentos, por ejemplo, la reforma migratoria modifica una ley, sin embargo se hizo por decreto ley, y eso implica que tal cambio no lo efectuó la Asamblea Nacio-nal; que no discutimos cuál era el cauce necesario para la política migratoria. Es, ade-más, el decreto ley 306, lo cual implica que se triplica la cantidad de decretos leyes en relación con la cantidad de leyes emitidas desde el año 76, que son 113. Esta práctica atenta contra lo afirmado en la Constitución: que la Asamblea es el órgano supremo del poder del Estado”.

Ernesto Abel López: “Hoy se habla mucho de la crisis de institucionalidad, y en el cen-tro de esa crisis está el estado del derecho en Cuba. Un gran problema es la conexión que debe haber entre la Constitución como Ley de leyes y todo el entramado legislativo. ¿Cómo lograr que se reconstruyan esas relaciones adecuadamente? Esto debe tenerse en cuenta en la futura reforma.

Rafael Hernández: La intervención de Amalia me suscita una reflexión: ¿las re-formas que se da un sistema autoritario no es lógico que se generen en un estilo autori-tario?

Ulises Aquino: “Nosotros no debíamos ni teníamos que salir a buscar pautas en otras constituciones que no pertenecían a nuestra identidad, a lo que habíamos cultivado des-de la Asamblea Constituyente de Jimaguayú. Quiero referirme a la Constitución del 40. Debíamos haber modificado en ella múltiples elementos. “Sin embargo, dice en el ar-tículo 1: “Cuba es un estado, independiente y soberano, organizado como república uni-taria y democrática para el disfrute de la libertad política, la justicia social, el bienestar individual y colectivo y la solidaridad humana”. Mientras que el artículo 1 de nuestra Constitución actual declara: ‘Cuba es un estado socialista de trabajadores, independiente y soberano, organizado con todos y para el bien de todos”.

“Expresa el artículo 5 de la Constitución actual: ‘El Partido Comunista de Cuba, mar-tiano, marxista y leninista, vanguardia organizada de la nación cubana, es la fuerza diri-gente superior de la sociedad y del Estado, que organiza y orienta los esfuerzos co-munes hacia los altos fines de la construcción del Socialismo y el avance hacia la socie-dad comunista’. Por su parte, el artículo 2 de la Constitución del 40 señala que ‘la sobe-ranía reside en el pueblo y de esta dimanan todos los poderes públicos’.

“Por tanto, la Constitución actual coloca al Partido Comunista por encima del pueblo, de la sociedad. ¿Y quién es ese partido? Ahí hay una contradicción, porque si tuviéra-mos un partido plural, aunque fuera único, en él participarían todas las fuerzas sociales, pero es un partido excluyente, ya que para ser militante son necesarios determinados requisitos. Entonces no representa a la sociedad cubana en pleno, a los 11 millones de habitantes, solo a sus militantes. ¿Cómo puede ser la vanguardia y la fuerza dirigente superior de la sociedad cubana y del Estado? A mi modo de ver, el poder tiene que emanar del pueblo hacia el partido. Ese es el primer concepto que la Constitución debe aclarar. Yo no tengo absolutamente nada en contra de nuestro Partido, pero creo que debe ser plural. Si va a ser uno, deben participar en él todos. Porque no podemos cons-truir una clase política vitalicia sobre los preceptos de la Constitución de 1976, ale-jada diametralmente de lo que ocurre hoy en materia de derecho en todos los lugares del mundo.

“¿Otro cambio necesario en la Constitución? Para ser soberanos como nación es obliga-torio ser soberanos como individuos. Y nosotros, por determinadas circunstancias, por contextos históricos, hemos perdido nuestra soberanía individual y hemos hecho muy poco por recuperarla. Me refiero al derecho del ciudadano de poder escoger, elegir, no a los derechos que implican a la sociedad en su conjunto; para poner en práctica estos últimos ya existen métodos y mecanismos.

“En Cuba se hizo una revolución que ha llegado a nuestros días gracias a todos noso-tros. Por tanto, los 11 millones de cubanos tenemos derecho a esa revolución y tenemos derecho a hacerle tantos cambios como necesite para que siga siendo revolución”.

Orlando Cruz: “Es indudable que debe venir ahora una reforma de la Constitu-ción, porque existen elementos políticos, sociales, económicos, que lo demandan. Ahora bien, el verticalismo no permite el empoderamiento popular. Mientras perviva la visión verti-calista de dirigir la sociedad, por muchas organizaciones que se creen y por muchas facultades que se establezcan en una nueva Constitución, no funcionará. Si no hay em-poderamiento popular, no hay en realidad participación  y no hay socialismo.

“Haría falta una mirada a los procesos constitucionales que están ocurriendo o se están proyectando en América Latina, aunque no solo a ellos. Tenemos que ganar expe-riencia de esas prácticas populares. Y en Cuba ya se están formando redes sociales, las cuales se han ido quedando fuera de la mirada de las instituciones políticas. El surgi-miento de tales redes no significa un riesgo, es una ventaja que debemos aprovechar para fortalecer nuestro sistema. Tenemos que pensar por con cabeza propia”.

Julio César Guanche: “Primero, creo que debemos reconocer que cuando existe distan-cia entre la ley y la práctica política que debe emanar de ella nos encontramos ante pro-blemas de legitimidad.

Amalia se refirió a un asunto muy importante: la diferencia entre ley y decreto resulta primordial, no solo en lo jurídico, es profundamente política. Tienen jerarquías diferen-tes, porque el sujeto de la primera es el soberano, el pueblo, que se expresa a través de la ley, y el sujeto del segundo es el gobierno, que se expresa a través del decre-to.

Con la diferencia entre ley y decreto se busca que el gobierno quede controlado y some-tido a la soberanía. La ley tiene varias ventajas sobre el decreto: para elaborarla debe ser deliberada por los representantes directos del pueblo, debatiéndose en la Asamblea, den-tro de ese debate deben representarse intereses diferentes y expresarse liderazgos como parte de ese debate, de esa deliberación, lo cual es fundamental en un proceso democrá-tico. Todo lo que se haga por decreto, y no por ley, cuando sea materia de esta, no reali-za estas ventajas.

“Regular mediante leyes, lo que sea materia de ellas, conllevará reformular el funcio-namiento de la Asamblea, elevar la calidad y profundidad del debate parlamenta-rio y el tiempo de sus sesiones. En los cuatro días que sesiona de modo ordinario al año el pleno de la Asamblea, es imposible que esta pueda debatir y aprobar las leyes necesarias.

“La defensa de los derechos individuales y el aumento de sus garantías es im-prescindible y conlleva actualizar en la Constitución el catálogo de esos derechos. El existente en 1976 era amplio para la época, pero hoy está desactualizado respecto a los existentes en el mundo, igual sucede con las garantías. Para actualizarlos hay que modi-ficar la manera de pensar. La tradición estalinista establecía una separación entre dere-chos burgueses y socialistas. En realidad no hay tal diferencia: no hay derechos burgue-ses, sino un uso burgués de los derechos. Todos ellos son necesarios para la democracia y el socialismo a partir de una visión interdependiente de los mismos.

“Quisiera leerles algo que está en la tradición cubana y que desapareció completamente de la argumentación sobre nuestros derechos, en el texto constitucional y en la práctica política. En los años 60 del siglo XIX, la fraternidad Masónica Gran Oriente de Cuba y las Antillas, la que influyó decisivamente en el pensamiento de Maceo, y en el de 1868 en general, defendía  ‘la libertad de pensamiento, la libertad de examen, la libertad reli-giosa, la libertad personal, la libertad política, la libertad de reunirse, la soberanía de las naciones, la libertad de imprenta, la libertad de cambio, el habeas corpus, el juicio por jurado y la igualdad social’. Carlos Manuel de Céspedes defiende clara y ex-plícitamente: ‘sufragio universal, gobierno elegido por el pueblo, enseñanza laica, dere-cho al levantamiento armado en defensa de la patria’. Lo mismo hace Ignacio Agramon-te; lo mismo hace Maceo, quien defendía: ‘democracia republicana, libertad de concien-cia, libertad de prensa, tolerancia política y religiosa y estado laico’.

 “Hoy debemos mirar esa tradición, pero también debemos mirar al mundo entero y específicamente a América Latina. Ecuador, Bolivia y Venezuela, han hecho las consti-tuciones que, entre otras, se conocen como Nuevo constitucionalismo latinoamericano. Han apostado por un socialismo que procura el ‘estado constitucional de derecho’. Eso significa una relación completamente diferente entre socialismo y democracia respecto a la que conocimos en el siglo XX.

“Sí hace falta una nueva Constitución y una Asamblea Constituyente. Hay que reformu-lar el área económica, el área política. Tiene que ser reformado en profundidad el meca-nismo del Poder Popular. Desde 1991 el Partido, que dirige al Estado y a la sociedad, no se pronuncia sobre el Poder Popular, y han pasado 20 años. El control constitucional, cuyo mecanismo no se ha usado desde el 76, también necesita ser reformulado. Hay que buscar mecanismos de colegislación y de codecisión entre la ciudadanía y el Estado, que no conciba la participación solo como asistencia y consulta, sino como intervención y decisión.

“Según la Constitución, la Asamblea Nacional es la única que puede convocar a un pro-ceso de reforma. Uno de los cambios que precisa el texto constitucional es establecer que el primero con derecho a modificar la Constitución, y por ende a promover su re-forma, es el soberano, el pueblo, directamente, por sí mismo —entre otros medios, por ejemplo, a través de una cifra cualificada de ciudadanos como se regula en Venezuela, Bolivia y Ecuador—, y no solo a través de sus representantes.

“Algunas personas pueden sentir aprehensión en cuanto a qué pasaría si se intro-dujeron  algunos de los mecanismos democráticos que hemos defendido aquí, temen el descon-trol, la desestabilización y algunos podrán pensar que hay ingenuidad en todo esto. Yo creo, por el contario, que se trata de un reconocimiento de madurez: la única manera de defender el socialismo es profundizar la democracia”.

Rafael Hernández: “El panel ha sido excelente, sus integrantes han sostenido criterios diferentes y eso crea un arco luminoso que permite ver mejor. Los temas susci-tados desbordan la cuestión de la reforma de 1992, y era de esperar. Muchos de ellos tienen que ver con la política. José Martí, que bebió del liberalismo radical y de los ma-sones, ¿no luchaba contra el autoritarismo?, ¿no son algunas de sus cartas y los debates inter-nos del Partido Revolucionario Cubano, un enfrentamiento a las corrientes autorita-rias dentro de las filas de la revolución?

“De lo expresado hoy se desprenden las siguientes preguntas: ¿Es solo relevante la deli-beración que tiene lugar dentro de la Asamblea Nacional o también lo es, en mucha ma-yor medida, la que ocurre en la esfera pública? ¿Una decisión sobre la ley migratoria no tiene como antecedente la deliberación en la esfera pública; no ha sido debatida en esa esfera porque no fue debatida en la Asamblea Nacional? Esas y otras inquietudes pudie-ran hacernos transitar hacia nuevos debates”.

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4 comentarios sobre “Ayer, hoy y mañana de la Constitución cubana

  1. ¿El 50 por ciento de la Asamblea Nacional se constituyó con delegados de base? Me gustaría su opinión respecto de este tema pues lo expuse como un argumento en mis clases de Sistema Político Cubano y el profesor expresó su desacuerdo con la formulación del Dr Orlando Cruz, toda vez que la Constitución del 92, según mi profesor, no trataba esto de esa manera. Por favor, necesito una respuesta urgente sobre este tema. Gracias, muy buen blog, se ha convertido en mi bibliografía preferida para la materia de Sistema Político Cubano.

    1. Hola Jesus,
      por la ley electoral, “hasta” el 50 % deben ser delegados de base. Es obligatorio. La composicion de la ANPP Siempre se ha comportado, lo digo apelando a la memoria, sobre más de un 45% de delegados de base. Por ley, podría ser solo un 5, un 10 o cualquier otra cifra hasta el 50%, pero seria menos legitimo con el diseño institucional, y con su discurso, hacerlo asì, pues se subraya responder a la voluntad de base. En internet hay sitios con la informacion oficial de la composicion de la Asamblea. Gracias por tu comentario sobre el blog.

      1. Aprecio mucho tu respuesta. Ahora…según mi profesor la Constitución del ´76 – o la ley electoral, no recuerdo- establecía que “al menos” el 50 % fueran delegados de base, lo que supone un aspecto negativo para la Reforma del ´92 pues esta lo limita de modo que afecta la partipación directa de las masa en el legislativo. ¿Cuál es tu opinión al respecto?

  2. no, deben precisar,
    la constitucion del 76 no podia establecer eso, porque los delegados de provincias se elegian y se nominaban por las asambleas municipales, así la eleccion y la nominacion era indirecta, así, a su vez, se elegia por las asambleas provinciales la ANPP.
    la reforma del 92 trajo el gran avance, respecto al 76, de la eleccion directa de los delegados a la provincia y a la nacion,
    la ley electioral vigente se aprobo tras esa reforma.
    tanto la reforma, como, por supuesto, la ley electoral, establecen que hasta el 50% de los nominados sean delegados de base, esto tambien, creo yo, es un avance respecto al 76, porque todos esos delegados han sido nominados y elegidos de modo directo en sus bases.
    Les sugiero que lean comparativamente estos tres textos legales, 76, 92 y ley electoral, para que con los tres frente a sì, comprendan mejor esto que digo,
    igual, precisame a què se refiere tu profesor porque me dices, “la Constitución del ´76 – o la ley electoral, no recuerdo-“, porque es importante saber de que está hablando, porque la del 76 es logicamente distinta a la ley electoral actual, al responder esta ultima a la reforma de 1992.
    o sea, si puedes decirme textualmente què dice tu profesor, quizas pueda darte una respuesta mas precisa.

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