Todo en común: los bienes comunes, el castillo, el zorro y el lince

Peter-Linebaugh

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Peter Linebaugh

En Crottorf, un día comimos de postre en el almuerzo unas fresas que te hacían la boca agua, y yogurt.

Crottorf es el nombre de un castillo, o Schloß, en Westphalia, Alemania. Veintiuno de nosotros estamos reunidos, procedentes de todo el mundo, para debatir sobre los comunes. Procedemos de India y Australia, Tailandia y Sudáfrica, Brasil, Italia, Alemania, Austria, Francia, Inglaterra, Grecia, California y los Grandes Lagos. Rodeados de verdes praderas y frescos bosques, el castillo parece surgido de un cuento de hadas alemán, un pedazo de paraíso. Desde luego, en 1661 el enyesador italiano dijo lo mismo al gravar en el techo del vestíbulo las palabras,

Un pezzo del paradiso Caduto de cielo in terra

Durante tres días nos sentamos en círculo, los veintiuno, debatiendo, no ya sobre el cielo en la tierra, sino sobre los comunes. En cierto modo, el término ―los comunes—  abarca todo lo producido por los seres humanos, los países del mundo, la substancia de la tierra, aire, agua y fuego, la biosfera, el espectro electro-magnético y el universo. Hablando apasionadamente, escogiendo cuidadosamente las palabras, a veces tartamudeando por la frustración de una expresión inadecuada, nos exigimos a nosotros mismos la máxima esperanza en condiciones de innegable desesperación. La atmósfera y el cambio climático, la tierra y la agricultura, el crecimiento del cieno, Internet y el software, los ricos y los pobres, las inclusiones y las exclusiones, los habitantes de chabolas de Johannesburgo, los peatones desaparecidos de Bangalore, los trabajadores de Brasil, los alimentos Frankenstein y los monstruos genéticos, la totalización de la forma mercantil, el paso de la expropiación a la explotación, la convergencia de la crisis ecológica con la crisis capitalista, el asalto neoliberal a los bienes comunes y la criminalización de los mismos, desde la selva húmeda hasta la aldea: tales son algunos de los focos de interés, de los temas y de las tesis de este coloquio desarrollado en Crottorf.

No debería, ni siquiera podría, hacer un resumen, pero los aficionados a Google pueden encontrar resúmenes en varias websites (David Bollier, onthecommons, Massimo De Angelis, thecommoner). Lo que recuerdo son los refrescantes interludios en medio de encuentros intelectualmente intensos. Se desarrollaron en distintos registros, incluso en una especie de ensueño temporal: fresas, cantos en el salón de baile y paseos por el bosque.

Nos pusimos a caminar por el bosque. Nuestro anfitrión, el conocido guardabosques Hermann Hatzfeldt, se detiene entre las altas hayas que se elevan hacia el cielo desde el denso sotobosque y formamos todos un círculo bajo su baldaquín para escuchar historias de la guerra, de tierra no cultivada y cultivos, de jugar al gato y al ratón con los elusivos buscadores de setas. La vida del bosque estaba experimentando cambios sorprendentes y salvajes que se apartan drásticamente de las venerables y admiradas tradiciones forestales alemanas. Menciona informes que hablan de la posible vuelta del lince. (Y podría ser cierto, pero por vías que yo no habría podido siquiera imaginar).

manifiesto de la carta magna

Nos citamos, después de comer, en un sendero que discurre entre el puente levadizo tendido sobre el foso defensivo y el castillo de cuatro torres, a fin de ponernos en camino hacia un lugar situado a menos de dos millas de distancia. Se precisan unos minutos para que lleguen todos, así que aprovecho la ocasión para leer en voz alta un informe acerca de la visión de Handsome Lake en el Festival de las Fresas del oeste de Nueva York en 1799, hace doscientos diez años. Siento que estas bayas de mitad de verano pueden hacer las veces de joyas evocadoras

Handsome Lake era el hermano de Cornplanter, ambos indios Seneca, una de las seis naciones de la Liga Iroquesa o Haudenosaunee. Era un borracho, un adicto víctima del envenenamiento alcohólico sistemático introducido por el hombre blanco. Tocó fondo casi mortal en abril de 1799. Luego tuvo su primera visión. Se le aparecieron tres hombres, mensajeros, con limpias vestiduras blancas y mejillas pintadas de rojo, con arcos y flechas en una mano y un ramillete de zarzamoras y otros tipos de bayas en la otra. Le dijeron que el jugo podría servirle de medicina para el abandono del alcohol y que debía celebrar la fiesta de las fresas. Luego, los mensajeros de rojos cachetes continuaron su camino.

―Vieron una cárcel, y en su interior un par de esposas, un látigo y una cuerda para ahorcarse: era una representación de la falsa creencia de algunos de que las leyes del hombre blanco eran mejores que las enseñanzas de Gaiwiio. Vieron una iglesia con una espiral y un camino de entrada, pero sin puerta ni ventanas (‗la casa estaba caliente´) y oyeron un gran ruido de gemidos y llantos; una ilustración de lo difícil que les resultaba a los indios aceptar la reductora disciplina del cristianismo‖ (Wallace, 243). El régimen punitivo del capitalismo, con sus prisiones, iglesias de granito y fábricas –el ‗gran confinamiento‘, según llamó a la época el filósofo francés Micheal Foucault–, fue rechazado desde sus comienzos. En realidad, este rechazo forma parte del significado de la profética carrera de Handsome Lake.

Allí, en el puente entre los fosos, y sin saber muy bien qué me perdía, me salté tres años de la historia de Handsome Lake, porque quería llegar a 1801, cuando Handsome Lake aconsejó a los iroqueses ―que no permitieran que sus hijos aprendieran a leer y a escribir; que podrían cultivar un poco la tierra y construir casas; pero que no deberían vender nada de lo que saliera de la tierra, sino ofrecérselo entre sí y especialmente a los ancianos; resumiendo, que deberían poseerlo todo en común‖. (Wallace, 264). John Pierce, un cuáquero, tradujo el discurso, razón por la cual suena familiar.

―Todo en común. La frase debería impactar: desahucios en América, demolición de chozas en Sudáfrica, destrucción de bosques en Perú, desecamiento de los ríos, privatización de los recursos en Irak, aniquilación de la aldea africana. En nuestro mundo de privatización neoliberal, la frase se convierte fácilmente en una consigna, si no en una panacea. Pero ¿y en 1799? Mirando la coyuntura de finales de la década de 1790 desde una perspectiva nominalista, la frase se dirige al pasado, ya que proviene de la primera traducción de la Biblia inglesa (Wycliff, 1380s). En medio de las revoluciones atlánticas (Francia, Haití), la frase también se dirige al futuro, y el verdadero comunismo en los movimientos obreros es su eterna declaración de condiciones justas: de cada uno según sus capacidades, a cada uno según sus necesidades.

Los iroqueses habían sostenido desde hacía tiempo el espejo del comunalismo ante la privatización europea. Cien años antes de Handsome Lake, Baron Lahontan, que viajó a la tierra de los iroqueses en la década de 1680 escribió: ―las naciones que no están corrompidas por la vecindad de los europeos son extrañas a los conceptos de Meum y Tuum [mío y tuyo], y a todas las leyes, a todos los jueces y a todos los curas‖. Es claramente el mejor de los anarquismos, y como cazador que era, añade, ―hay que estar muy ciego para no darse cuenta de que la Propiedad de los Bienes es la única fuente de todos los desórdenes que confunden a las sociedades europeas‖.

He conservado en mi mente a los Haudenosaunee por razones personales y políticas. La razón personal es la siguiente. El pueblo-factoría Apalaches de Cattaraugus al oeste de Nueva York es el hogar de mis antepasados y mis padres están enterrados allí en tierras Seneca. A este respecto he sentido una especie de orgullo histórico al traer a Crottorf los comunes de Seneca. La razón política es que, en el mundo post-marxista, el último Marx ha comenzado a abrirse paso por sí mismo; con sus Cuadernos etnológicos, que depende, mucho de los trabajos de Lewis Henry Morgan, cuya obra La Sociedad Antigua, basada en sus estudios sobre los iroqueses desarrollados en la década de 1840, ayudó a Marx a retornar a los temas comunistas de su juventud cuando, también en la década de 1840, puso la filosofía cabeza arriba. Para él, filosofía significaba acción.

Hacia el final de su vida, Marx estudió a los árabes, los argelinos, la gens iroquesa y el mir ruso. Marx se convenció de que ―la comuna es el eje de la regeneración social en Rusia‖. Marx especuló en el prefacio a la segunda edición rusa del Manifesto Comunista con que la propiedad comunitaria de la tierra agrícola puduiera servir de punto de partida para el desarrollo del comunismo‖. En una de sus famosas cartas a Zasulich escribió: ―La comuna rural [en Rusia] encuentra [al capitalismo en occidente] en un estado de crisis que solo se terminará cuando el sistema social sea eliminado por el retorno de las sociedades modernas al modelo ‗arcaico‘ de propiedad comunal.‖ Luego cita a Morgan: ―el nuevo sistema será una reproducción, de forma superior, de un modelo social arcaico‖. Marx quedó impresionado por la grandeza, complejidad y superioridad básica de la sociedad primitiva. El sentido de independencia y de dignidad personal son las cualidades que conmovieron a Morgan y luego a Marx, según ha dejado sentado Franklin Rosemont.

Tanto si concebimos el razonamiento dialéctico como el movimiento histórico que va de la tesis (lo común) a la antítesis (privatización) y a la síntesis (revolución), o como la interacción mutua entre teoría (comunismo) y práctica (puesta en común), lo cierto es que Marx era un practicante de ambas cosas. El chico que recogía fresas en los terrenos comunales de Tréveris, o el orgulloso periodista que defendía la recolección de leña y de distintos bienes silvestres por parte de los agricultores, o el consuetudinario acceso al combustible en los bosques del Valle del Mosela, era al mismo tiempo el gran teórico de la revolución proletaria y un comunero normal con experiencia práctica. Su esposa, Jenny, mantuvo unidos su cuerpo y su alma, soportando las muertes de sus hijos, con pobreza, con difamación, desafección, represión incesante por parte de todas las autoridades europeas, y el exilio. Crottorf está en la misma parte de Alemania, Westphalia, de donde procedía ella, Jenny von Westphalen.

Ello es que, de atardecida, dos de nosotros íbamos en bicicleta por sus tierras ancestrales a la hora del crepúsculo. Todo es atmósfera: las carreteras desiertas a través de las amables colinas, la soledad de las silenciosas casas rurales de piedra, un pequeño rebaño de corderos, una yegua paciendo pacíficamente en la luz del fin del día asustada por el solo chirriar de un ruidoso frenazo de bicicleta. Subimos a lo alto de una colina, a una torre que había servido de calabozo; en realidad, el sitio en que eran juzgadas las brujas. Bajamos de regreso al castillo bañados en la luz crepuscular de mitad del verano, reflexionando sobre el comunismo y el bien común.

Otro día fuimos a dar un paseo. Silvia Federici, especialista en brujería europea, sabía que tres brujas habían sido descuartizadas siglos atrás en las colinas cercanas. Hermann Hatzfeldt nos propuso amablemente acompañarnos al lugar de esos crímenes. El camino es largo y el sol está alto. En una cima sobre un límpido campo y bosque y un pueblo encerrado dentro del paisaje de Westphalia se encuentra una pequeña capilla roja. (Los antepasados escoceses por parte de madre de Jenny von Westphalen sufrieron muertes violentas en la hoguera). La capilla roja se erigió hace más de trescientos años en remordida memoria de una mujer que había sido ejecutada como bruja en el tilo. Aunque la capilla roja está cerrada, puede verse a través del ventanuco que hay espacio suficiente para dos sillas de paja trenzada –una para sentarse, otra para arrodillarse–, así como flores frescas que adornan el interior de este sencillo lugar de piedad y evocación.

Hay que decir la verdad, incluso en estas fechas tardías. Plantado bajo este tilo, la visión de Handsome Lake no me resultaba tan brillante. ¿Estuvo implicado en asesinato?

En febrero de 1799 murió la hija de Cornplanter. Se sospechó que fuera cosa de brujería, razón por la cual ordenó a tres de sus hijos que mataran a la bruja sospechosa, una mujer anciana. El 13 de junio de 1799 la encontraron trabajando en un campo y a la vista de toda la comunidad la golpearon hasta la muerte, y la enterraron. No sabemos a ciencia cierta si Handsome Lake era culpable, pero las evidencias circunstanciales no tienen buen aspecto. De todos modos, da qué pensar, y es bueno hacerlo antes de alabar indebidamente la versión de Handsome Lake sobre los ―comunes‖ de Seneca. La tradición cuenta varios asesinatos de brujas entre 1799 y 1801. (Wallace, p. 236; Mann, p. 321) Handsome Lake acusó a una madre y una hija de Cattaraugus de valerse de brujería para hacer que un hombre mostrara su trasero a Handsome Lake y se tirara un sonoro pedo mientras éste estaba hablando. La madre y la hija fueron atadas a un árbol y recibieron veinte latigazos. Las trabajadoras del espíritu femeninas y las madres del clan que se opusieron a Handsome Lake fueron redefinidas como brujas, ―la difamación del momento‖, como dice la profesora Mann.

Dejando de lado la disputa sobre el significado de la brujería para los iroqueses en el siglo XVIII, quienes están familiarizados con el trabajo de Silvia Frederici en Caliban y la Bruja abordarán el tema como un aspecto de la transición al capitalismo. Esto significa la expropiación de la reproducción y la expropiación de la tierra. La consecuencia de estas fuerzas es la pérdida de poder de las mujeres y la formación de un proletariado.

El pueblo iroqués había sido matrilocal, matrilineal, matriarcal. En 1791, Lafitau escribió que las madres del clan amonestaban a los hombres: ―tenéis que oír y escuchar lo que os decimos las mujeres, porque nosotras somos las propietarias de la tierra, que es nuestra—. ―La economía del pueblo dependía de las mujeres, que la poseían colectivamente‖, escribe Wallace (pag.190). Quien resume: ―el profeta dio un empático apoyo a la transformación del sistema económico de Seneca de un modelo de hombre-cazador-y-mujer-horticultora a otro de hombre-granjero-y-mujer-ama de casa.(281)

Las cuatro primeras palabras en la primera visión de Handsome Lake reflejan la desesperación de los iroqueses respecto a la demografía – whisky, brujería, pociones de amor, aborto—. Una crisis de reproducción, de la sociedad, de la infancia, de hombres-y-mujeres, de la cultura, de la tierra. Al Cave escribe que, en las visiones de Handsome Lake, ―frecuentemente se retrataba a las mujeres como pecadoras particularmente ofensivas‖ (p. 213). Para Handsome Lake, las mujeres son en gran parte responsables de la rampante decadencia moral que encontró en los iroqueses‖.

La situación demográfica se deterioró rápidamente después de las guerras de la revolución americana. Llámesele genocidio o despoblación. El primer término expresa la acción humana exterminadora llevada a cabo por los conquistadores; la última sugiere mecanismos naturales, maltusianos, de cambio social. Las ofensivas de 1779 de Sullivan, Brodhead, Van Schaick, librando una guerra total, destruyeron los asentamientos indios incendiando casas, arrancando huertos de manzanas y melocotones, quemando grano, calabazas, judías y prendiendo fuego a campos de heno. George Washington fue denominado ―el destructor de ciudades‖. Hasta nuestros días, la región de Nueva York entre los ríos Genesee y Allegheny es conocida como el distrito quemado. Luego vinieron epidemias de sarampión y varicela. La guerra, la intemperie, la enfermedad y el hambre redujeron la población de las Seis Naciones a la mitad. Una política de desmoralización y menoscabo de la autoconfianza fue deliberadamente infligida por el gobierno. Sus resultados patológicos fueron el alcoholismo, la violencia familiar y las cazas de brujas. El pánico de la desposesión sumió en el salvajismo a los habitantes de esos barrios pobres. ―Ahora los perros aúllan y lloran en todas las casas, porque están hambrientos—. El desastre social sentó las condiciones para la introducción del mercado del suelo. La tierra se convirtió en una mercancía. Así es como sucedió.

Robert Morris poseía cuatro millones de acres del país iroqués. Morris era un inmigrante de Liverpool que, gracias a sus negocios de esclavos y piratería, se convirtió en el financiero de la revolución americana, el primero que utilizó el símbolo $, un Padre fundador de los USA; un capitalista de tan oronda obesidad, que, cuando vendió sus escrituras de propiedad en el Tratado de los Tres Grandes (1797) en Geneseo, NY, a los inversores ingleses y a la Holland Land Company, tuvo que ser su hijo quien negociara con los iroqueses, disculpándose Robert Morris de poder asistir personalmente a causa de su ―corpulencia‖. La glotonería era esencial en el arte de la diplomacia, y se mantuvo a los iroqueses en un estado de sopor alcohólico sin remedio.

Las madres de los clanes iroqueses eligieron a Red Jacket como su portavoz. Un año más tarde, éste habló contra el tratado: ―hemos ofendido a nuestras mujeres e hijos en la venta de nuestro país‖; ―ahora hablamos sobriamente‖; ―nosotras, mujeres, somos las verdaderas propietarias, la trabajamos y es nuestra‖ (Sagoyewatha, 98, 99). En sus discursos se encuentra evidencia de los comunes. Red Jacket visitó Washington D.C. en febrero de 1801 al final del Gobierno Adams buscando justicia para las víctimas de los soldados estadounidenses que habían matado tres caballos, ―aunque era en una tierra abierta comunal donde fueron matados‖ (108). En 1802, Red Jacket, con ocasión de la venta de una franja de terreno a lo largo del río Niágara, reservó la playa para acampar en ella, madera para hacer fuego, el río para pescar y el uso del puente y de la carretera libres de peaje. En junio de 1801, Red Jacket fue acusado de brujería por Handsome Lake…

Los cuáqueros fueron a las tierras iroquesas con la Biblia, el arado y buenas intenciones, preparados a revolucionar tanto la base como la sobrestructura del comunismo primitivo en el sentido de un un capitalismo total. En 1797, John Chapman llevó semillas de manzana al oeste de Pensilvania y Ohio para que los colonos pudieran producir cosechas rentables, una sidra fuerte, cuya función política y social era absolutamente análoga a la de la adormidera en Afganistán, o a la de la coca de los Andes. Un barril de alcohol procuraba al solitario colono un envenenado gesto de bienvenida a los visitantes indios. En 1802, Thomas Jefferson escribía a Handsome Lake explicándole la propiedad privada. ―El derecho de vender es uno de los derechos de la propiedad. Prohibiros el ejercicio de ese derecho sería malo para vuestra nación‖. ¡Oh, el astuto anticomunero! Familiazará a estos extraños con las medidas del meum y el tuum. Dejad que los indios se endeuden, aconsejaba este ―profesional del asesinato económico‖

El hombre que, en su tiempo, dejó meridianamente clara esta dinámica fue un párroco, Thomas Malthus, quien, como Marx después de él, se basó en los iroqueses. La primera edición de su Ensayo sobre el Principio de la Población se publicó anónimamente en 1798. Era una crítica tanto de la adopción doctrinal por parte de William Godwin del comunismo teórico y como de las ideas del revolucionario francés Condorcet, quien, mientras cerraba virtualmente los ojos ante la resplandeciente hoja de la guillotina, cantaba aún las posibilidades de la humana benevolencia. Malthus atacó ambos argumentos con un poco de sofistiquería sabihonda: puesto que la humanidad crece de forma geométrica, mientras que los alimentos crecen aritméticamente, la muerte organizada es el resultado inevitable. En 1803, aumentó su segunda edición con substanciales investigaciones, empezando con sus terribles ‗observaciones‘ sobre los indios americanos, incluidos los iroqueses. Su lista de comprobaciones acerca de su población se lee como la intolerante sintomatología de la victimización: ―la insaciable afición‖ al licor, la disminución de la provisión de alimentos debido al intercambio de pieles por bebida, formas de guerra deshonrosas, canibalismo, degradación de las mujeres y ―un deseo ardoroso de los hombres hacia sus mujeres‖.

Escribiendo después de dos años de luchas revolucionarias contra la escasez y la hambruna en Inglaterra e Irlanda, Malthus negaba categóricamente a todos los humanos el derecho a la subsistencia. Critica especialmente Los derechos del Hombre de Tom Paine, y argüía que en Norteamérica el número de gente sin propiedad es pequeño en comparación con Europa. Se refirió de forma infamante al pobre y desposeído: ―En la vigorosa fiesta de la naturaleza, no hay puesto vacante para él‖; y aclaraba: ―la gran anfitriona de la fiesta…, deseando que todos los invitados quedaran saciados y sabiendo que no podía proveer para números ilimitados, rechazó de forma humana admitir a nuevos comensales cuando su mesa estaba ya rebosante‖ (Libro iv, capítulo vi). El principio de la economía europea –escasez— se personifica en una mujer en el momento histórico en que a ambos lados del Atlántico las mujeres eran desautorizadas, ya sea por las Leyes de Pobres en Inglaterra o, en EEUU, por Las Ventas de Tierra de Iroquoia. Malthus dice; ―rechazó de forma humana‖, y sabemos lo que quería decir Hazlitt cuando decía de él: ―su lengua se volvía libertina al ensalzar el hambre‖. Genocidio

En Agosto de 1799, cuando el Festival de las Fresas, Handsome Lake tuvo una segunda visión. Un mensajero se le acercó y le reveló el plan cósmico. Le fue repetido el rechazo de la ley del hombre blanco y de la iglesia del hombre blanco. Vio a una mujer tan gorda, que no podía tenerse en pié, lo que simbolizaba el consumismo del hombre blanco. Vio a un jefe que había vendido tierra a los blancos, y que ahora se veía forzado a acarrear de aquí para allá, y para la eternidad, ingentes volúmenes de suciedad. Así empezó una nueva religión, basada en el nativismo, el evangelismo, la templanza y la penitencia.

Handsome Lake estuvo influido por Henry O‘Bail, hijo de Cornplanter, educado en Filadelfia entre 1791 y 1796, un acomodaticio, por no decir un asimilacionista. Importó conceptos europeos de monoteísmo (―El Gran Espíritu—) y dualismo (cielo e infierno). La lucha de Handsome Lake fue también una lucha contra los tradicionalistas. Se opuso a la lucha armada, se opuso a Red Jacket, a las sociedades medicales, y se opuso a la religión tradicional de las madres del clan. Pero ¿qué era lo tradicional?

La conquista de la tierra, la matanza de brujas, los comunarios nativistas, deben ser puestos en su contexto histórico, el de la Revolución Francesa. Los años 1798 y 1803 [es decir, en plena contrarrevolución postermidoriana, en el Consulado y el inicio del Imperio; T.] fueron testigos de la conjunción de fuerzas y acontecimientos represivos. La coyuntura de la guerra de la independencia en Haití, de la rebelión irlandesa, de los motines navales, de disturbios de fin de siglo, de la organización de los sindicatos, de la mecanización masiva del trabajo humano, de las leyes de extranjería y sedición, del avance de las plantaciones de algodón esclavistas, de las Enclosure Acts [leyes de cercado; T.] inglesas –básicamente actos de latrocinio estatall— y de las English Combination Acts, que impedían a los trabajadores su organización para aumentar los salarios o disminuir el trabajo, pero no a los capitalistas hacer lo propio con fines opuestos. La privatización y el lucro eran los valores dominantes: la mercancía y el mercado imperaban incontestados: la planificación global de la morbilidad y la de la industrialización iban de la mano. Esa era la coyuntura histórica. Durante la misma, el espíritu de la libertad humana quedó sepultado.

Caminamos hacia la capilla roja, pero no todos los participantes en la convención de Crottorf sobre los comunes nos siguen. Nicola Bullard hecha un vistazo a los bosques.

Ve al lince

Pero él la ha visto antes a ella, no cabe duda. Se observan mutuamente, antes de que el gatazo desaparezca con un característico y silente deambular. Más

tarde, cuando nos lo cuenta, la gente se queda callada, sin saber muy bien cómo tomarlo.

Y nuestros corazones cayeron y se detuvieron

Escribe Mary Oliver en su poema al ver a un lince. Aunque se la conoce como la ―poetisa de la naturaleza‖, también podríamos llamarla poetisa de los comunes de Ohio, por su respeto a los shawnee, a los iroqueses y a las criaturas como el lince. En lo que a mí hace, no fue solo mi corazón lo que se disparó y se detuvo; fue también un aldabonazo reorientativo para mi investigación. Continué mis estudios sobre las tierras comunales de los iroqueses con los trabajos de mis colegas de Ohio, el profesor Al Cave, historiador de los americanos nativos, y la profesora Bárbara Alice Mann, académica y exuberante polemista sobre las mujeres haudenosaunee. Quería saber más sobre mujeres y brujería, lo que me llevó (hacia atrás) al…..lince.

La religión de Handsome Lake expulsó a la Mujer Celeste de su puesto central en la tradición (Mann, p. 336). La relación entre el monoteísmo y la producción de mercancías, o sociedad clasista, está clara en la evolución del ―gran espíritu‖ en las sociedades indias de mitad del siglo XVIII, al adaptarse a la invasión de los europeos (Cave, passim). La religión creció precisamente al mismo tiempo que disminuía el pueblo gentil. Paralelamente, se producían los ataques a las mujeres. Las ―mujeres constituían el esqueleto espiritual de la cultura, actuando como sus profetas, curanderas, chamanes y videntes, deshaciendo entuertos y enredizos generación tras generación‖ (Mann, p. 354) ―Si el materialismo es la base del capitalismo, la espiritualidad es el centro del comunalismo iroqués‖.

Al investigar la literatura histórica y antropológica, Bárbara Mann elabora una historia admonitoria propia para los que recogen tradiciones orales, puesto que desde que en el siglo diecisiete los europeos se pusieron a elaborar diccionarios y gramáticas, han sido objeto de divertidas desinformaciones, cómicas y profanas. Thomas McElwain advirtió a sus colegas de que los haudenosaunee se divertían con los hechos. Por ejemplo, recogiendo material para su diccionario de Seneca (Handbook of the Seneca Language, New York State Museum and Science Service, Boletín, nº 388, 1963), los informadores del antropólogo de Nueva York Wallace Chafe se cansaron de su larga lista de nombres de botánica. La entrada 1228 utiliza un nombre para ―arbusto de moras bajo, que suena muy parecido a ‗f**k off,‖ pero según McElwain ―la glosa para el arbusto de moras alto… es la correcta para ambas formas‖. La palabra de Seneca para el arbusto de moras bajo apunta a un principio esencial de la comunidad, el principio de limitación. Teniendo esto en cuenta, he ahí la historia de la Mujer Celeste y de cómo empezó el mundo:

Al principio de los tiempos, la gente del Mundo del Cielo pasó a la Tierra, o mundo del agua. El árbol violeta de dientes de perro mantuvo unidas las partes alta y baja del cielo. El Pueblo del Cielo arrancó por error. La Mujer Celeste fue empujada hacia el socavón por las maquinaciones de su marido, celoso de sus habilidades chamánicas. La Mujer Celeste se agarró las raíces del árbol llevándose consigo a las tres hermanas (grano, calabaza, alubia) con su mano derecha y al tabaco con la izquierda, antes de caer más abajo. Colimbos y garzas la vieron caer y unieron sus alas para hacerla aterrizar en un terreno seguro. Pero no había sitio en que aterrizar.

Los animales acuáticos celebraron un consejo, y acordaron que la Mujer Celeste no podía vivir en el agua. Una tortuga gigante ofreció su espalda. Si tan solo pudiera encontrarse tierra para verterla sobre el caparazón, quedaría fijada para siempre. Nutrias y ratas almizcleras se turnaron para bajar en picado a las profundidades del océano, a fin de extraer restos. Todos murieron en el intento. Cuando los castores lo probaron, lo que hicieron fue agitar el fondo del océano con su cola espatuliforme, y logró a salir a flote. Los demás pintarrajearon la espalda de la Tortuga con la escoria generada, y así se convirtió en Norteamérica o Isla Tortuga.

Colimbos y garzas, casi exhaustos, pudieron establecer a la Mujer Celeste en su nueva casa. La Mujer Celeste estaba encinta, y dio a luz a Lince, la cual, cuando se hizo mayor, se convirtió en la inseparable compañera de ruta de la madre. Vagaron a lo largo y ancho de Isla Tortuga plantando semillas dondequiera que fuesen. Lince, por ejemplo, creó patatas, melones y girasoles. La Mujer Celeste envejeció, pero Lince continúo vagando por las cuatro Carreteras Relucientes, regresando todas las noches. Un día, deseando tener sus propios hijos, fue seducida por Viento del Norte, quien la arrulló y la fertilizó a espaldas de la Mujer Celeste. El alumbramiento fue difícil: murió dando a luz a dos niños gemelos, que se llamaron Árbol Joven y Pedernal. Es otra historia. Baste decir aquí que continuaron la obra de creación de plantas, animales, montañas y agua corriente. Bárbara Mann nos informa de que a ―Árbol Joven le cabe el honor de haber creado las fresas….‖ (pag.33). Por otra parte, Lince fue enterrada y se convirtió en la Madre Tierra.

El profesor Mann cita las fuentes originarias del siglo XVIII. En 1703, Lahontan se dio cuenta de que los iroqueses ―preferirían morir, antes que matar‖ a un lince(I, 345). Heckewelder fue en 1773 con un grupo de caza que se negó a comer un lince, a pesar de que los cazadores se estaban muriendo de hambre. ―La Madre Tierra era (¡y todavía es!) una entidad viviente. Su espíritu era el espíritu del lince, ella misma‖ (Mann, p. 204). Otra vez Mary Oliver:

Hemos oído,

Al lince

Vaga como seda

En las profundas

Laderas de nieve:

Resplandeciente,

Arremete contra árboles

Gruesos como castillos

Fríos como el acero

¿Cual diríamos que

Es la verdad del mundo?

Las millas solo

en la punzante oscuridad?

O el impulso de la promesa?

El particular lince de Crottorf y el lince de Ohio que llevó a la poetisa a preguntarse acerca de la verdad del mundo no son exactamente los mismos. La poetisa rompió el silencio histórico acerca de la destrucción de los comunes de Ohio y el trauma de los iroqueses vencidos con un tono de tristeza y un concepto de la naturaleza separado de la actividad humana. El lince de Crottorf no apareció en forma de destrucción, sino de retorno; y en el contexto de un bosque restablecido. El retorno se produjo en medio de nuestras vigorosas conversaciones sobre un futuro no capitalista instigado en parte por una revuelta indígena que ya no es romántica, primitiva, utópica o surrealista. Tenemos cierta idea de la verdad del mundo y propendemos hacia la promesa de ―los comunes‖

Dejando de lado los iroqueses y el lince ¿qué significa toda esta mezcla de coincidencia y de embrollos de los comunes?¿Qué historias nos estamos inventando? ¿Son los comunes tribales o cosmopolitas? ¿Qué valores se comparten poniendo cosas en común en un entorno de alta tecnología y en una situación de baja tecnología? ¿Qué es lo que mantiene unidos el microcosmos de un jardín urbano y el macrocosmos de una estratosfera contaminada? ¿Lubrica necesariamente la máquina de hacer dinero? ¿Requieren los comunes rojos una guerra revolucionaria, mientras que los comunes verdes requieren desagradables compromisos con ONGs? ¿Por qué su base tiene que ser la cuna?

Estas son ahora las conversaciones del mundo, ―madre tierra‖.

La realidad para la gente de Long House era la ley de la hospitalidad donde nadie es rechazado. Karl Marx anotó: ―cada día a la hora del crepúsculo, una cena en común se servía a todo el cuerpo de la comunidad que acudía.‖ Y con los bienes comunes, la gratitud. Marx anotó que la comida empezaba con un agradecimiento: ―era una exclamación prologada de una sola persona en una tonalidad alta y estridente, que caía después en cadencia hasta el silencio.‖ (Marx, p. 172-3)

Así termina la historia de los bienes comunes, el castillo, la bruja y el lince.

Lecturas mencionadas o sugeridas:

Alfred A Cave, Profetas del Gran Espíritu: movimientos revitalizadores de los nativos americanos en el Nordeste de América (Universidad de Nebraska Press, Lincoln, 2006)

Raya Dunayevskaya, Rosa Luxemburg, La liberación de las mujeres y La filosofía de la revolución de Marx (New Jersey: Humanities Press, 1982)

Friedrich Engels, El origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado (New York: International Publishers, 1972)

Silvia Federici, Caliban y la bruja (New York: Autonomedia, 2004)

John Heckwelder, Historia, hábitos y costumbres de las naciones indias que habitaron Pennsylvania y los Estados vecinos (1820, y reeditado New York: Arno Press, 1971)

Baron Lahontan, Nuevos viajes a Norteamérica, traducción inglesa (1735)

T.R. Malthus, Ensayo sobre el principio de la población, segunda edición (1803)

Bárbara Alice Mann, Las mujeres iroquesas: las Gantowisas (Peter Lang: New York, 2004)

Karl Marx, Notas etnológicas, con una introducción de Lawrence Krader (Assen: Van Gorcum, 1972)

Mary Oliver, Los americanos primitivos: Poemas (Boston: Little, Brown & Co., 1983)

Michael Pollan, La botánica del deseo (Random House, 2001)

Franklin Rosemont, “Karl Marx y los iroqueses,” Red Balloon Collective Pamphlet, Environmental Action Series #5

Theodore Shanin, El ultimo Marx y la vía rusa (New York: Monthly Review, 1983)

Anthony F.C. Wallace, Muerte y renacimiento de los Seneca (New York: Knopf, 1970)

Colección de discursos de Sagoyewatha, o Red Jacket, editado por Granville Ganter (Syracuse, N.Y.: Syracuse University Press, 2006).

Peter Linebaugh es profesor de Historia en la Universidad de Toledo. The London Hanged y (con Marcus Rediker) La hidra de la Revolución: la historia oculta del Atlántico revolucionario (trad. castellana: Editorial Crítica, Barcelona, 2005). En Serpientes en el jardín se incluye su ensayo sobre la historia del Día de Mayo. Su último libro es el Manifiesto de la Carta Magna (California Univ. Press, Berkeley, 2009).

Traducción para http://www.sinpermiso.info: Anna Garriga

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2 comentarios sobre “Todo en común: los bienes comunes, el castillo, el zorro y el lince

  1. Muchas gracias, Guanche, por este instante de poesía y de humanismo con los comunes -en definitiva de suaves pasos anti-capitalistas muy bien reunidos en la historia de un lugar en el mundo- que nos ofrece Peter Linebaug a partir de saborear el camino de las fresas…

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