Tres opiniones sobre el cierre de los cines en 3D

Aunque haya pasado cierto tiempo de la medida-úkase que cerró los cines en 3D manejados por particulares en Cuba, confío en el valor de la memoria y en la utilidad de recordarnos que Cuba no es un “país de poca memoria”. Por ello, reproduzco ahora estos trabajos.

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Mis puntos de vista en 3D

Por Ulises Aquino

 Asumir la forma en que nuestro Estado actúa, sin tener en cuenta nuestras necesidades y aspiraciones, nos coloca en una posición peligrosamente arcaica y olvidadiza.

Para él (el estado), aceptar y promover el trabajo por cuenta propia hoy, no es resultado del éxito de la Empresa estatal socialista, ni una reformulación de sus esquemas para lograr mejores rendimientos y productividad, sino, y por el contrario, la única vía visible para descargarse del inmenso peso económico que voluntariamente se echó encima y nos obligó a acatar, con cargas ya imposibles de sostener dadas las condiciones objetivas que rigen la economía mundial, y el séquito de problemas que nos acompañan desde hace años.

Como siempre, los errores y fracasos vienen a parar a nosotros, nos responsabilizaron por lo negativo de los resultados. (Recordemos el Editorial de Granma donde nos señalaban como pichones con el pico abierto).

Viví la experiencia como trabajador por cuenta propia. Con licencias solicitadas y entregadas por las autoridades competentes, y en el momento de retirármelas, no importaron la inversión, ni los gastos, ni el esfuerzo. Ni se buscaron alternativas. Simplemente me fueron retiradas sin derecho a reclamar nada. Tal es así, que hasta el día de hoy no me han sido devueltas, ni ha existido una explicación por parte de los organismos involucrados en este hecho, a pesar de haber escrito innumerables cartas a todos los estamentos del Estado, y del Gobierno.

Traducido este asunto al lenguaje popular quiere decir, que los encargados de autorizar, cerrar, negar, prohibir, cuando actúan con la convicción de estar “haciendo lo correcto”, basta con su intención, aunque en la práctica violen Leyes y Resoluciones hechas por ellos mismos, incluso violando hasta nuestra Constitución, sin importar si con ello, dan un paso atrás, o saltan muchos metros a la inversa. Todo depende del nivel o rango del funcionario interesado, en mi caso parece ser uno, o una, más importante que las Leyes y que los derechos ciudadanos.

Lo que queda muy claro, es que no existe una verdadera voluntad de cambio de mentalidad, ni mucho menos el deseo de buscar nuevas fórmulas que nos conduzcan al bienestar, o al menos a paliar el desencanto diario ante problemáticas fáciles de resolver. Ligado esto a la incapacidad probada de las estructuras construidas, de las cuales el propio Estado no encuentra como zafarse, solo pensando en aligerar su carga, acude a 200 formas autorizadas del trabajo por cuenta propia, que representan muy poco, o nada, por su impacto macroeconómico, pues se trata de timbirichis y semiempresas con niveles de impuestos y de obligaciones, cuyos ingresos y beneficios, no alcanzan para desarrollarse ni incrementar la calidad de los servicios que ofertan, por lo que para lograr resultados están obligadas a transitar no pocas veces por el mercado negro, o por otras vías nada ortodoxas. Esto lo conoce el estado, lo sabe, lo acepta, ya que es casi imposible para cualquier negocio subsistir y generar beneficios con los precios obligados a los que vende el estado.

La figura del cuentapropista está diseñada para los empleos que nadie quiere realizar para el estado, por su baja remuneración, u otros en los que el estado no ha logrado dar pie con bola desde hace cincuenta años.

La liberación del trabajo por cuenta propia para el trabajo profesional, ya es otra cosa, los profesionales estarán obligados a trabajar para la Empresa estatal, a recibir salarios con los que no se puede sostener una familia no se sabe hasta cuándo, pues no tenemos información de cuál es, o será, el Proyecto de país que pretenden construir, para el que dicho sea de paso, no hemos sido convocados a opinar, con lo que se infiere que nuestra opinión tal y como en el caso del retiro de licencias para los cines 3D, y las otras licencias, pasos hacia atrás, o hacia delante, nuestro criterio huelga.

Es suficiente el criterio y el juicio de un viceministro de Cultura, para determinar que es banal, y que no lo es, es suficiente para que corran a cerrarle los negocios a quienes invirtieron recursos y medios sin derecho a exigir indemnización alguna contra quienes entregaron las licencias para ejercerlo.

El momento es el de liberar el trabajo honrado, de quien sea capaz y arriesgue su tiempo y sus conocimientos por su cuenta, pues siempre tendrá un impacto social trascendente, del cual, el estado también se beneficiará. Atando a los profesionales en los que tantos medios, recursos y dinero, nuestro pueblo invirtió, no vamos a ninguna parte, llegado ese momento cumplirían un rol no solo socializador trabajando por su propia cuenta, sino tributando al estado, por tanto al pueblo, no solo con sus impuestos, sino con importantísimas obras que hoy, resultan imposible lograrse en las estructuras estatales, en los que la práctica histórica ha demostrado incapacidad para llevarlas a buen puerto.

Sería mucho mejor y más ético, que el estado escuchara todo lo que en materia de trabajo por cuenta propia, o a cuenta de otros podríamos realizar. Las formas de trabajo que determinan un grupo de funcionarios o dirigentes erigidos jueces y expertos, nacen con el éxito condicionado, por la cantidad de impedimentos y prohibiciones que se les exige a priori para ejercerlas.

La búsqueda de una sociedad de igualdades, no puede condicionarse a la memoria de un estado, muchas veces centrado en su propia problemática para administrarse.

Los baños públicos, y los establecimientos del estado pasados a cooperativas, hace muchos años que lo son, lo que no pagaban impuestos. Como también han sido cooperativas ilegales muchos establecimientos estatales donde los verdaderos beneficios van a parar a las manos de los que trabajan en ellos, por vías no autorizadas, que le han permitido sobrevivir con mejores ingresos, montados sobre las estructuras del estado. Eso es tan viejo como el granizado, los parqueadores estatales, y los problemas de El Coopelia.

Estacionados en los mismos presupuestos ideológicos importados que nos condujeron a la situación actual, no podremos salir nunca de las penurias y limitaciones, porque la problemática cubana hace tiempo que no es económica, sino ideológica.

El Estado- Partido hoy, esta en el deber de renovarse, de abrirse y dejar participar al pueblo en las decisiones que nos involucran a todos. Sin esa participación del pueblo, necesitaran actuar constantemente a la fuerza, solo que cada vez menos la gente acepta callado los errores, y cada vez más nos convencemos de que este no es el camino.

Pd. despues de publicado este texto, aparecio en Diario de las Américas declaraciones de Ulises Aquino: http://www.diariolasamericas.com/america-latina/ulises-aquino-baritono-cubano-arremete-contra-gobierno-cuba.html. En facebook, el baritono cubano, y fundador de la Opera de la Calle, escribió sobre esta entrevista: ” Aprovecho este espacio propio en Facebook, para dejar en claro mi posición con respecto a la entrevista publicada en el “Diario de las Américas”. Mis puntos de vista en 3D, no son una arremetida contra el gobierno de Cuba, ni contra nadie, son mis puntos de vista.
Son mis ideas y un análisis propio sobre mi realidad y la de mi país, sobre ese pedazo de tierra que amo, tanto como muchos cubanos también sienten por ella. Mis puntos de vista en 3D, son reflexiones a partir de lo que me ha tocado vivir, es mi modesto aporte para encontrar soluciones al país en que siempre he querido vivir y morir, donde aspiro a que mis hijos y los hijos de todos los cubanos vivan siempre, que luchen porque sea cada día mejor, para que vivan una existencia feliz. Quise compartir con mis amigos, sin pretensión alguna de agredir a nadie, porque nunca me he dejado utilizar para otro fin que no sea la promoción de mi obra como cantante. Soy un artista que trato constantemente de ser autentico como individuo, y como hombre. Ustedes que me conocen muy bien, saben como he actuado siempre, cuanto he entregado de mí a la Patria sin pedir nada a cambio, y cuales son mis convicciones auténticamente revolucionarias y patrióticas. La verdadera libertad de expresión no necesita de sensacionalismo ni de arremetidas, necesita de verdad, de debate honesto. Los cintillos agresivos, solo contaminan los propósitos y los debates, porque los condicionan de antemano. El cierre de El Cabildo fue resultado de un titular de REUTERS, que decía: “En Cuba cantante de Opera construye un Imperio”, y contra ese supuesto Imperio actuaron las autoridades. Insto al “Diario de las Américas”, y a todas las publicaciones sobre Cuba, a encontrar los términos correctos para el debate inteligente, de encuentros, no de beligerancias. De análisis. De renunciar a las frases agresivas que predisponen y condicionan de un lado y de otro, que no hacen más que alargar este cincuentenario desencuentro que ha dejado ya huellas muy profundas. No serán ni el rencor ni el odio, los protagonistas de nuestro futuro. Permitirlo, seria comulgar con lo que tanto hemos criticado y reconocer el derecho de todos a defender a ultranza cada punto de vista. Seria impropio, pero sobre todo seria inculto.Ulises Aquino”

Carta sobre el cierre de los cines en 3D

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Por Víctor Fowler

A la UNEAC

ICL

MINCULT

ICAIC

He leído con atención la nota oficial publicada en el periódico Granma el día 2 noviembre 2013 y en la cual se avisa de la decisión tomada por el Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros en cuanto a prohibir, con efecto inmediato, toda actividad de las salas de proyección de películas en 3D operadas por propietarios privados, así como de los salones de juegos de computadoras. El presente mensaje breve que les envío tiene como objeto el expresar –pese a que no tenga importancia alguna para algo que ya se decidió y aplicó- mi desacuerdo con la medida, en particular todo lo que en ella propone -a propósito del consumo cultural – una suerte de oposición entre los conceptos calidad y banalidad dado las inquietantes consecuencias que ello tiene a nivel social.

Pienso que si bien cualquier Estado tiene el derecho y la obligación de regular y normar las actividades económicas que en el territorio que abarca son realizadas, ninguno lo tiene para decidir (y esto es de lo que principalmente trata el conflicto) cuál debe de ser el consumo cultural de sus nacionales. Al Estado le corresponde la obligación de facilitar una mejor educación y disfrute de la cultura realmente universales, durante la ejecución de sus proyectos esboza y presenta la meta de aquello que considera la virtud ciudadana respecto a la relación entre el individuo nacional y la cultura; pero como tal el Estado no es un maestro ni la sociedad un conjunto de estudiantes sentados en los pupitres de un aula permanente, sometido a exámenes periódicos de habilidad y temeroso de obtener bajas calificaciones o de una vez por todas suspender. Dicho de otro modo, el Estado es un enorme facilitador, no un juez severo (lo cual queda para el mundo sangriento de la guerra).

Tan continuada insistencia en el tema de la banalidad, fantasma que en las más diversas intervenciones sobre cultura nacional aparece una y otra vez, hace pensar que en algún punto existe (o tendría que existir) algo así como el ser banal, especie de arquetipo negativo del consumidor cultural. En este punto, lo más difícil de entender (y aceptar) es que –coexistiendo con el consumo cultural de (o con) calidad- igual debe de existir espacio para el consumidor “banal”.

En este sentido, ser banal es una más entre las opciones de realización que una sociedad sana tiene para sus sujetos y los individuos poseen todo el derecho a consumir, sin la interferencia del Estado, los productos culturales del nivel jerárquico que así deseen, en especial los del nivel más bajo desde el punto de vista de la estética. Esto último resulta fundamental, ya que la efectividad de una democracia se prueba en la capacidad de acción (de realización, de vida) que de manera concreta existe para aquellos portadores del límite negativo del proyecto.

Más allá de esto, y acaso lo principal, es que el fantasma de la banalidad fabrica una figura de supuesta alienación y que, prácticamente, equivale a un nuevo enemigo social, puesto que se trata de alguien que insiste en mantenerse “externo” a la supuesta corriente sana de la calidad en el consumo; entonces, contrario a ello, no sólo es necesario defender el ser banal como un derecho humano, sino denunciar la falsedad de establecer equivalencias entre la calidad del consumo cultural de la persona y el altruismo, sentido solidario y valor de su aporte social.

Se pierde la brújula cuando –en lugar de orientar la discusión hacia la erosión de la solidaridad, los logros en el trabajo, la pérdida de amor o bondad en el trato entre las personas, el aumento del egoísmo, etc.- la energía se moviliza para extraer, de la “calidad” del consumo cultural, indicadores que alumbren la dinámica de los flujos sociales; como si la pregunta al reflejo pudiese sustituir el encuentro con el objeto.

Para mayor confusión, mientras que en una entrevista a Fernando Rojas, vice-ministro de Cultura (27/10/2013) este afirma que el Ministerio de Cultura estudia medidas que aplicar para que las salas 3D tributen a la política cultural de la Revolución, política cultural que Rojas señala que es una sola, en la nota oficial del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros (2/11/2013), apenas una semana más tarde, es ordenado el cierre inmediato de tales salas y nada deja entrever que vayan a ser reabiertas. Con esto, y por más que la nota insista en que la medida no constituye un retroceso en la nueva política económica del país, de forma implícita acaba de consagrar el principio de que ningún nuevo oficio tiene posibilidades de existir hasta tanto no sea imaginado y comprendido por las más altas autoridades político-económicas del país.

Vale la pena señalar que -a reserva de algún descubrimiento- las películas proyectadas en las salas de video 3D (he asistido a tres diferentes) son las mismas que en cualquier sala de video del circuito estatal o en la televisión. Realmente es difícil entender de qué se habla cuando de la intervención de Rojas se deriva que lo normal de estas salas de video 3D es promover “mucha frivolidad, mediocridad, seudo-cultura y banalidad, lo que se contrapone a una política que exige que lo que prime en el consumo cultural de los cubanos sea únicamente la calidad.”

Por desgracia, la ecuación entre frivolidad, mediocridad, seudo-cultura y banalidad en absoluto es clara en el presente en que vivimos y hace ya más de 20 años que un conocido teórico cultural llamaba la atención acerca de que, en modo alguno, un espectáculo de Madonna (trabajado a un altísimo nivel organizacional, profesional y tecnológico) podía ser considerado “baja cultura”; cuando un fenómeno como el Cirque de Soleil hace de ese viejísimo entretenimiento una nueva forma de arte; cuando la amplia gama que va de la computadora al teléfono digital cambia la comunicación, el entretenimiento e incluso las formas de producir y consumir arte; cuando el refinado arte de la ópera encuentra, gracias a la canción popular, nuevos públicos.

Todo ha cambiado, incluso las bases en las cuales encuentra su apoyo el diseño de las políticas culturales.

Las prohibiciones constituyen cierres que niegan todo camino al diálogo, tanto en el presente como en un futuro situado a distancia razonable (préstese atención a la fuerza que en la nota oficial cobra el adverbio ‘nunca’) y, al cortar esa posibilidad, de inmediato dirigen la intensidad del poder (la enormidad del aparato administrativo y discursivo que lo conforma) en contra de procesos, actitudes y cosas.

Lo sorprendente que presenciamos aquí es la deriva según la cual una política pública (en este caso la “política cultural”), de servicio, cobra autonomía y se constituye en un objetivo en sí misma, por encima de los cambios que hayan tenido lugar en la temporalidad; es por eso que, aunque débil e incompleta, alguna explicación es ofrecida en cuanto a la prohibición de las salas de video 3D, a la vez que prácticamente nada es dicho acerca de la prohibición de los salones de juegos de computadora. En este punto queda la amarga sensación de que la retórica (vieja) ha sido incapaz de elaborar algún discurso coherente para enfrentar a la (nueva) realidad.

Al final, y esta es la parte más nociva de las prohibiciones, es que actúan como si lo único que existiese fuesen las normativas y el control de un lado, mientras que del otro el objeto o la práctica que eliminar; de tal modo, puesto que no se discute, queda privado de voz (sin que tampoco se le ofrezca respuesta alguna) lo que –a mi entender- es lo más importante: la alegría. Dicho de otro modo, el hecho de que la cantidad de alegría que a diario se manifestaba en los lugares ahora cerrados (salas de video 3D y salones de juegos de computadoras) proviene de miles de personas concretas que allí gozaban de su tiempo libre, mis hijos, mi esposa y yo entre ellas. A estos les ha sido negado algo que, muy rápidamente, aprendieron a considerar como parte del disfrute y a cambio reciben absolutamente nada.

Puesto que, junto con todo lo hasta aquí dicho, es loable exponer a la más severa crítica pública todo producto cultural que estimule el racismo, el machismo, el sexismo, la violencia, la prevalencia del dinero y sus formas de generar dominación por sobre la amistad, la solidaridad o el amor, pienso que, entre otros muchos temas, varios de los que motivan la presente intervención merecen ser discutidos en algunas de las Comisiones que realizarán su trabajo durante el venidero Congreso de la UNEAC. Por tal razón comparto preocupaciones y dudas con quienes, como ustedes, son mis colegas. Es algo que hago con la convicción de que debemos de discutir mucho, pero no con las pasiones de la agitación y propaganda, sino con la desgarrada profundidad de la ciencia.

Los cines 3D deben cumplir la política cultural del país, afirma Viceministro cubano

27 octubre 2013

http://www.cubadebate.cu/noticias/2013/10/27/los-cines-3d-deben-cumplir-la-politica-cultural-del-pais-afirma-viceministro-cubano/

2 noviembre 2013

http://www.cubadebate.cu/noticias/2013/11/02/comite-ejecutivo-del-consejo-de-ministros-anuncia-correcciones-para-ordenar-el-trabajo-por-cuenta-propia/

Victor Fowler es un muy reconocido ensayista y poetam cubano.

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En la guerra contra la banalidad, ¿quiénes son las bajas?

Por   Ahmel Echeverría

La Habana parece una ciudad en calma. La gente va y viene y en su rostro puedes ver una sonrisa o la marca de algún que otro desvelo. La vida cotidiana fluye tanto en las calles como en los hogares. El sol cae vertical sobre el asfalto y todos van a lo suyo: la oficina, el hospital, la fábrica, el negocio privado, el parque en el que se practica taichi, la bodega del pan nuestro de cada día, la escuela.

La banda sonora de la ciudad es el sonido del motor de un viejo auto americano o una guagua china, el cubo de agua que tras la sesión de lavado o limpieza es lanzado a la calle desde un balcón, ladridos y pregones, las bocinas de un auto o un reproductor de música en la sala de una casa repiten, en un coro que es casi toda la letra, “hablo poquito español”. Todo parece pura levedad, ligereza.

Pero la calma no es tal. Porque en la prensa se ha hablado sobre la reunificación monetaria, la suspensión de la venta de ropas en los negocios privados, el fin de las salas privadas de cine 3D, la falta de civilidad, la banalidad que tal parece apoderarse de este breve y tórrido archipiélago como si se observara un fatal alejamiento del centro no sólo de las buenas maneras, sino también de un meridiano que también comprende una postura ideológica y política.

Un artículo ya sea en portada o en las páginas centrales tiene casi el mismo significado. Y si además la noticia encuentra espacio en la televisión, de inmediato se concluye que lo dicho no caerá en saco roto. Y cuando la prensa suena, es porque medidas y consecuencias trae. Y así ha ocurrido. Esta vez el factor común de las medidas anunciadas por el Estado no es sólo económico.

Planes de estudio que comprenden desde la educación primaria al nivel superior se rediseñan y ponen en práctica según las urgencias y preocupaciones del país. El Estado cubano desea el bien para el educando y a la vez piensa un estudiante acorde con los tiempos que corren: idiomas, informática, nociones de la historia patria (es decir, de la gesta independentista y su concreción en enero de 1959), un porcentaje para nada desdeñable de ideología, contenidos en relación con el grado escolar o la profesión.

A la par de la educación van las directrices de la televisión, la radio y el cine nacionales con la Cultura como objetivo (la Cultura entendida como “espada y escudo de la Nación”).

Si al individuo se le provee de Cultura, si se le proporcionan sólidos cimientos para tener como resultado hombres y mujeres de alto nivel educacional y cultural, debería ser alta la probabilidad de que se concrete tal propósito en todo aquel que consiga completar el ciclo, ya sea en el nivel técnico o superior.

Por supuesto, habría que considerar entre las variables las cualidades de quienes ejercen la docencia y ya sabemos que en el sector ha habido no solo un éxodo masivo, también la disminución de la calidad de la enseñanza, especialmente en los primeros niveles.

Si obviáramos el tema de la crisis en la enseñanza y las características de los profesores, parece ser un sistema con el cual se conseguiría un alto rendimiento educacional, ideológico, cultural. Un sistema ideal. Pero no hay en la práctica sistemas ideales fuera de las condiciones de un laboratorio. Todo sistema es perfectible y los cambios llevados a cabo por el Ministerio de Educación y el de Educación Superior deben estar diseñados para acercarse a esa perfección que el país desea, sueña.

Pero el devenir de un estudiante no sólo transcurre en las aulas, y ya se sabe que la vida, o La Realidad, “contamina” ese espacio de silencio, de aprendizaje, de elecciones, disidencias. Cuando los estudiantes escuchan el aviso del fin de la jornada de clases, con ese “pistoletazo de arrancada” retoma su curso la vida, o La Realidad, o la intensidad de la vida que late fuera del claustro y casi se detuvo por varias horas.

Escarceos entre adolescentes, juegos de video en el pantalla plana o la PC, la decadencia del béisbol “al suave” en las cuatro esquinas, el fútbol cotizándose al alza camisetas del FCB o del Real Madrid mediante, o mostrando tatuajes y piercings en un parque, reguetón en el ipod y las bocinas de un Lada tuneado, el intenso intercambio USB de por medio de los paquetes de la antena (películas, series, telenovelas, revistas, dibujos animados y un inverosímil etcétera), skaters y chicos en patinetas, chihuahuas cargados en brazos, raros peinados nuevos, sesiones en un gimnasio donde el objetivo es la apariencia del cuerpo, la 3D-manía…

Y esto no es sólo patrimonio de los adolescentes y jóvenes, el planchao, las cervezas, carreras de motos y autos y un inverosímil etcétera forman parte de la vida de no pocos cubanos.

Según las noticias, el panorama parece demostrar que el sistema de alto rendimiento educacional, ideológico, cultural no puede quedar circunscrito sólo al claustro, porque fuera de sus límites el individuo no puede resistirse a los embates de la levedad, la banalidad. En el campo de acción y deleite de esos sujetos no parecen estar las exposiciones de artes plásticas, el cine de autor, conciertos dirigidos al alma y no al cuerpo, danza y ballet, lanzamientos de libros.

Tal elección, es decir la no elección de estas porciones de cultura, es una preocupación de Estado y no parece ser sensato (según la toma de partido del Estado) permitir una propuesta que aleje todavía más al individuo de toda fuente enriquecedora. Gravedad o solidez vs. Levedad o banalidad. Una nueva batalla que no es nueva, digamos mejor: otra arremetida.

¿Es demasiada la levedad y buena parte de los cubanos no ha sabido elegir? ¿Le han pasado gato por liebre, pollo por pescado? La respuesta debe ser una rotunda afirmación. De ahí, según el Estado cubano, la necesidad de cerrar filas a todo producto de consumo que no aspire a proveer Cultura a ese ser medio descarriado. En ese panorama están los cines 3D. Una propuesta que, a su modo de ver, nada aporta.

¿Un ingrediente más del sinsentido que se apodera de este archipiélago? Otra afirmación debe ser la respuesta, porque la solución ha sido ir a la ofensiva, el fin de la 3D manía por cuenta propia, dondequiera que aparezca la levedad, la banalidad, la Cultura como espada, cañón y escudo (tal parece ser la consigna).

Esta ofensiva al parecer estratégica (salvando la diferencia en tiempo, características y objetivos) me recuerda a otras que, por suerte, no viví y de las cuales tengo el amargo relato.

De los testimonios que conozco advierto que en la solución nunca se contempla el diálogo, el análisis de las condiciones que favorecieron la aparición y arraigo de un fenómeno determinado, la búsqueda de un procedimiento donde las partes involucradas en lo que parece ser un problema salgan favorecidas.

En cada ofensiva siempre, o casi siempre, se ha pasado por alto la elección tomada por el individuo. ¿Acaso elegir no es un derecho?

De la misma manera en que no pocos desean abandonarse y desatarse bajo la tiranía y cadencia del reguetón (una vez estuvieron en la mira la timba, la Nueva Trova, incluso el filin y pongamos ya el cierre del paréntesis para no hacer una agotadora enumeración -en la propia Televisión Cubana, específicamente Adalberto Álvarez y José Luis Cortés, entre otros, hablaron de cómo era mal vista la interpretación de la música popular en las escuelas de arte), hay otros “adictos” que cierran por capacidad el teatro Mella cuando Descemer Bueno y su banda presentan el disco Bueno, o en la gira del sosegado Wynton Marsalis y su jazz que no parecía de este mundo, o el Payret con el filme Juan de los Muertos (aunque más de una puerta de cristal fue hecha añicos con Frank Delgado, la película Fresa y chocolate, o en varios Festivales del Nuevo Cine Latinoamericano con Nicole Kidman en Los otros y Eyes wide shut).

Por cierto, el público que ha disfrutado tanto a Descemer como Fresa y chocolate o nuestra primera película de zombis tiene sus “deslices”, y se va a una sala 3D o suda con Los Cuatro, Yakarta, Baby Lores…

No se puede perder de vista el interés estatal por las escuelas de arte, editoriales, la radio, la TV y el cine, y el sistema de educación en general. Para el Estado cubano, según la visión que tienen de la cultura en tanto conjunto de costumbres y conocimientos que abarcan tanto el arte como el escenario de las ciencias, la industria, etc., hay que librar una batalla. En caso de que “batalla” sea la única acepción o apuesta, ¿sólo el Estado la lleva a cabo?

No pocos jóvenes sueñan y emprenden un dúo para hacerse de un lugar en el hit parade nacional a golpe de baladas o reguetón; sin embargo, otros han tomado casi por asalto el Teatro Lírico y no precisamente desde las lunetas. Otro tanto pasa con el ballet español y los cantautores.

No parece tan sencillo determinar las fronteras y decir cuál es el actor social que se prefiere. Unos eligen a Vin Diesel, otros a Marlon Brando, y los hay que no se rompen la cabeza y siguen la saga de El Padrino y Rápido y furioso. ¿Acaso es preferible el cubano que está dispuesto a destruir la puerta de un cine en la última tanda para extasiarse con la Kidman?

Quienes apostaron por hacer en una vivienda una sala de cine 3D han logrado sacar de sus casas a un público que fue dejando atrás la costumbre de acudir a las grandes salas de proyecciones donde también se exhibían, y exhiben, películas que no van más allá del puro y banal entretenimiento.

Ese es el mismo público que forma parte de una red de consumo informal de audiovisuales, esos paquetes descargados de la antena. (La revolución del USB llegó para quedarse, al menos por un largo tiempo, y despojó del trono al ICRT en tanto centro de poder y foco emisor; ya la opción no es apagar el telerreceptor y desentenderse de un monótono evento político o de un noticiero que parece hablarle, sólo a veces, a La Realidad; ahora puede uno diseñarse una programación, ese individuo se ha alejado del ICRT y ha sido capturado por otro centro emisor de poder).

No sólo hay golpes y sangre en ese paquete descargado de la antena. Si nos detenemos únicamente en los filmes a disposición en cada una de esas entregas, se mezclan películas francesas, italianas, iraníes, canadienses… Decir que con paciencia encuentras pepitas es incurrir en un error. Preferiría enunciar que puedes dar con una filmografía elegida y premiada en los festivales de cine de Canes, Berlín, La Habana… ¿Qué copias, qué ves, con quién la disfrutas y cuándo? Ahora es el espectador quien elige y decide.

Entonces se trata de opciones (y, claro, de no ser ingenuos, tampoco arrogantes), de respetar las elecciones, de escuchar y dialogar, de ver y entender al otro, de saber cómo te ve el otro, de concebir y llevar a cabo propuestas en verdad incluyentes, de propiciar espacios y no librar batallas, porque siempre que se tenga una espada y un escudo habrá, inevitablemente, demasiado dolor, y no sólo un victimario, también más de una víctima.

Ahmel Echeverría es un escritor cubano.

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3 comentarios sobre “Tres opiniones sobre el cierre de los cines en 3D

  1. Cada vez todo se hace un poco más claro para todos: o amamos nuestras luchas intentando resolver sus imperfecciones o terminaremos odiándolas, y ésto último es lo peor que nos puede pasar a todos: lo perderemos todo.

    1. Hola Andrés, No sé, pero quizás no todo deba debe ser cuestión de todo o nada, de amor vs odio…. , de perderlo todo o de aceptarlo todo para ganar. Ya que usas esas palabras, yo creo, por ejemplo, en las escalas del amor, en la diversidad de los amores, como odio en profundidad al odio. De todas formas, como usas un lenguaje un poco metafórico, no entiendo bien lo que quieres decir, o sea, sobre qué y sobre quién estás hablando. En específico: quién odia “nuestras luchas”? (los que escriben estos textos, o aquellos que estos critican?) y cuáles son “nuestras luchas? (cerrar los cines en 3d o criticar su cierre?). En todo caso, no me queda claro, de qué forma cerrar esos cines, en las condiciones en que lo han hecho, pueda ser un acto de amor. En mi opinión, creo que ya te dije, debemos identificar bien cuáles son nuestras victorias, y alejar de ellas, con toda la decisión del mundo, todas aquellas que nos llevan de victoria en victoria hasta la derrota final. Con un abrazo, G.

      1. Mi muy apreciado Guanche, desde mi más profunda humildad con tu ofrecimiento al diálogo, me explico. Igual que le dije a Carlos sobre su artículo sobre las “cintas amarillas”: “excelente artículo, pero…”, digo sobre estos otros tres artículos. Todos nosotros, todos, estamos inmersos en una circunstancia “de país”, o sea, del todo, y con nuestros escritos –los míos también- estamos bordeando el grito de Ricardo III: “mi reino por un caballo”, o sea, la nada a la vista. No creo que la problemática cubana esté en esa situación, pero está claro que tiene todas las posibilidades para entrar en ella y en buena medida nos corresponde a los que escribimos sobre la problemática impedir que se consoliden esas posibilidades. Por ello pienso que la actualidad nos obliga a matizar muchísimo y en esos matices están “las escalas” y “la diversidad” que señalas y las que muchas veces la pasión no nos deja contemplar. No se trata, efectivamente, como dices, “de aceptarlo todo para ganar”, pero sí se trata de ganar y en esa ganancia nos lo jugamos todo con amor o “terminaremos odiándola” al no tener el caballo. Se puede odiar “en profundidad al odio”, como apuntas, pero la cultura del odio –que no es una metáfora en el mundo de hoy- se nos puede colar fácilmente en nuestros encendidos ditirambos.

        Cuando me refiero a “nuestras luchas” estoy pensando en todas en las que nos ha colocado nuestro tiempo de vida: a mí en particular desde 1947. Me preguntas: “¿quién odia nuestras luchas: los que escriben estos textos o aquellos que estos critican? Creo que está demás decirte, por lo escrito anteriormente, que las posibilidades para odiarlas, abiertas u ocultas, las cargamos todos. A ello es lo que me llamo a atención cuando escribo, leo lo que otros escriben o divulgan y razono sobre las reflexiones que nos llevan a juzgar el todo por una parte o viceversa. Muchas veces el sinécdoque es escandaloso y en su fragor se nos escapa la visión. Visito a menudo las repúblicas bálticas, las que mejor creyeron mirar el caballo al ver perdido su reino, pero, ni sombra de lo que fueron y donde el desaliento ya ha tejido su espesa red de dependencia sistémica en su contra.

        Podemos perfectamente hacer de cualquier incidente un gran drama y efectuar con él todas las conjeturas posibles, pero también podemos hacer de cualquier drama un incidente a solucionar en su concreción. Si el cierre o no de las salas de 3d es una de las luchas actuales de Cuba –con todo lo que ello entraña para la cultura del país que se quiere y más allá de su consideración de la banalidad-, pues a darlas, con toda la valentía que lo hacen los tres articulistas, pero sabiendo, o al menos imaginando, que se dan porque están dentro de las mejores posibilidades del “reino” y no en las del “caballo”. Cuando no se tiene esa seguridad, aunque se ganen esas luchas, entonces sí estaremos caminando, como dices, “de victoria en victoria hasta la derrota final”. Y eso, en mi modesto parecer, es lo que más debemos intentar evitar.

        Como siempre, un fuerte abrazo.

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