La emancipación de los esclavos en Cuba. La transición al trabajo libre. 1860-1899, de Rebecca J. Scott

Con autorización de su autora, La Cosa ofrece aquí un clásico contemporáneo:

La emancipación de los esclavos en Cuba. La transición al trabajo libre. 1860-1899, de Rebecca J. Scott, Editorial Caminos, La Habana, 2001.

Descargar aquí La emancipación de los esclavos en Cuba. La transición al trabajo libre. 1860-1899 en pdf.

La edición cubana, por la Editorial Caminos del Centro Martin Luther King Jr, en La Habana, incorporó un epílogo propio a esta edición, y omitió involuntariamente el epílogo original de la edición en inglés.

El libro completo en inglés (por supuesto, con ese epílogo “faltante”), puede descargarse aquí.

Aprovecho para recordar la contribución imprescindible de Fernando Martínez Heredia, Pablo Pacheco y Esther Pérez (la traductora al castellano), para publicar los libros de Rebecca Scott en Cuba.

«Procesión cívica de la raza de color para conmemorar la abolición de la esclavitud en Cuba». (1887)

 

A continuación un breve fragmento de este libro:

“Al inicio de la rebelión, Céspedes aconsejaba una emancipación gradual, con pago de indemnizaciones. El acto de liberación de sus propios esclavos para que pelearan en la rebelión, dotado de importancia simbólica, en términos legales no representaba nada más radical que el ejercicio del derecho de un amo a manumitir a sus esclavos. Aunque la inversión económica directa en la esclavitud de los principales líderes de la revuelta era menor que la de los hacendados del Occidente, estos respetaban el principio básico de la posesión de esclavos, de modo que Céspedes decretó en noviembre de 1868 la pena de muerte para quien incitara a los esclavos a la rebelión. En diciembre, los líderes rebeldes enunciaron su política: la abolición seguiría al triunfo de la revolución. Los esclavos de los hacendados que se habían unido a la revolución no serían aceptados en el ejército sin el permiso de sus dueños. Esta posición era consistente con el viejo objetivo reformista de la eliminación futura de la esclavitud, y con el deseo los insurgentes orientales de agradar a ciertos propietarios de esclavos del occidente del país.” (p.76)

 “A medida que se extendía la rebelión, resultaba imposible mantener esta ambigüedad sobre la cuestión de la abolición”. (p. 77)

“A pesar de los límites de las intenciones de los líderes insurgentes en lo referente a la esclavitud, los primeros años de la guerra habían transformado las relaciones sociales en las zonas que se encontraban bajo el control de la insurrección. La abolición nominal alentaba a quienes ahora se llamaban «libertos» a resistirse ante los malos tratos y presionar en pro de una ampliación de sus derechos. La presión de negros, mulatos y blancos anti esclavistas del ejército rebelde impulsaba la política insurgente hacia una mayor libertad para los libertos. La guerra facilitaba a los esclavos cercanos a la zona de combate escapar al control directo de sus amos, y a los libertos eludir condiciones que les parecían intolerables. Los libertos que se unían al ejército adquirían una nueva concepción de sí mismos y de su relación con quienes habían sido sus amos y sus superiores sociales. Los líderes podían debatir sobre la extensión precisa de la libertad que habría de concederse, pero el mantenimiento de la coerción sobre la cual descansaba la esclavitud se volvía cada vez más difícil a medida que la guerra penetraba de diversas formas en familias y fincas.”

“Sin embargo, la insurrección no echó raíces en las ricas zonas azucareras del occidente del país. Los propios insurgentes estaban divididos en lo referente a las tácticas, y los hacendados occidentales que simpatizaban con la insurrección no estaban dispuestos a incitar a los esclavos del levantamiento. En la mayor parte del occidente de la isla la disciplina coercitiva de un régimen de plantación esclavista se combinó con la fuerza militar española para crear un ambiente poco propicio para la insurgencia efectiva. Cuando la Junta Cubana de Nueva York instó a las dotaciones de las plantaciones azucareras a quemar los campos de caña durante la Navidad de 1869, los únicos distritos que reportaron incendios fueron los de Cienfuegos, Trinidad, Sancti Spíritus y villa Clara, según el cónsul francés. La cosecha de ese año fue una de las mayores de todos los tiempos. La destrucción de ingenios durante la insurrección se había limitado en gran medida a las regiones menos desarrolladas, y los principales ingenios occidentales conservaron su esclavos y continuaron la molienda. Pero aunque la guerra no afectó directamente a la mayoría de los esclavos de Cuba, la insurrección llegó hasta ellos de algún modo, a medida que España se convencía gradualmente de que la pacificación de la isla exigiría la respuesta la cuestión general de la esclavitud. La insurrección había planteado la cuestión y la había animado mediante la liberación de los esclavos y la incorporación de los libertos al ejército. España tendría que encontrar una respuesta que erosionar el atractivo de la rebelión.” (pp. 90-92)

Rebecca Scott (Del capítulo “Insurección y esclavitud”, de La emancipación de los esclavos en Cuba.)

 

Rebecca J. Scott is the Charles Gibson Distinguished University Professor of History and Professor of Law. At the Law School, she teaches a course on civil rights and the boundaries of citizenship in historical perspective, as well as a seminar on the law in slavery and freedom. Her most recent book, co-authored with Jean M. Hébrard, is Freedom Papers: An Atlantic Odyssey in the Age of Emancipation (Harvard University Press, 2012), which traces one family’s interaction with law and official documents across five generations, from West Africa to the Americas to Europe. Freedom Papers was awarded the 2012 Albert Beveridge Book Award in American History and the James Rawley Book Prize in Atlantic History, both from the American Historical Association, and the 2013 Chinard Prize from the Society for French Historical Studies and the Institut Français d’Amerique. Among Professor Scott’s recent articles are the co-authored «How Does the Law put a Historical Analogy to Work?: Defining the Imposition of ‘A Condition Analogous to that of a Slave’ in Modern Brazil,» with L. A. de Andrade Barbosa and C. H. Haddad, Duke Journal of Constitutional Law & Public Policy 13 (2017); «Social Facts, Legal Fictions, and the Attribution of Slave Status: The Puzzle of Prescription,» Law and History Review(2017); «Under Color of Law: Siliadin v. France and the Dynamics of Enslavement in Historical Perspective,» in Jean Allain, ed., The Legal Understanding of Slavery(Oxford University Press, 2012); «Paper Thin: Freedom and Re-enslavement in the Diaspora of the Haitian Revolution,» Law and History Review (November 2011); and «Public Rights, Social Equality, and the Conceptual Roots of the Plessy Challenge,» Michigan Law Review(2008). Professor Scott received an AB from Radcliffe College/Harvard University, an MPhil in economic history from the London School of Economics, and a PhD in history from Princeton University. She is the recipient of a MacArthur Prize Fellowship and a Guggenheim Fellowship, and is a member of the American Academy of Arts and Sciences. She is past president of the American Society for Legal History (2015–2017).

 

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