Un comentario a un texto de Pedro de Jesús. (Sobre las Iglesias, el artículo 68 y el debate constitucional)

Colección Museo Nacional de San Carlos. Foto Roberto Ramos Mori.

Por Alberto Roque Guerra

De mi post Matrimonio igualitario, Iglesias y asociaciones perversas Pedro de Jesús interpreta que estoy a favor de limitación de la libertad de expresión de las iglesias en relación al artículo 68.

En una nueva lectura vuelvo a las intenciones concretas de dirigir mi texto a los modos en que el Estado/Partido ha controlado el intercambio de ideas en relación al artículo 68, en total asimetría con otros artículos debatidos en las asambleas.

Reitero mi posición de no debatir sobre el dogma de las iglesias, no soy teólogo ni tampoco especialista del CENESEX, como afirma Pedro de Jesús. Tampoco estoy a favor de ningún tipo de censura ni limitación del derecho de expresión y difusión de ideas.

Solamente hago notar la permisividad sin precedentes de nuestro Estado/Partido con las campañas comunicativas de las iglesias protestantes, que desde un total proselitismo oscurantista promueven la limitación de la garantía de los derechos sexuales de un número importante de ciudadanas y ciudadanos que incluso asisten a sus templos y son fervientes creyentes.

Lo ideal sería que todas y todos (incluye a las Iglesias) podamos expresarnos en los medios de comunicación y en muchos otros espacios de participación, pero lamentablemente no es así y no responsabilizo a las iglesias por ese motivo.

Tampoco las responsabilizo de la pobre articulación de un movimiento LGBTI en Cuba.

Si el autor visitara mi blog notará muchas publicaciones en que critico ese déficit y en el confluyen complejos factores que no dependen únicamente de la voluntad de las y los activistas. Las iglesias no necesitan a los medios de comunicación, están en las comunidades, su influencia supera a la política en muchas zonas del territorio nacional. Esta “pelea” es entonces de mono (amarrado) contra león.

Es reduccionista pensar que en esta entrada defiendo el derecho de los gais a contraer matrimonio. Soy contrario en lo personal a la figura del matrimonio, como también soy contrario a los privilegios heterosexistas en detrimento de los derechos de otras personas que se nombran como lesbianas, bisexuales, heteroflexibles, transgéneros, transexuales, travestis, con género queer, heterosexuales cisgénero y muchos otros que no se ajustan al poder heteromormativo.

Defender el matrimonio entre dos personas, sin mencionar género, es un acto de equidad y justicia que erosiona el poder heteronormativo. Su planteo difumina los estrechos marcos fundamentalistas que las iglesias y el Estado han impuesto y lo hacen parecer como naturales e inamovibles.

En lo personal es un acto subversivo que arrebata un privilegio heterosexual para transformarlo en un contrato más libre, democrático y menos asimétrico.

El peligro que representan las iglesias con su escalada fundamentalista es real.

En África, las congregaciones fundamentalistas protestantes del sur de los Estados Unidos apoyaron con recursos financieros y en contenidos una pastoral que conllevó a la repenalización de la homosexualidad en Uganda. La condena es pena de muerte.

Espero que Pedro de Jesús comprenda que el derecho de expresión religiosa termina cuando se limita un derecho humano fundamental: el derecho a la vida.

En América Latina y el Caribe, gobiernos como el de Bolsonaro, Martinelli y Ortega han llegado al poder con apoyo y discursos antiseculares de las iglesias. El record de violación de derechos humanos hacia las personas LGBT es alarmante. En Jamaica, hace una década asesinaron a machetazos a un activista gay en la vía pública, con el apoyo del ferviente pueblo cristiano jamaiquino.

En Cuba mis hermanas feministas han denunciado un incremento sospechoso de las posiciones proLife en relación a un derecho secular y primigenio en la región: el derecho al aborto. Las presiones hacia el Estado/Partido sobre las cirugías de reasignación sexual y sobre el matrimonio igualitario han sido intensas.

Reitero, las Iglesias no manejan la cosa pública, esa es función del Estado laico republicano.

Tomo la frase que dijera alguien en las redes sociales: no estamos debatiendo el cambio de la Biblia sino de la Constitución para hacer una mejor República.

 

 

El doctor Alberto Roque Guerra es activista por los derechos de la comunidad LGTB.

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Un comentario sobre “Un comentario a un texto de Pedro de Jesús. (Sobre las Iglesias, el artículo 68 y el debate constitucional)

  1. Totalmente de acuerdo con lo formulado en este y el post de referencia. El Estado/Partido es el único responsable de la polarización que está viviendo la sociedad cubana. Nada es “porque sí”, el 68, permite, en el conjunto del articulado de la nueva propuesta, desviar la atención de otros artículos que son más determinantes para nuestra sociedad. El artículo 68 no es solo una cuestión de derecho humano, es una cuestión de justicia social. El Estado/Partido y la Iglesia, están en deuda con un sector de la sociedad que se vio recluida por ser diferente. Por cierto, la iglesia, lecciones morales, ¡ninguna!

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