Reyita, sencillamente (pdf)

María de los Reyes Castillo, familiarmente conocida como “Reyita”.

Con permiso de su autora, Daysi Rubiera, La Cosa pone aquí en libre descarga “Reyita, sencillamente”.

(Agradecido a Sandra Alvarez Ramírez)

Descargar Reyita, sencillamente, (Testimonio de una negra cubana nonagenaria), de Daysi Rubiera

El texto que sigue es una presentación del libro, por su propia autora.

“Reyita, sencillamente”
Por Daysi Rubiera

Desde hace varios años, cuando me di cuenta de que en la invisibilidad de las mujeres, la de las negras era total y atravesaba casi todas las áreas de las Ciencias Sociales y la cultura, me tracé un proyecto muy personal para ir llenando ese vacío. Sabía que tenía que librar una fuerte batalla contra el silencio. Batalla que fuera de los archivos y bibliotecas  la podía ganar a partir de la narración de las propias mujeres. De ahí, mi utilización del género testimonio.

De aquel proyecto nació Reyita, sencillamente. Un libro que devino clásico de la literatura oral cubana, porque da voz propia a una mujer negra. Convierte la voz negada y subalterna en una voz pública. Hace visible aspectos de una vida; en ocasiones, para resaltar experiencias que las clases hegemónicas han tratado de ignorar o esconder, en especial, las brechas entre las clases sociales, la marginalidad, la discriminación, la violencia o, en otras, para  denunciar. Todo lo cual lo incorpora a la literatura histórica, desde una perspectiva femenina, negra y familiar. Es, “el otro lado de lo que ser cubano[a] significa”[1].

Para las personas que no han leído el libro les diré que su protagonista, María de los Reyes Castillo, familiarmente conocida como Reyita, nace unos meses antes de la instauración de la República neocolonial; en la cual con las nuevas condiciones creadas, el recrudecimiento del racismo y la discriminación racial, se le negaba a la población negra todos los derechos por los cuales habían luchado durante las guerras de independencia.

Daisy Rubiera

Situación de injusticia social que tuvo su máxima expresión de violencia en la masacre llevada a cabo en 1912 contra los miembros y simpatizantes del Partido Independiente de Color, en los que siendo una niña Reyita estuvo, de cierta manera involucrada junto a las mujeres de la familia, y en la que perdió seres muy queridos.

Así, a través de aquella conciencia colectiva, Reyita fue construyendo su identidad como mujer negra; la que con el tiempo la impulsó  a sumarse al movimiento dirigido por Marcus Garvey para ir a formar “una comunidad de negros con negros”, como me dijo, en aquel continente lejano que, aunque ella no sabía donde quedaba,  su abuela africana, Tatita,  le enseño a querer y a respetar y  donde Reyita imaginó que su abuelita “había volado” después de muerta.

Frustrada y decepcionada ante el fracaso de aquel movimiento, consciente del enfrentamiento que tenía que hacer al racismo imperante en el país, asumió una nueva estrategia: elegir al hombre blanco como pareja, “obligada” como estaba a rebasar los límites del color de su piel, para  proteger a  su futura descendencia.

La historia  que se narra en este libro testimonia la casi totalidad de la  vida de su protagonista.  A través de la cual nos llega una información sobre una clase, un grupo racial, acontecimiento para muchos y muchas desconocidos o, conocidos mal o, narrado desde un punto de vista que no representa la visión de aquellos y aquellas que fueron víctimas de la historia.

Reyita manejó el tiempo de acuerdo con sus recuerdos, el estigma por el color de su piel, marcó todas las etapas de su narración, en una ruptura con la continuidad del tiempo transcurrido. A pesar de aquel movimiento, su testimonio mantuvo cierta cronología, la que se cortaba, generalmente, cuando hablaba del presente. Siempre su narración más detallada fue del pasado, como si quisiera romper lo que el silencio insistía en proteger.

Daisy Rubiera Castillo y su madre Reyita.

Del presente, hizo referencia a lo que más le dolía y  lo que más la enorgullecía. De lo primero como problema latente de la sociedad cubana, dijo:

Yo soy muy observadora y me doy cuenta de que casi no hay negros actores y los que hay nunca son protagonistas de una novela o un cuento, siempre son los criados, los cargadores de sacos de los muelles, los esclavos, en fin depende del tema de que se trate. Al principio de la Revolución eso era lógico nosotros no teníamos mucho o ningún conocimiento, ¡pero ahora! Después de todos estos años. Yo creo que en eso queda mucho por hacer,

Y no se equivocó, aún muchas cubanas y cubanos, de cualquier color de piel,  nos encontramos enfrascados en una batalla contra el racismo y la discriminación racial, uno de los desafíos cubano actuales, al que, en diferentes ocasiones ha hecho referencia el comandante Fidel Castro y recientemente el presidente Raúl Castro.

De lo segundo, ejemplificó con una carta que le enviara una de sus nietas en la que, entre otras cosas, le decía:

(…) La grandeza de su alma y de su corazón, su ternura y sabiduría han dado grandes frutos en esta inmensa familia que Usted ha forjado como el herrero, siempre junto al yunque. Todo lo que somos se lo debemos en gran medida a Usted (…)[2].

Carta que le hizo expresar a Reyita: “Eso fue lo que obtuve de mi lucha y de mi sacrificio. ¡Esa es mi familia!”

Ella valoraba en gran medida la familia, y en esa dirección siempre tuvo un proyecto, una intención, un sitio para el futuro. De ahí su fuerza, su vitalidad, su trasgresión al querer soñar, algo no permitido para las mujeres en aquellos tiempos. Sobre lo cual expresó:

Tengo un alto concepto de la familia, por la mía yo fui capaz de sacrificarlo muchas cosas porque aquel momento me lo exigió(…). Y digo que me sacrifique mucho porque tuve que hacerlo sola. En ese sentido fui madre y padre; pero no fue en vano, logre una familia organizada y unida, de hombres y mujeres decentes, honrados, luchadores[3].

La solidaridad fue otro de los aspectos que distinguieron a Reyita. Su máxima expresión el desvelo y el amor con que cuidó a los hijos e hijas de otras mujeres que por razones fortuitas o de otra índole no lo pudieron hacer ellas mismas.

Ese sentimiento la llevó a utilizar los conocimientos heredados por transmisión oral de su abuela africana, sobre las propiedades medicinales de las plantas, en función de los más desposeídos, de los que sufrían el descuido del sistema de salud imperante en aquella época en Cuba,  y así lo expresó:

(…)Sí no tenías dinero para pagar médico y medicina, ¡ya te podías morir! (…) Tú sabes que yo no creo en milagros, pero las propiedades curativas de las yerbas y raíces que utilizaba para aquellos remedios, más la voluntad con que los hacía, era lo que realmente curaba(…)Dicen que “más sabe el diablo por viejo que por diablo”.[4]

Reyita identificó temprano las causales clasista y discriminatoria de la prostitución al ver a las víctimas y no a las “mujeres públicas”. De igual y temprana manera reconoció el derecho de las personas a escoger y expresar su preferencia sexual. Valores todos ellos que conformaban la personalidad de aquella mujer.

Tuvo un alto concepto de la amistad. Para ella,

La amistad es un sentimiento profundo que se sostiene con comprensión, desinterés, sinceridad; que se va fortaleciendo con el paso del tiempo en la medida en que seamos capaces de sobrellevar las virtudes y los defectos de las personas a quien llamamos amigos o amigas. Porque no hay nadie perfecto y no podemos aspirar a encontrar la amistad perfecta: lo perfecto no existe. Para que la amistad funcione tiene que ser recíproca.[5]

La religión tuvo su incidencia en la espiritualidad de Reyita. En su   forma de asumir las creencias estaba presente el sincretismo religioso que marca la religiosidad popular cubana. Pero tuvo en relación con eso un criterio muy particular, según planeaba:

Nunca he sido fanática porque sobre la religión he leído bastante, pero esas lecturas las interpreto a partir de mi convicción de que todos esos conocimientos se deben utilizar como guía, como patrones de conductas, y para mí esa es la enseñanza: la verdadera fe radica en la confianza que el hombre tenga en sí mismo para que surta efecto la ayuda que su ángel de la guarda y su espíritu protector les puedan dar.[6]

Reyita, sencillamente, como bien plantea el  narrador, ensayista y crítico cultural  Alberto Abreu:

(…) es un libro imprescindible en el rescate de la memoria oral, su reconfiguración simbólica y espiritual, su lado afectivo, indefinido, asombroso[…], en el que lo interracial y la familia devienen en red y lugar  de la memoria, el espacio propicio para  la indagación reflexiva, problematizadora, que dialoga, arroja nuevas luces interpretativas sobre la historia monumental[7].

El libro ha tenido varias ediciones en diferentes idiomas y múltiples referencias en el marco académico nacional e internacional.  Se utiliza como libro de texto  en distintas universidades extranjeras. Sirvió de base para los documentales Blanco mi pelo, negra mi piel de la realizadora cubana Marina Ochoa, presentado en el Festival de Cine Latinoamericano, 1996 y Reyita, de las realizadoras españolas Oliva Acosta y Elena Ortega, estrenado en el mismo festival en el año 2006. Este último ha participado en 30 festivales internacionales en diferentes países y continentes, en muchos de los cuales ha sido galardonado. Quiero destacar que subtitulado al árabe inauguró el I Festival de Cine Árabe-Iberoamericano Realizado por Mujeres en el Cairo, Egipto en el 2008.

Este documental es un triangulo entre la historia, la ficción y la protagonista. Es un diálogo entre el libro y  familiares, amigas, amigos, vecinos y vecinas de Reyita, con un gran respeto a la individualidad y diversidad de criterios de cada persona entrevistada. Realizado con gran profesionalidad.

En Reyita, sencillamente  y en los documentales, “Blanco mi pelo, negra mi piel” y “Reyita”, se alza  la voz de los excluidos y excluidas, como un aporte a  la historia  de dolor y sufrimiento de las y los afrodescendientes de  Cuba y de los países colonizados. Historia que, la mayoría de las  veces, se ha mantenido muda e indiferente ante ese sufrimiento. Y en los que, como bien dijo Reyita, “Queda mucho por hacer.¨

 

Daisy Rubiera Castillo

La Habana, 20/5/2012

Tomado del Blog Afromodernidades

[1] Zaida Capote: La nación íntima. Ediciones UNIÓN, La bana, 2008, p. 77
[2] Daisy Rubiera Castillo: Reyita, sencillamente. Editorial Verde Olivo. La Habana, 2000, p. 152.
[3] Ob cit,  p. 150.

[4] Ibidem, pp. 98-102.
[5] Ob cit, p.143-144.
[6] Ibidem, p.97.
[7] Alberto Abreu: Los juegos de la escritura o la (re) escritura de la historia. Fondo Editorial Casa de las Américas, 2007, pp.332- 333.

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