Así protestaba Evaristo

Hoja de licenciamiento del Ejército Libertador de Evaristo Estenoz (Fragmento de la imagen original)

 

Loreto Raúl Ramos Cárdenas

Una de las tantas decepciones sufridas por el pueblo cubano tras el fin de la guerra de independencia contra el poderío colonial español e inicio de la primera República en 1902, estuvo relacionada con el controvertido “pago de haberes” a los miembros del antiguo Ejército Libertador.

Concebida por el gobierno de entonces bajo el mandato del Presidente Tomás Estrada Palma, mediante la concertación de un empréstito por $35 millones de dólares con la casa bancaria norteamericana Speyer & Co. en el año 1904, esta supuesta “recompensa monetaria” a los aguerridos sobrevivientes de la guerra pasada estuvo plagada de un sinfín de irregularidades y omisiones escandalosas, cuyos pormenores serían objeto de una larga investigación.[1]

El caso que nos ocupa aquí se relaciona con el Capitán de dicho Ejército y posterior figura cimera del Partido Independiente de Color Evaristo Estenoz Corominas.

Bajo su liderazgo se protagonizó una Protesta Armada en el verano de 1912 que fue ahogada en sangre por el gobierno de turno, dejando sin solución práctica los sueños de justicia y participación igualitaria en los asuntos del país al sector negro, a la vez que se mantuvieron intactos los fundamentos del racismo que animó a todos los gobiernos cubanos hasta la Revolución de enero de 1959.

Gracias a una investigación previa en el Archivo Nacional que nos llevó, entre otros fondos documentales, a la Comisión Revisora y Liquidadora de los Haberes del Ejército Libertador, pudimos localizar el expediente correspondiente a Estenoz.

En él se precisan numerosos datos acerca de su historia combativa, entre los que se incluye un interesante descargo personal, escrito en el acápite “Observaciones” de la planilla nominal a su nombre.[2]

No resulta difícil advertir, tras la lectura, al “protestante” incansable. Estenoz, desde antes del 24 de febrero de 1895, participó junto a Juan Gualberto Gómez en la preparación del levantamiento armado que dio inicio a la gesta independentista en la localidad matancera de Ibarra. Luego, estuvo en la manigua redentora una vez que arribara en la expedición del General Rafael Portuondo Tamayo, el 30 de abril de 1896, hasta su posterior licenciamiento, asociado al fin de las hostilidades en el año 1898.

Por constituir este documento un testimonio valioso para una mejor comprensión de la Historia nacional y sus personalidades protagónicas, ponemos a disposición de los lectores el texto original del mismo, no sin destacar como el espíritu de inconformidad por parte de Evaristo ante las coyunturas adversas a su entorno —en este caso por el reconocimiento a sus lauros militares— se advierte limpiamente en su breve exposición, algo característico de su personalidad y temperamento, que supo mantener y defender hasta las últimas consecuencias de sus actos.

El texto de Estenoz

“En todo el tiempo que permanecí en la Florida a las órdenes de la Delegación, no recibí dietas ni auxilio de ninguna especie, en atención a que según se me decía el Partido estaba pobre, cuya pobreza era solo para mí.

Entiéndase que tomé parte activa en todos los trabajos anteriores al 24 de febrero del 95 con el Sr Juan G. Gómez y debido al fracaso de Ibarra se me ordenó pasara a la Florida a disposición de la Junta Revolucionaria lo que hice en Tampa ante los Sres Figueredo y Collazo, disponiendo este último me pusiera a disposición de los señores Zarrag y Leyte Vidal, sufriendo el fracaso de la expedición mandada por el Dr Marrero en el yate “Hawking” y por último con el General Rafael Portuondo, que desembarqué en Guantánamo.

Los pases que he efectuado han sido por órdenes verbales de un jefe a otro en concentraciones de fuerzas o casos análogos.

Mis diplomas primitivos fueron manuscritos, los cuales perdí en el paso de la Trocha por lo que los jefes, Generales García y Menocal se comprometieron hacerlos por duplicado si acompañaba al segundo en su marcha a Occidente, la que se efectuó, no así lo de que se me proveyera de mis documentos a pesar de haberlo solicitado varias veces en espera, según se me dijo, de que los remitiera el General García lo que no se verificó, aumentando así mis disgustos morales y materiales cada vez mayores por la proximidad de la terminación de la guerra decidiendo al fin marcharme huyendo de la avalancha de la guerra, a más de los conflictos políticos de la Asamblea y el General Gómez, me hicieron (…) pocas esperanzas y por lo tanto hacer caso omiso de todo lo que relativo a documentos a mí se refiriera.” Evaristo Estenoz

 

Loreto Raùl Ramos Càrdenas, es historiador, especialista en Archivística del Archivo Nacional de Cuba.

[1] En un artículo del periódico Previsión, órgano de los Independientes de Color, de noviembre de 1909, se denunciaba: “…No hay nadie que ignore las trabas a que se sujetó el pago de esos haberes para que  surgiera la desconfianza primero y después el desbarajuste, cuyo resultado final habría de ser el despojo y la estafa realizados a la sombra de funcionarios venales que se enriquecieron a costa de los infelices soldados del  Ejército Libertador…”

[2] Archivo Nacional de Cuba, Fondo: Comisión Revisora y Liquidadora de los Haberes del Ejército Libertador de Cuba (Archivo de Carlos Roloff) Quinto Cuerpo de Ejército. Legajo 18, No 38.

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