Recordando a Tato Quiñones, el ekobio de mi infancia, el gran activista social por cuenta propia en La Habana

Por Mario Castillo Santana ∕ Marcelo “Liberato” Salinas

No sé si por desgracia o por suerte he dejado de tener presencia en el ciberespacio, pero en estos días en que la figura de Tato Quiñones y su significación en la cultura de nuestro país ha adquirido una dimensión inesperada, quiero aportar una arista hoy en proceso de olvido sobre Tato, que creo fundamental para aquellos que nos estamos planteando una práctica de comunistas por cuenta propia, lejos de los sectarismos ideológicos que asolaron nuestro país en el pasado reciente y de los nuevos sectarismos raciales y de género que van tomando cuerpo en la Cuba que se está reconfigurando ante nuestros ojos.
Tengo el gusto y el honor de haber servido de prologuista para las dos últimas obras maestras de libros que nos dejó Tato, por solicitud expresa de él y por la hermandad que nos unió por muchos años. El fue amigo y ekobio de mis tios-abuelos, pero muy especialmente de Lorenzo Rodríguez La Guardia, Papalote, Muñanga Efò y obrero portuario, operador de grúas de la rada habanera.
Durante más de dos años de mi infancia Tato fue asiduo visitante a mi casa, como dignatario de su potencia abakuá, encargado de hacer realidad la ayuda material y fraternal a los ancianos ekobios, como ya no ocurre en muchas potencias abakuàs actuales.
Fui testigo de la firme y devocional amistad de Tato a mi tío-abuelo. Nunca olvido la elegancia de su presencia en esas visitas, la gentileza con mi familia, el trato tierno, pero firme y sin paternalismos con un individuo como mi tío Lorenzo que había sido un adalid de pertenencia e hidalguía abakuá, pero que en los momentos de las visitas de Tato y otros ekobios, ya era un anciano que había perdido la razón y se comportaba como un niño desorientado, necesitado de la guía de su hermana, mi abuela, Yolanda Rodríguez, a quien único reconocía. Tras la muerte de mi tío, dejè de verlo exactamente por 20 años.

Tato Quiñones en un encuentro con dos compañeras docentes y activistas en Madrid del movimiento mediáticamente conocido como 15-M, organizado por el Taller Libertario Alfredo Lóopez.

 

Nos reencontramos, sin reconocernos aun, por mediación de Ana Luisa en 2005, por ese tiempo estudiante de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana y tutoriada de Tato en su tesis de licenciatura. En el espacio itinerante La Escuelita, del grupo de la Cátedra Haydee Santamaría, Ana Luisa propuso invitar a Tato a una de nuestras sesiones, donde organizábamos conferencias temáticas impartidas casi siempre por al menos dos personas, que después derivaban en enriquecedores diálogos, de donde salían nuevos temas de conferencias para después.
Tato asistió como uno más de todxs aquellxs jóvenes, de los cuales reposadamente podía ser padre y abuelo, sentado en el piso de uno de los caneyes del Almendares y a partir de ahí se hizo participante permanente y protagónico de aquel inolvidable espacio, para todos los que lo vivimos.
Recuerdo que en una de las conferencias que me correspondió impartir a mí, no preciso exactamente de qué tema, él me increpó, con todo el aguaje elegante con que sabía hacerlo, sobre el carácter libresco, superficial y academicista de lo que yo había disertado y además expresó que el espacio se estaba viciando de intelectualismo rancio, distanciado de la vida y las personas comunes que habían hecho posible con su arrojo anónimo que nosotros estuviéramos dándonos de intelectuales.
Los allí presentes nada dijeron y hasta algunos asintieron en acuerdo con Tato. Yo lo tomé a la patética como una ofensa personal y también le respondí con el mismo aguaje, pero sin la elegancia de la que él hizo gala y aquello derivó en una trifulca personal en la que dijo que podía caerme a patás por culo reposadamente, a lo que yo igualmente respondí. Así terminó la sesión de ese día, con una sensación mezclada de vergüenza y arrogancia que me acompañó varios días.
Unas semanas después iba por la acera de Coppelia con mi madre y con Irina Hernández, en ese momento mi novia y nos cruzamos con Tato. Irina lo saludó y le presentó a mi madre a quien saludó con su impecable elegancia. Yo lo saludé con tono distante, lo cual él por su parte replicó. Mi madre, con sorpresivo asombro y en un raptus de emoción, le dijo: ¡Yo soy la sobrina de Papalote, su ekobio, ¡Mario es mi hijo…!
Ahí nos abrazamos emocionados y comenzó la segunda, mejor y verdadera parte de nuestra hermandad…
Una hermandad que fue fecundísima. Hicimos tantas cosas juntos, buenas, útiles, justas y nobles que ahora asaltan mi mente como en un remolino sin fin… Tato fue co-gestor de La Escuelita de la Catedra Haydee Santamaría, como oyente de fila y conferencista, un espacio de autoeducación colectiva que, bajo el gardeo oficioso, terminamos haciendo en el parque de H y 21 durante casi dos años, todos los viernes.
Tato fue de los fundadores de la Red Observatorio Crítico, iniciado por la Catedra Haydee Santamaría, un empeño de acción cultural autónoma, descolonizadora, anticapitalista, descentralizado y plural, cuando muy pocos entendían que significación podía tener hablar de anticapitalismo, descolonización y horizontalidad en Cuba.
Tato fue el alma de La Cofradía de la Negritud, iniciativa que él no creó, pero junto a Norberto Mesa la hicieron uno de los proyectos orgánicos y más vibrantes de la Red Observatorio Crítico y de donde se animó a producir su boletín digital Desde la Ceiba, haciendo un aporte medular a la lucha contra el racismo y a la dignificación publica de nuestro legado afrodescendiente.
Tato fue fundamental en la organización por la Catedra Haydee Santamaría en marzo de 2005 del coloquio Las otras herencias de octubre, junto a Ana Luisa, Dimitri Prieto, Hiram Hernández Castro y otros, donde nos encontramos en la UNEAC todas las tendencias de izquierda existentes en Cuba en la fecha, para dialogar sobre los significados perdidos de la revolución social de octubre en Rusia y exploramos pluralmente sus vínculos con el presente que vivíamos en ese momento. Debemos hacer públicas las memorias de audio de ese encuentro y escuchar la intervención de Tato…

 

Tato Quiñones en Las otras herencias de octubre (2005) junto a Dimitri Prieto, Pavel Alemán, Celia Hart, Hiram Hernández Castro, Carlos Simón Forcade.

 

Tato fue clave junto al psicólogo Ángel Candeaux y la antropóloga alemana Johanna Abel, miembros de la Red Observatorio Crítico, en la organización de los dos coloquios Pensarnos a propósito del reggaetón, donde él fue de los primeros en tomarse en serio e insistir en analizar en sus luces y sus sombras este fenómeno, que parecía una moda pasajera y desafortunadamente no fue así…un material cuyos registros, hasta donde conozco, se perdieron, incluidas sus intervenciones.
Tato fue imprescindible en el encuentro que organizó dos proyectos de la Red Observatorio Crítico en 2012 sobre un tema fundamental ayer, hoy y siempre: Ayuda mutua popular en Cuba, donde participaron, además, entre otras, las reconocidas investigadoras María del Carmen Barcia y Lázara Menéndez, material que estará a disposición en breve, donde Tato disertó sobre este asunto en la historia de algunas potencias abakuas en La Habana.
Tato Quiñones fue un activo participante en casi todas de las Jornadas Primaveras Libertarias de La Habana, que organizamos desde 2013, con el Taller Libertario Alfredo López. En ellas sus aportes temáticos fueron legendarios, como aquel donde rememoró para los presentes sus vivencias en la gestión obrera colegiada de la gran cervecería La Polar, entre todas las tendencias sindicales existentes en Cuba de 1960 a 1961, cuando él era un jovencito de menos de 20 años. Pero también aportó sus lúcidas consideraciones al círculo de diálogo “Miradas antiautoritarias al Periodo Especial”, junto a Dimitri Prieto y Yassel Padrón Kunakbaeva que sesionó como parte de la IV Jornada Primavera Libertaria de La Habana, el pasado 2019.
Tato Quiñones fue el invitado de honor, en mayo de 2018, a la inauguración del Centro Social y Biblioteca Libertaria ABRA del Taller Libertario Alfredo López, en Lawton, hoy único proyecto sobreviviente de la Red Observatorio Crítico, espacio donde ahora atesoramos una parte pequeña pero significativa de materiales del archivo de trabajo de Tato, donada a nosotros por él en esos días y que estamos organizando para ponerla a disposición de los interesados.
A pesar de lo deteriorada de su salud ya en ese momento, nos acompañó y honró en la inauguración del Centro Social no sólo con su presencia, sino con una enjundiosa charla que versó, entre otros temas, sobre la teología de Ifà, su concepción del Orì y la importancia de la autonomía de la persona, su comportamiento personal y colectivo para alcanzar el Irè y la relación de esto con espacios con intenciones de socialización anti-autoritaria como ABRA.
Tato fue imprescindible para que el proyecto Guardabosques, también de la Red Observatorio Crítico, organizara el excelente encuentro Ifà y medio ambiente, donde él, junto al también desaparecido sacerdote de ifà Fernando Varona Millet y Làzara Menendez disertaron, con hondura y de manera poco usual en Cuba, sobre las relaciones entre estas dos realidades y la contribución de la teología de Ifà para abrir caminos de sanación en nuestras relaciones con nuestras realidades cotidianas ambientales y nosotros mismos.
Tato Quiñones fue el animador por excelencia en el recibimiento y diálogo fecundo, en su casa, que organizamos los de la Red Observatorio Crítico, en homenaje al gran sociólogo y activista social venezolano Alejandro Moreno Olmedo, de visita en Cuba en 2012 (fallecido pocos días después de Tato), intelectual clave para comprender los déficits populares del chavismo en Venezuela, que dio vida al Centro de Investigaciones Populares de Caracas, desde lo profundo del barrio San Isidro, en Petare. Desde ahí, en convivencia popular, desarrolló su amplia obra y su perspectiva sobre lo que Moreno definió como el mundo de vida popular, tan orgánica con el accionar de Tato y tan desconocida en Cuba hoy por intereses de Estado.

Tato Quiñones y Alejandro Moreno, en el recibimiento que le organizamos en casa de Tato varios proyectos de Observatorio Critico. Carlos Simón Forcade, Yenisel Rodriguez, Mario Castillo (Catedra Haydee Santamaria). Pedro Campos Santos y Felix Guerra (Socialismo Participativo y Democratico. Isbel Diaz (fotógrafo) por Guardabosques.

 

Más atrás en el tiempo, pudiéramos traer a colación un hecho muy poco conocido y de igual relevancia, el encuentro trascendental de Tato Quiñones junto al gran Manolo Granados, con el imponderable Allen Ginsberg, cuando estuvo en La Habana a fines de los 60 como jurado del premio Casa de las Américas, quien, sensible y atento a los latidos de todo lo underground, encontró en Tato un interlocutor de relieve, antes de ser expulsado de Cuba, lo cual quedó para la historia en una buena foto de Tato y Ginsberg en el bar El gato tuerto, que él conservaba como una reliquia enmarcado en cristal en su casa y que hoy debe estar al cuidado de su familia.
Pero el hecho donde quedó más condensada buena parte de la relevancia de Tato Quiñones como activista social e intelectual del fondo del caldero, como gustaba insistir él, fue en lo que definimos los de la Catedra Haydee Santamaría, con Tato incluido, como el Dia de la Descolonización de la Memoria Histórica Cubana, el 27 de noviembre.

Colectivo que por primera vez celebró el Día de la Descolonización de la Memoria Histórica Cubana, en homenaje a los abakúas masacrados el 27 de noviembre de 1871
Su medular investigación sobre los hechos luctuosos y heroicos ocurridos en esta fecha, la demostración archivística del vínculo de integrantes de la potencia Ekanaràn Efò con Alonso Álvarez de la Campa, uno de los estudiantes de medicina fusilado, la certificación material del épico intento de unos jóvenes abakuá anónimos por rescatar a esos jóvenes de la arbitrariedad y el revanchismo ciego colonial, cuando imperaba el terror en La Habana…, todo ello y, más aun, abrir un espacio de homenaje público y autónomo, sin permisos, a esos hombres desconocidos, en uno de los escenarios donde ocurrieron los hechos, en medio de La Habana, frente al mausoleo al yate Granma, fue algo producto de la inspiración y el impulso mutuo que recibimos los jóvenes de la Catedra Haydee Santamaría y Tato Quiñones, con el apoyo de Juan Nápoles Cárdenas, dignatario abakuà, y su hermana Mercedes Nápoles, y después de Ramón Torres Zayas, de la potencia Embemorò Efò.
Por todo lo anterior podemos decir que Tato Quiñones, además de todos los méritos y aportes que le reconoce el mundo afrodescendiente del cual él se sentía parte, encarnó el perfil de un activista social por cuenta propia inédito y único en el contexto habanero, y también cubano, en las últimas décadas. Creo que ese activismo plural y de confluencias entre los diversos para encarar mejor a los antagónicos, que Tato Quiñones ejerció junto a nosotros y, sobre todo, nosotros junto a él, le permitió dar un salto cualitativo trascendental, expresado, por sólo poner un ejemplo puntual, en aquella legendaria conferencia pública que impartió, la última, sobre la presencia de las temáticas de la homosexualidad en cuerpo teológico de Ifá, donde demostró su magisterio, su hondura y sobre todo, su capacidad de crecimiento hasta sus últimos momentos.
Tato fue más joven que todos lxs jóvenes que lo rodearon en los últimos años de su vida y encarnó un tipo de persona que, con todas sus contradicciones y marcas de la época en que creció, no dejará de ser un referente para todos aquellos que ponemos nuestro corazón, energías y empeños en el fondo del caldero social cubano y creemos que una comunización fraterna, solidaria, cotidiana, sin espectacularismos, de entrega al nosotros pueblo, que nos fortalezca y nos haga conscientes de nuestras potencialidades como personas interdependientes, que habitamos nuestra propia vida e historia, todo ello, siempre junto a Tato, es un camino crucial para enfrentar a todos los engendros babilónicos y autoritarios que se nos vienen encima no sólo desde arriba, desde el poder, sino también desde abajo, desde los que aspiran a ese mismo poder y ahora, circunstancialmente, están junto a nosotros pueblo.
Desde La Habana sur, Lawton, Centro Social ABRA,
septiembre de 2020

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