¿Quiere usted ganarse cien pesos? Un derechista responde

En una entrada anterior se describe la Encuesta que hizo Carteles en los 1930 con la pregunta que da título a este post. El premio a la mejor respuesta sería 100 pesos.

En esta ocasión, reproduzco una de las respuestas recibidas, en la que el autor se autocalificaba de “derechista” y explicaba sus posiciones.

Estas eran las preguntas de la Encuesta:

  1. ¿Es usted derechista o izquierdista?
  2. ¿Cuáles son, a grandes rasgos, en el orden político social, los ideales de su doctrina, que le inclinan a defenderla?
  3. ¿Cuáles son los que defiende el bando contrario y con los cuales está usted impugna o desacuerdo?

4.¿Estima usted que el fascismo es una doctrina de izquierda o de derecha? ¿Por qué?

  1. ¿Dónde coloca usted al comunismo, la derecha o la izquierda? Dé sus razones.
  2. ¿Con cuál de los dos regímenes han alcanzado mayores libertades y oportunidades de superación el obrero manual, el campesino y lo que se consideran en el orden social desheredados de la fortuna?
  3. Si ninguno de esos dos regímenes le satisface, ¿cuál otro encarna dentro de sus ideas derechistas o izquierdistas los supremos ideales del pueblo y por qué?

Un derechista

Así contestaba José Fernández, de Ciénaga, en la Habana

 

Primera: Soy derechista.

Segundo: Porque al amparo de esas doctrinas que son de mejoramiento para todos los humanos, he podido desenvolverme mejor y vivir debidamente protegido; y soy testigo de mayor excepción, pues milité en las filas izquierdistas hasta que me convencí, a golpes, de lo perjudiciales que son para los verdaderos obreros, como yo, que lo único que anhelan es tener trabajo y retribuido en forma que les permita llenar sus necesidades y las de su familia.

Tercera: No creo en la sinceridad de las doctrinas izquierdistas, las que son muy difíciles de definir, hasta el extremo de que no hay dos partidarios de ellas que coincidan en las mismas. La realidad es que el izquierdismo ha sido un modus operandi de muchos vivos que así han resuelto su problema personal.

Cuarta: Es difícil determinar con fundamento a qué lado se inclina el fascismo, pues no lo conocemos bien.

Quinta: El comunismo es izquierdista, porque lo que quiere es aprovecharse, sin el trabajo de producirlo, de lo que otros han hecho con gran esfuerzo; dándose el caso de que los líderes comunistas se convierten en los más acérrimos conservadores en cuanto han acaparado algunos medios de fortuna. Lo que es de otros lo quieren para sí y lo que es de ellos es sagrado.

Sexta: He vivido bajo los dos regímenes y puedo decir que tanto yo como mis compañeros de taller nos hemos sentido mejor, más protegidos, mejor retribuidos y más considerados en los países en que imperaban regímenes derechistas.

Séptimo: Estimo que el régimen derechista, aplicado sin mixtificaciones, es el ideal para los pueblos progresistas.

 

Carteles, Volumen XXX, La Habana, octubre 31, 1937, pp. 16 y 60

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¿Quiere usted ganarse cien pesos? Un centrista responde

En una entrada anterior se describe la Encuesta que hizo Carteles en los 1930 con la pregunta que da título a este post. El premio a la mejor respuesta sería 100 pesos.

En esta ocasión, reproduzco una de las respuestas recibidas, en la que el autor se autocalificaba de “centrista” y explicaba sus posiciones.

Estas eran las preguntas de la Encuesta:

  1. ¿Es usted derechista o izquierdista?
  2. ¿Cuáles son, a grandes rasgos, en el orden político social, los ideales de su doctrina, que le inclinan a defenderla?
  3. ¿Cuáles son los que defiende el bando contrario y con los cuales está usted impugna o desacuerdo?
  4. ¿Estima usted que el fascismo es una doctrina de izquierda o de derecha? ¿Por qué?
  5. ¿Dónde coloca usted al comunismo, la derecha o la izquierda? Dé sus razones.
  6. ¿Con cuál de los dos regímenes han alcanzado mayores libertades y oportunidades de superación el obrero manual, el campesino y lo que se consideran en el orden social desheredados de la fortuna?
  7. Si ninguno de esos dos regímenes le satisface, ¿cuál otro encarna dentro de sus ideas derechistas o izquierdistas los supremos ideales del pueblo y por qué?

Un centrista

Así respondía Carlos M. B Castro Augusto R. Sigarreta, de Filadelfia, en Estados Unidos de América

 

Primera: Centrista.

Segunda: Considero al “centrismo”  como la práctica realizable de los principios de común beneficio entre las derechas e izquierdas. Cual si tales beneficios pudieran nivelar en la balanza social los ideales de ambos extremos. Me inclina a defenderla la simple idea de encontrar la vía más real de edificar una masa homogénea que tienda al verdadero equilibrio nacional. Es la fórmula social en la que ambos lados pueden participar de sus ideales en común.

Tercera: Las derechas o izquierdas extremistas. Estoy en desacuerdo sencillamente porque la idea conservadora de las primeras elimina los pasos gigantescos del progreso en el orden político social. Y las segundas extreman los principios liberales a normas incapaces de practicar, porque están inspiradas en un ideal en el cual no se consideran las naturales tendencias del hombre como tal, y las cuales se elimina la posibilidad de conservar lo que de bueno tenga un régimen conservador.

Cuarta: El fascismo lo inspiró el deseo de implantar un movimiento radical en Italia. Hoy su práctica tienen notas de ambas tendencias; es casi un centrismo indeterminado. Los derechos del pueblo reconocidos vs. una nobleza también reconocida.

Quinta: El comunismo es la doctrina de la propiedad común; la negación de derechos individuales en la propiedad. Esto es el comunismo ideal; no el comunismo que se practica en Rusia donde una dictadura proletaria impone una izquierda radical con detrimento lo que una izquierda social bien inspirada podría brindarle una sociedad ansiosa de reivindicaciones.

Sexta: Un régimen extremista da la oportunidad de satisfacer un deseo social, pero no una necesidad social. El obrero manual ha tenido “mayores libertades” en los cambios izquierdistas, pero no “mejores oportunidades”.

Séptimo: Considerando las derechas e izquierdas como los extremos de la ecuación social, la única manera de establecer el equilibrio descansa en la “media proporcional” que goza del privilegio de ser indispensable a ambos extremos. Es, pues, el centrismo la fórmula feliz capaz de satisfacer el anhelo social. El “fiel” de la balanza mediante un simple esfuerzo de comprensión y un deseo lleno de sabia humanidad.

Carteles, Volumen XXX, La Habana, octubre 31, 1937, pp. 16 y 60

¿Quiere usted ganarse cien pesos? Un izquierdista responde

 

En la entrada anterior se describe la Encuesta que hizo Carteles en los 1930 con la pregunta que da título a este post. El premio a la mejor respuesta sería 100 pesos.

En esta ocasión, reproduzco una de las respuestas recibidas, en la que el autor se autocalificaba de “izquierdista” y explicaba sus posiciones.

Estas eran las preguntas de la Encuesta:

  1. ¿Es usted derechista o izquierdista?
  2. ¿Cuáles son, a grandes rasgos, en el orden político social, los ideales de su doctrina, que le inclinan a defenderla?
  3. ¿Cuáles son los que defiende el bando contrario y con los cuales está usted impugna o desacuerdo?

4.¿Estima usted que el fascismo es una doctrina de izquierda o de derecha? ¿Por qué?

  1. ¿Dónde coloca usted al comunismo, la derecha o la izquierda? Dé sus razones.
  2. ¿Con cuál de los dos regímenes han alcanzado mayores libertades y oportunidades de superación el obrero manual, el campesino y lo que se consideran en el orden social desheredados de la fortuna?
  3. Si ninguno de esos dos regímenes le satisface, ¿cuál otro encarna dentro de sus ideas derechistas o izquierdistas los supremos ideales del pueblo y por qué?

Un izquierdista

Así opinaba Carlos M. B Castro, de Simón Reyes, 27, en Ciego de Ávila.

 

Primera: Me hallo del lado de los trabajadores de “todas clases”, del lado de la justicia humana, del lado del reconocimiento pleno de la independencia los derechos de los pueblos, del lado de la paz del mundo, del mantenimiento y respeto de los tratados, del lado de la civilización y de la democracia; soy, pues, izquierdista.

Segunda: Ideales de libertad humanística, de libertad real aplicada al concierto de los intereses morales y materiales del individuo y con ello de la colectividad.

Tercera: Soy contrario a todo régimen que tienda a la desintegración de sus propósitos apuntados, o que señale el mantenimiento de fuerzas tradicionalistas contrarias al avance de los anhelos de los pueblos.

Cuarta: Al fascismo no puede considerársele de izquierda o derecha, puesto que según sus propios dictados, se ha erigido supremo exponente de un gobierno totalitario; se ha abrogado, por tanto, todas las atribuciones clasistas, tanto políticas como económicas, sociales y religiosas.

Quinta: El comunismo, socialismo íntegro, es, doctrinariamente, una las fases políticas evolucionistas. Acepta el hecho de la emancipación, renacimiento y evolución humanos. Acepta un “porvenir inmediato mejor”. Propugna la intensificación de la individualidad y del crecimiento personalístico. Crea categorías económicas, pero reconoce categorías morales. Acepta, pues, el hecho renovador y revolucionario que no permite el estacionamiento de las formas de vida y por ello pertenece indudablemente a las doctrinas de izquierda.

Sexta: Con el comunista, puesto que a pesar de la enorme diferenciación que existía al instaurarse uno y otro régimen en los respectivos países, Italia y Rusia, Italia, cuna de la más elevada civilización latina, instauradora de la democracia, donde el arte y las ciencias obtuvieron el más elevado exponente universal, se halla hoy decadente, empobrecida, aherrojada, privada de toda libertad, que es como decir, de todo arte y de toda ciencia, de toda concepción noble, sublimadora. En cambio, Rusia, cuna secular del oscurantismo, ancestralmente esclavista, petrificada en la ignorancia, ha realizado el más gigantesco esfuerzo humano, nivelándose en 20 años, científica y económicamente, con los países índices de nuestra civilización.

Séptimo: Mis supremos ideales actualmente, consisten en el mantenimiento internacional de la política expuesta por el actual presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, lo cual considero obvio exponer, y para nuestro país, aquellos que extensamente se hallan encarnados en el programa del Partido Agrario Nacional.

 Carteles, Volumen XXX, La Habana, octubre 31, 1937, pp. 16 y 60

De la ética a la política. De la razón erótica a la razón inerte, de Antoni Doménech

Antoni Doménech

 

Descargar De la ética a la política. De la razón erótica a la razón inerte, de Antoni Doménech Figueras

“He aquí una original reconstrucción histórico-filosófica de la formación de la racionalidad moderna, a la vez que una crítica, sutil pero devastadora, de la pretensión de “desetizar” el ámbito de la vida política. Sirviéndose de un nutrido repertorio de recursos intelectuales (desde el innovador uso hermenéutico de la teoría matemática de los juegos de estrategia, hasta las técnicas filológicas más tradicionales), Antoni Doménech presenta aquí, críticamente, la evolución de un pensamiento ético-político moderno profundamente enraizado en la cultura cristiana, diseccionando su ruptura con el ethos antiguo en una larga excursión intelectual que combina el rigor de los métodos analíticos con una vasta cultura filosófica clásica. Esta obra puede ser leída como una nueva interpretación del desarrollo de la filosofía práctica «occidental» (con abundantes calas de contraste en el pensamiento moral «oriental», señaladamente en el budismo profundo). Como ha escrito Jesús Mosterín en el prólogo: «este libro reúne unas cualidades de vigor intelectual, originalidad, competencia técnica y densidad conceptual tan evidentes, que no es aventurado augurarle un puesto permanente de la historia de nuestro pensamiento político y de nuestra hermenéutica filosófica”.

El eclipse de la fraternidad. Una revisión republicana de la tradición socialista, de Antoni Doménech

 

Un maestro insustituible: Antoni Doménech Figueras (1952-2017).

“Fraternidad significaba en 1790 –cuando Robespierre acuña la divisa: Libertad, Igualdad, Fraternidad— universalización de la libertad republicana y de la reciprocidad en esa libertad que es la igualdad republicana. Es decir, que todos, también los pobres, los humildes, todos los que necesitan depender de otro para vivir, todos quienes, para existir socialmente y pervivir, han de pedir diariamente permiso a otros, criados, trabajadores asalariados, artesanos modestos, campesinos acasillados, mujeres, todas las categorías sociales, en fin, que entonces se incluían entre las “clases domésticas”, todos los miembros de la “familia” (“familia” viene de famuli: esclavos, siervos), salieran del domus subcivil en que la sociedad señorial viejoeuropea (y colonial iberoamericana) les había inveteradamente confinado, para emerger como ciudadanos de pleno derecho a una sociedad civil de libres e iguales. La idea era que nadie necesitara tener que pedir permiso a otro particular para poder existir socialmente, que todo el mundo tuviera su propia base material, sus propios medios de existencia social. Esa idea, que unificó políticamente al “cuarto estado” desprendiéndolo del tercero (los burgueses), entró en fase de eclipse básicamente por dos motivos. Primero, porque la sociedad civil napoleónica dio una apariencia de libertad e igualdad civiles, de libertad e igualdad, esto es, independientes de las bases materiales (la propiedad) en que el republicanismo (de Aristóteles y Cicerón a Jefferson, Kant o Robespierre) las hacía arraigar: de ahí salió la libertad “liberal” en el siglo XIX. (En rigor histórico, no hay “liberalismo” antes del XIX: la propia palabra se inventa en las Cortes de Cádiz, en 1812.) Segundo porque, después del fracaso de la II República francesa de 1848 –la llamada República “fraternal”—, los socialistas políticos, legítimos herederos del legado del republicanismo democrático tradicional, consideraron con buenas razones que, en la era de la industrialización, no era ya viable el viejo programa democrático-fraternal revolucionario de una sociedad civil fundada en la universalización de la libertad republicana por la vía de universalizar la propiedad privada; para ellos no se trataba tanto de una inundación democrática de la sociedad civil republicana clásica, cuanto de la creación de una vida civil no fundada ya en la apropiación privada de las bases de existencia, sino, como dijo Marx, basada en un “sistema republicano de asociación de productores libres e iguales”, es decir, en un sistema de apropiación en común, libre e igualitaria, de las bases materiales de existencia de los individuos. Marx y Engels –y aun Bakunin— nunca perdieron de vista la conexión de este ideal socialista con el viejo ideal republicano-democrático fraternal. El republicanismo se hizo definitivamente invisible, se eclipsó, como tradición histórica cuando los socialistas que vinieron después fueron olvidando en sus formulaciones doctrinales –y en su agitación política cotidiana— esa conexión, para acabar confundiendo muchas veces ellos mismos la tradicional concepción republicana de la libertad –enormemente exigente— con la nueva –y trivial—concepción liberal postnapoleónica.”

Descargar aquí un fragmento del El eclipse de la fraternidad. Una revisión republicana de la tradición socialista.

Una entrevista con Antoni Doménech sobre marxismo y republicanismo:

“Memoria, ideario y práctica de la democracia. Entrevista con Antoni Domènech”: Julio César Guanche

 

Marc Bloch, o el sentido de historiar

Marc_Bloch

«No nos hemos atrevido a ser en la plaza pública la voz que clama en el desierto (. . .) Hemos preferido encerrarnos en la quietud de nuestros talleres (. .. ) No nos queda, a la mayor parte, más que el derecho a decir que fuimos buenos obreros. ¿Pero hemos sido también buenos ciudadanos?». Marc Bloch.

Bloch, de oficio (gran) historiador, murió fusilado, tras ser torturado durante varias horas por la Gestapo, por haber participado en la Resistencia Francesa, el 16 de junio de 1944.

Ver aquí “Introducción a la historia”, o, “Apología para la historia”.

Perspectivas críticas a Piketty

Piketty

 

En días pasados, el importante escritor nicaragüense Sergio Ramírez publicó un texto sobre El capital en el siglo XXI, de Thomas Piketty. En dicho artículo, Ramírez dice: ” Este es un libro sobre la desigualdad social, causada por la acumulación desmedida de capital, cuando esta alcanza cotas muy por encima de las tasas de crecimiento económico; abismo que, según Piketty, amenaza con ser catastróficamente mayor en el siglo XXI, si no hay políticas públicas, sobre todo políticas fiscales, que intervengan para cerrarlo. Volveríamos al reinado de los voraces rentistas, dice. El pasado, que devorará al futuro.” Como he leído varias opiniones de este perfil, y tomando en cuenta que este libro ha tenido muy amplia difusión, reproduzco aquí también algunas de las críticas que ha suscitado.

Ver aquí el libro completo de Piketty (La versión tiene sus problemitas, pero es gratis).

Ver aquí la crítica a Piketty de Yanis Varoufakis, “Ducho en twitter, bloguero y escritor de algún best-seller sobre economía”, profesor de economía, y actual ministro de finanzas del gobierno de Syrisa, en Grecia. (La escribió antes del triunfo electora de ese partido.)

Ver aquí la crítica a Piketty de Michael Hudson, analista económico y profesor de investigación económica en la Universidad de Missouri en Kansas.

Este es un ejemplo de lo que encontrará en estos textos:

“Pero, y sobre todo: Piketty no habla de la reestructuración total que es el meollo de esta revolución neoliberal, que son las privatizaciones. No critica la privatización. Y el grueso de esa riqueza del 1 por ciento, que no ha dejado de crecer desde 1980, es, todo debidamente considerado, el resultado de la privatización del dominio público  y de los servicios públicos, de cosas que hace 100 años todo el mundo esperaba que fueran servicios públicos: carreteras, ferrocarriles, transporte público, sistemas de telefonía, sistemas de radiodifusión. Ahora que se han convertido en monopolios, los ricos ganan dinero con rentas monopólicas. Y la solución no es dejar simplemente que los ricos exploten al 99%, incrementando a su buen placer los precios que usted paga por el cable, por la refrigeración, por el transporte; es desprivatizar esos activos, devolverlos al dominio público, de manera que puedas suministrar a la gente servicios públicos básicos a precios muy bajos, y no a los precios extorsionadores que exige ese 1 por ciento que no ha hecho, en substancia, otra cosa que desahuciar a los Estados y expropiar el dominio público” Michael Hudson

Cuba y EE.UU en tiempo de cambios

Por redacción OnCuba

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Casi una semana después de que Cuba y Estados Unidos comenzaran a dialogar oficialmente en La Habana, se reúnen en Washington durante dos jornadas (los días 27 y 28 de enero) emprendedores, blogueros, cineastas e intelectuales cubanos para intercambiar con políticos, diplomáticos, periodistas, empresarios y académicos estadounidenses y cubanoamericanos, en un encuentro organizado por el Proyecto Cuba Posible y el Cuba Research Center.

“Cuba y Estados Unidos en tiempo de cambios” fue el nombre de estos debates, a los que asistieron más de 10 cubanos y en los que se confrontó sobre los vínculos culturales entre los dos países, los actuales desafíos políticos en la Isla, la sociedad civil cubana, la necesidad de mejorar los mecanismos de la democracia en Cuba, los potenciales vínculos económicos entre ambos para el futuro más inmediato, entre muchos otros temas decisivos.

OnCuba contactó a tres de los participantes por la parte cubana (Julio César Guanche, María Isabel Alfonso y Roberto Veiga González), y les envió varios cuestionarios, para conocer sus valoraciones sobre el saldo resultante de esos dos días en Washington, los puntos de conciliación y conflicto detectados en el encuentro, y los retos para una posible normalización de las relaciones bilaterales.

Por la propia naturaleza de los debates, con una intervención plural de ponentes, hubo puntos de consenso y puntos en los que todas las partes no coincidieron. La necesidad de mirar la sociedad civil cubana con criterio amplio y la oportunidad que para ambos países podría significar los anuncios del 17D y las sucesivas negociaciones, fueron de las ideas más consensuadas.

Roberto Veiga González es coordinador, junto a Leinier González, de Cuba Posible, un proyecto ciudadano que, según su propio decir, pretende continuar acompañando, de manera positiva y creativa, el actual proceso de reformas que se desarrolla en Cuba.
Veiga sostiene la opinión de que en el encuentro “La mayoría reconoció que ambas sociedades podrían beneficiarse mutuamente y que los cubanos podríamos hacer tributar las ventajas de la relación bilateral a favor del desarrollo del país y, con un mayor equilibrio social, hacer evolucionar a su vez el actual modelo socio-económico-político”.
Sin embargo, también sostiene que, después de dialogar durante largas e intensas jornadas, “casi todos comprendimos que nos conocemos menos de lo imaginado y que aún no vislumbramos debidamente cómo institucionalizar y fortalecer las relaciones entre ambos países”.
Uno de los puntos más discutidos fue el de los derechos humanos en Cuba. En la opinión de Veiga y otros participantes en el evento, el modelo cubano debe lograr grandes cambios, y para hacerlo “de seguro aprenderemos mucho de Estados Unidos, pero debemos ser los cubanos quienes decidamos cuáles serán dichos cambios y cómo lograrlos, sin la injerencia de poderes foráneos ni de mecanismos de subversión”.

Veiga coincide con el ensayista Julio César Guanche respecto a la necesidad de que, en el lapso restante a la administración Obama en el poder, y los tres años que debe seguir Raúl Castro en la presidencia de Cuba, “se pueda seguir una agenda de pasos integralmente concebidos y determinados hacia su concatenación y consecución, que hagan a estas medidas, si no irreversibles, sí al menos muy difíciles de desmontar”.
Guanche, quien presentó un texto en el panel “Debates actuales en Cuba” nos comenta que los puntos de conflicto no son grandes novedades. Sin embargo, el investigador plantea que “es importante poder colocar distintas perspectivas en un mismo espacio de discusión. Con ello, permanecen las diferencias, pero disminuyen los dogmas de fe y las ignorancias recíprocas”.

Para Guanche, las ventajas de este tipo de ejercicio no solo están relacionadas con las relaciones Cuba-USA. El ensayista va más allá y explica que, independientemente del curso de estas negociaciones, “necesitamos en Cuba mucha más comunicación al interior de la sociedad cubana, y muchas más vías de comunicación horizontal entre posturas «no necesariamente coincidentes» sobre este proceso en relación con los EEUU, como también sobre muchos otros temas”.
Otros puntos de discrepancia en la perspectiva de las negociaciones, según Guanche, residieron en el hecho de que la política estadunidense está enfocada en potenciar los pequeños y medianos emprendimientos privados en Cuba, entendiendo que una mayor independencia del Estado otorga mayores cuotas de autonomía en la actuación política.
“Sin embargo –expone Guanche-, la política de Cuba está basada en lo contrario, en potenciar las megainversiones extranjeras directas, y mantener su administración en el sector estatal de la economía, entendiendo que así puede evitar la concentración de la propiedad y redistribuir el ingreso. De esta lógica contradictoria cabe esperar la emergencia de obstáculos para el mayor despliegue de relaciones”.
Al hablar de otros posibles obstáculos Guanche menciona que la normalización “extiende consecuencias que no se refieren solo a una nueva actitud política por las partes oficiales involucradas, sino también al aprendizaje de la cultura de relación entre sociedades con escasa interacción reciente, y a códigos morales para relacionarnos entre cubanos con trayectorias de hostilidad mutua”. Seguir leyendo “Cuba y EE.UU en tiempo de cambios”

“Les digo que se vayan a sus casas con la alegría sana de la limpia victoria alcanzada. Esta noche, cuando acaricien a sus hijos, cuando busquen el descanso, piensen en el mañana duro que tendremos por delante, cuando tengamos que poner más pasión, más cariño, para hacer cada vez más grande a Chile, y cada vez más justa la vida en nuestra patria”.

 

 

El video corresponde al discurso de Salvador Allende (4 de septiembre 1970) en la FECH.

 

En texto:

Con profunda emoción les hablo desde esta improvisada tribuna por medio de estos deficientes amplificadores.

¡Qué significativa es, más que las palabras, la presencia del pueblo de Santiago, que interpretando a la inmensa mayoría de los chilenos, se congrega para festejar la victoria que alcanzamos limpiamente, el día de hoy, victoria que abre un camino nuevo para la patria, y cuyo principal actor es el pueblo de Chile aquí congregado! ¡Qué extraordinariamente significativo es que pueda yo dirigirme al pueblo de Chile y al pueblo de Santiago desde la Federación de Estudiantes! Esto posee un valor y un significado muy amplio.

Nunca un candidato triunfante por la voluntad y el sacrificio del pueblo usó una tribuna que tuviera mayor trascendencia. Porque todos lo sabemos. La juventud de la patria fue vanguardia en esta gran batalla, que no fue la lucha de un hombre, sino la lucha de un pueblo; ella es la victoria de Chile, alcanzada limpiamente esta tarde.

Yo les pido a ustedes que comprendan que soy tan sólo un hombre, con todas las flaquezas y debilidades que tiene un hombre, y si pude soportar -porque cumplía una tarea- la derrota de ayer, hoy sin soberbia y sin espíritu de venganza, acepto este triunfo que nada tiene de personal, y que se lo debo a la unidad de los partidos populares, a las fuerzas sociales que han estado junto a nosotros. se lo debo al hombre anónimo y sacrificado de la patria, se lo debo a la humilde mujer de nuestra tierra. Le debo este triunfo al pueblo de Chile, que entrará conmigo a La Moneda el 4 de noviembre.

La victoria alcanzada por ustedes tiene una honda significación nacional. Desde aquí declaro, solemnemente que respetaré los derechos de todos los chilenos. Pero también declaro y quiero que lo sepan definitivamente, que al llegar a la Moneda, y siendo el pueblo gobierno, cumpliremos el compromiso histórico que hemos contraído, de convertir en realidad el programa de la Unidad Popular.

Lo dije: no tenemos ni podríamos tener ningún propósito pequeño de venganza. sería disminuir la victoria alcanzada. Pero, si no tenemos un pequeño propósito de venganza, de ninguna manera, vamos a claudicar, a comerciar el programa de la Unidad Popular, que fue la bandera del primer gobierno auténticamente democrático, popular, nacional, y revolucionario de la historia de Chile.

Dije y debo repetirlo: si la victoria no era fácil, difícil será consolidar nuestro triunfo y construir la nueva sociedad, la nueva convivencia social, la nueva moral y la nueva patria.

Pero yo sé que ustedes, que hicieron posible que el pueblo sea mañana gobierno, tendrán la responsabilidad histórica de realizar lo que Chile anhela para convertir a nuestra patria en un país señero en el progreso, en la justicia social, en los derechos de cada hombre, de cada mujer, de cada joven de nuestra tierra.

Hemos triunfado para derrocar definitivamente la explotación imperialista, para terminar con los monopolios, para hacer una profunda reforma agraria, para controlar el comercio de exportación e importación, para nacionalizar, en fin, el crédito, pilares todos que harán factible el progreso de Chile, creando el capital social que impulsará nuestro desarrollo.

Por eso, esta noche que pertenece a la Historia, en este momento de júbilo, yo expreso mi emocionado reconocimiento a los hombres y mujeres, a los militantes de los partidos populares e integrantes de las fuerzas sociales que hicieron posible esta victoria que tiene proyecciones más allá de las fronteras de la propia patria. Para los que estén en la pampa o en la estepa, para los que me escuchan en el litoral, para los que laboran en la precordillera, para la simple dueña de casa, para el catedrático universitario, para el joven estudiante, el pequeño comerciante o industrial, para el hombre y la mujer de Chile para el joven de la tierra nuestra, para todos ellos, el compromiso que yo contraigo ante mi conciencia y ante el pueblo -actor fundamental de esta victoria- es ser auténticamente leal en la gran tarea común y colectiva. Lo he dicho: mi único anhelo es ser para ustedes el Compañero presidente.

Chile abre un camino que otros pueblos de América y del mundo podrán seguir. La fuerza vital de la unidad romperá los diques de la dictadura y abrirá el cauce para que los pueblos puedan ser libres y puedan construir su propio destino.

Somos lo suficientemente responsables para comprender que cada país y cada nación tiene sus propios problemas, su propia historia y su propia realidad. Y frente a esa realidad serán los dirigentes políticos de esos pueblos los que adecuarán la táctica que deberá adoptarse.

Nosotros sólo queremos tener las mejores relaciones políticas, culturales, económicas, con todos los países del mundo. Sólo pedimos que respeten -tendrá que ser así- el derecho del pueblo de Chile de haberse dado el gobierno de la Unidad Popular.

Somos y seremos respetuosos de la autodeterminación y de la no intervención. Ello no significará acallar nuestra adhesión solidaria con los pueblos que luchan por su independencia económica y por dignificar la vida del hombre.

Sólo quiero señalar ante la historia el hecho trascendental que ustedes han realizado, derrotando la soberbia del dinero, la presión y amenaza, la información deformada, la campaña del terror, de la insidia y la maldad. Cuando un pueblo ha sido capaz de esto, será capaz también de comprender que sólo trabajando más y produciendo más podremos hacer que Chile progrese y que el hombre y la mujer de nuestra tierra, la pareja humana, tengan derecho auténtico al trabajo, a la vivienda, a la salud, a la educación, al descanso, a la cultura y a la recreación, juntos, con el esfuerzo de ustedes vamos a hacer un gobierno revolucionario.

La revolución no implica destruir sino construir, no implica arrasar sino edificar; y el pueblo chileno está preparado para esa gran tarea en esa hora trascendente de nuestra vida.

Compañeras y compañeros, amigas y amigos: Cómo hubiera deseado que los medios materiales de comunicación me hubieran permitido hablar más largamente con ustedes y que cada uno hubiera oído mis palabras, húmedas de emoción, pero a la vez firmes en la convicción de la gran responsabilidad que todos tenemos y que yo asumo plenamente.

Yo les pido que esta manifestación sin precedentes se convierta en la demostración de la conciencia de un pueblo. Ustedes se retirarán a sus casas sin que haya el menor asomo de una provocación y sin dejarse provocar. El pueblo sabe que sus problemas no se solucionan rompiendo vidrios o golpeando un automóvil. Y aquéllos que dijeron que el día de mañana los disturbios iban a caracterizar nuestra victoria, se encontrarán con la conciencia y la responsabilidad de ustedes. Irán a sus trabajos, mañana o el lunes, alegres y cantando; cantando la victoria tan legítimamente alcanzada y cantando al futuro. Con las manos callosas del pueblo, las tiernas manos de la mujer y la sonrisa del niño, haremos posible la gran tarea que sólo un sueño responsable podrá realizar. El hecho de que estemos esperanzados y felices, no significa que nosotros vayamos a descuidar la vigilancia: el pueblo, este fin de semana, tomará por el talle a la patria y bailaremos desde Arica a Magallanes, y desde la cordillera al mar, una gran cueca, como símbolo de la alegría sana de nuestra vida.

Pero al mismo tiempo mantendremos nuestros comités de acción popular, en actitud vigilante, en actitud responsable, para estar dispuestos a responder a un llamado -si es necesario- que haga el comando de la Unidad Popular.

Llamado para que los comités de empresas, de fábricas, de hospitales, en las juntas de vecinos, en los barrios y en las poblaciones proletarias, vayan estudiando los problemas y las soluciones; porque presurosamente tendremos que poner en marcha el país. Yo tengo fe, profunda fe, en la honradez, en la conducta heroica de cada hombre y de cada mujer que hizo posible esta victoria. Vamos a trabajar más. Vamos a producir más. Este triunfo debemos tributarlo en homenaje a los que cayeron en las luchas sociales y regaron con su sangre la fértil semilla de la revolución chilena que vamos a realizar.

Quiero antes de terminar, y es honesto hacerlo así, reconocer que el gobierno entregó las cifras y los datos de acuerdo con los resultados electorales. Quiero reconocer que el jefe de plaza, General Camilo Valenzuela, autorizó este acto, acto multitudinario, en la convicción y certeza que yo le diera de que el pueblo se congregaría, como está aquí en actitud responsable, sabiendo que ha conquistado el derecho a ser respetado en su victoria, el pueblo que sabe que entrará conmigo a La Moneda el 4 de noviembre de este año.

Quiero destacar que nuestros adversarios de la Democracia cristiana han reconocido en una declaración, la victoria popular. No le vamos a pedir a la derecha que lo haga. No lo necesitamos. No tenemos ningún ánimo pequeño en contra de ella. Pero ella no será jamás capaz de reconocer la grandeza que tiene el pueblo en sus luchas, nacida de su dolor y de su esperanza.

Nunca como ahora, sentí el calor humano; y nunca como ahora la canción nacional tuvo para ustedes como para mí tanto y tan profundo significado. En nuestro discurso lo dijimos: somos los herederos de los padres de la patria y juntos haremos la segunda independencia: la independencia económica de Chile.

Les digo que se vayan a sus casas con la alegría sana de la limpia victoria alcanzada. Esta noche, cuando acaricien a sus hijos, cuando busquen el descanso, piensen en el mañana duro que tendremos por delante, cuando tengamos que poner más pasión, más cariño, para hacer cada vez más grande a Chile, y cada vez más justa la vida en nuestra patria.

Gracias, gracias, compañeras. Gracias, gracias, compañeros. Lo mejor que tengo me lo dió mi partido, la unidad de los trabajadores y la Unidad Popular.

A la lealtad de ustedes, responderé con la lealtad de un gobernante del pueblo, con la lealtad del compañero Presidente.

Allende habla desde los balcones de la FECH (Septiembre 4, 1970)

Allende habla desde los balcones de la FECH (Septiembre 4, 1970)