Lengua y verso en La bayamesa. Aproximación a la tradición discursiva del himno nacional cubano

Dos mambisas con bandera rebelde. (Actual Bandera Nacional) Fondo Cubano, Grupos de Mambises, BNJM.

 

Por Pedro de Jesús

En 2018 hará siglo y medio de que para La bayamesa, cantada públicamente, empezó el largo e inflexible destino que signa a las obras patrimoniales del pueblo. Varios son los asuntos que en relación con ella han suscitado el interés de estudiosos e investigadores cubanos. Situarla en las coordenadas discursivas en que surgió y se integra, para explicar algunas de sus peculiaridades lingüísticas y versológicas, poco o mal atendidas, es el propósito que ahora me anima.

El himno es un canto de guerra que apela, literalmente, a un interlocutor plural: los bayameses. A los miembros de ese grupo humano se les conmina a escuchar el sonido del clarín y correr al combate, sin temer –por gloriosa o útil– la muerte que pudiera sobrevenirles.

Aparte de los vocablos bayameses y valientes, las formas lingüísticas con que se designa a ese destinatario múltiple ya no se usan en el español hablado en Cuba: corred, os, temáis, escuchad. Para los cubanos de hoy constituyen arcaísmos, la impronta casi arqueológica del pronombre personal vosotros.

Esto significa que si el himno fuese escrito ahora, tendría que decirles a los bayameses: al combate corran, la patria los contempla orgullosa, no teman una muerte gloriosa, del clarín escuchen el sonido y a las armas, valientes, corran. Acudiría a formas verbales y pronominales correspondientes no a vosotros, sino a ustedes, pronombre que usamos para interpelar a la segunda persona del plural.

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La trascendencia de las “Bayamesas”; la canción romántica y el himno patriótico

Por Eduardo Torres Cuevas

I. En torno a “La Bayamesa” de Fornaris, Castillo y Céspedes:

En la historia política, literaria y musical de Cuba y, en particular, de Bayamo, han sido compuestos y musicalizados más de un poema con el título de La Bayamesa. Los originales, incluso, han sido objeto de distintas versiones. Ello se debe a que, en muchas ocasiones, la trasmisión fue oral u objeto de circunstancias en las que su popularidad provocó cambios de letra e, incluso, en la propia melodía. La primera pieza musical conocida a la que se denominó así tuvo su origen en el ambiente cultural bayamés de mediados del siglo XIX.

Pedro Felipe Figueredo Cisneros y Carlos Manuel de Céspedes y del Castillo unieron a un grupo de jóvenes amantes de la música, de la poesía y, en general, de la literatura y el teatro al crear la sociedad La Filarmónica de Bayamo. Figueredo fue su presidente; su secretario, Céspedes. Algunos de ellos, como los casos de Figueredo, Céspedes, Aguilera, Lucas del Castillo, Zenea y Fornaris se habían formado en España, Estados Unidos y Francia, así como en La Habana y Santiago de Cuba. Estos mantenían estrechas relaciones con sus amigos y afines en esos lugares. Al mismo tiempo, el entorno social y natural de la región los cautivaba por lo que hacían todos los esfuerzos para, utilizando las tendencias literarias, artísticas y musicales de la época, expresar sus sentimientos adheridos a las bellezas humanas y naturales de la región. Las costumbres de entonces, sobre todo de la élite juvenil bayamesa, amante de las letras y las artes, incluían la frecuente presencia en los teatros, los saraos familiares y, para los más jóvenes, los encuentros nocturnos que no pocas veces terminaban frente a la morada de alguna muchacha a la que algún integrante del grupo cortejaba. Organizaban entonces una serenata y la joven en cuestión podía asomarse a la verja de su ventana para escucharla.

El 18 de marzo de 1851 estaban reunidos un grupo de jóvenes pertenecientes a La Filarmónica. Sus nombres eran José Fornaris, Francisco Castillo Moreno, Carlos Manuel de Céspedes y Carlos Pérez. Francisco Castillo Moreno, enamorado de Luz Vázquez, su novia o, quizás, su esposa, hermana esta de Isabel Vázquez, la esposa de Pedro Figueredo, propuso dedicarle una canción. Fornaris se comprometió con la letra; Castillo y Céspedes con la melodía. Al día siguiente ya José Fornaris había compuesto los versos y antes del 27 de marzo, Castillo y Céspedes los musicalizaron. En esa misma jornada, cerca de la medianoche, concurrieron todos a la casa de Luz Vázquez, en la calle El Salvador. Allí, con la guía vocal de Carlos Pérez, entonaron por primera vez los versos de La Bayamesa:

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Sobre el himno nacional cubano. A propósito del Proyecto de Constitución

Ilustración: Catalina Pérez Camargo. Sobre la historia de Candelaria Figueredo. (Especial para La Cosa)

Por Pedro de Jesús

El artículo 4 del Proyecto de Constitución que los cubanos discutimos reza: «Los símbolos nacionales son la bandera de la estrella solitaria, el himno de Bayamo y el escudo de la palma real.»

Nada hay de reprochable, al parecer, en la expresión.

Los comentarios que siguen esperan demostrar que, sin embargo, resultaría muy pertinente la introducción de ciertos cambios relacionados con el nombre y las particularidades ortotipográficas con que se hace referencia a nuestro himno nacional.

Para empezar, revisemos los textos constitucionales anteriores donde se menciona la composición.

Tanto en la Constitución de 1940 —donde primero se registra— como en la Ley Fundamental de 1959 dice: «El himno nacional es el de Bayamo, compuesto por Pedro Figueredo.»

Para hablantes y lectores cubanos medianamente competentes en la lengua española resulta claro que en esa oración la pieza se designa a través de una construcción que indica procedencia, parafraseable como ‘el himno que nació en Bayamo’, ‘el himno que por vez primera se cantó en Bayamo’, etc.  Si se tratara de un título, los redactores y editores del texto tenían, en la época, otras dos opciones válidas para indicarlo —el uso de comillas o de la letra cursiva—, las cuales desdeñaron. O bien: «Himno de Bayamo». O bien: Himno de Bayamo. Seguir leyendo “Sobre el himno nacional cubano. A propósito del Proyecto de Constitución”

La Marsellesa, de Jean Renoir

Ver online La Marsellesa

“La Marsellesa surgió en 1937-38 como un encargo político del Frente Popular, destinado a película-foco de resistencia y de movilización de la memoria histórica de las clases medias y obreras de Francia, frente a la marea creciente del expansionismo fascista nazi. Era Renoir hombre de la izquierda y lo era de forma callada y no gestual o verbalmente radical, pero no tenía condición de hombre de partido, y desde el poder le encargaron (en parte tal vez por eso y como forma de limar las disensiones intestinas frentepopulistas) hurgar en los orígenes del canto nacional francés y recordar el origen revolucionario de una música que entonaban también como propia los fascistas franceses, frente a los que había que marcar las distancias y decirles que esos acordes fueron llevados como una antorcha, a lo largo de la gran caminata desde su ciudad a París, por los soldados de un regimiento de Marsella, compuesto de parias revolucionarios sublevados, contra un rey que era custodiado por otro regimiento, éste compuesto por reaccionarios, atildados y disciplinados mercenarios reclutados en la Suiza alemana, que hablaban en alemán, como la mujer austríaca del rey, por lo que éste era, en palabras esculpidas por Saint-Just, un “bárbaro extranjero”. Y ese impulso “promarsellés y antialemán” alentó, sin mover un sólo grano de la tentación racista o nacionalista, a Jean Renoir a convertir en cine la música, sonora o callada, de la imaginación jacobina. Eso es, en definitiva, LA MARSELLESA“.

Texto: Ángel Fernández-Santos, “La Marsellesa”,
en Jean Renoir, rev. Nosferatu, nº 17-18, marzo 1995.

FICHA TÉCNICA DE LA PELÍCULA

Título: “La Marsellesa” (“La Marseillaise”)
Director: Jean Renoir
Intérpretes: Pierre Renoir, Lise Delamate, Louis Jouvet, Jean Aquistapace, Aimé Clariond, Andrex, Edmond Ardisson…
Año: 1937
Guión: Jean Renoir, con Carl Koch, N. Martel Dreyfus y Mme. Jean-Paul Deyfus (asesores históricos)
Fotografía: Jean-Paul Alphen, Jean Bourgoin, Alain Dovarinov, Jean-Marie Maillols.
Música: Joseph Kosma. Lalande, Gretry, Rameau, Mozart, Bacha, Rouget de Lisle, y Sauveplane.
Duración: 135
País: Francia