El populismo hoy: una introducción

 

Por Julio César Guanche

El populismo es hoy un tópico global. En América latina es una de las tradiciones políticas con mayor presencia histórica. El cuerpo de análisis dedicado al tema —desde todo tipo de enfoques políticos y metodológicos— es uno de los acervos fundamentales de las ciencias sociales en el continente, siendo clave para varias disciplinas: economía, sociología, teoría política o historia.

Sin embargo, “populismo” es un concepto político ambiguo, que abarca una enorme cantidad de situaciones desiguales. El relanzamiento del término se ubica en la emergencia en el continente de la discusión sobre liderazgos “personalistas” que afirmaron, en los 90, políticas económicas neoliberales o, en cambio, procesos pos-neoliberales, en los 2000. Los primeros han sido llamados “neo-populismos”, los segundos “populismos radicales”, o populismos de “baja” y “alta” intensidad.

La necesidad de situar prefijos como “neo” o adjetivos como “radicales” parte de reconocer un populismo histórico, que también ha sido llamado “clásico”, cuyas características harían re-calificar otras experiencias “similares” con añadidos a la denominación de origen.

La experiencia del populismo “clásico” está fechada. Bajo ese concepto, se han estudiado los procesos liderados por Juan Domingo Perón (Argentina, 1946-55), Getulio Vargas (Brasil, 1930-45/1951-54), y Lázaro Cárdenas (México, 1934-40). Reconociendo diferencias con los “modelos” estructurados en estos países, se citan también como populistas los procesos seguidos bajo los mandatos de Víctor Paz Estenssoro (Bolivia, 1952-56/1960-64), Hernán Siles Suazo (Bolivia, 1956-60) y de José María Velasco Ibarra (Ecuador, con mayor influencia en sus primeros tres periodos de gobierno, 1934-35, 1944-47 y 1952-56). En funciones de “espíritu de época”, se extiende la cobertura de su nombre al aprismo peruano, al gaitanismo colombiano, al autenticismo y la ortodoxia cubanos y al proyecto PPDista en el Puerto Rico de la década de 1940. Las fechas aludidas muestran un denominador común: la gestación del populismo “clásico” tuvo lugar entre los 1930 y los 1950.

En contraste con la “mala prensa” que hoy padecen, los procesos populistas “clásicos”aparecían frente a los sujetos que le fueron contemporáneos también con estos rostros: la emergencia del pueblo como actor político, el acceso a la ciudadanía, la redención de humillaciones históricas y la reparación de injusticias sociales.

Estas características, frente a las del personalismo y la demagogia, parecen explicar mejor por qué líderes como Lázaro Cárdenas o Juan Domingo Perón devinieron mitos nacionales en sus respectivos países. Si el populismo clásico se asocia a momentos políticos de enorme importancia en los países en que se desarrolló —el cardenismo es considerado como la realización de la revolución mexicana y la revolución nacional boliviana de 1952 es un “momento constitutivo” de la historia de ese país—, es útil entender las razones que hicieron esto posible, más allá de la crítica de la cultura política de las masas que se “entregaron” al populismo, o de las explicaciones centradas en el papel de sus liderazgos.

En nuestros días, la referencia al populismo padece un enfoque “periodístico” atrozmente simplista que lo usa para calificar todas las respectivas fobias políticas. Son llamados populistas Bernie Sanders y Donald Trump, Jean Marie Le Pen y Hugo Chávez, Podemos y el Movimiento por una Hungría Mejor; y cualquiera que arroje promesas, como si se tratara de perlas a los cerdos, sobre las “masas”. Para estos enfoques, el populismo se asocia solo con estilos políticos personalistas y demagógicos. Es una “patología del siglo XX”, reeditada en el XXI. Seguir leyendo “El populismo hoy: una introducción”

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Populismo y régimen representativo.  Un análisis desde el corporativismo en la Cuba de los 1930

 

Julio César Guanche

Actualmente, un extendido consenso teórico sitúa, como causa de la emergencia del populismo, la reacción frente a la crisis del sistema institucional representativo. Ese consenso afirma que tal reacción toma formas antinstitucionales y críticas de la representación, que terminan por desmontar el entramado democrático.

En esta lógica, el populismo (en este texto me referiré solo al considerado “clásico” en América Latina, verificado entre los 1930-1950) se ancla en la crítica a la institucionalidad democrática puesta al servicio del orden oligárquico. El problema, para dicho argumento, son sus costos: la entronización del “reinado del pueblo”, la reducción de la heterogeneidad política, el desmantelamiento del entramado institucional de la democracia representativa, la concepción monolítica de la voluntad popular, y la autonomización del poder que se arroga la representación del pueblo.

Representación de la “vieja” política (oligárquica) y la “nueva” política (social), también de la “Cuba nueva”

 

Su proyecto estructuraría, siguiendo este argumento, tensiones tanto con el liberalismo como con el entramado republicano, con los que colisiona en tanto pone en solfa los elementos que el liberalismo aseguraría para la democracia: derechos fundamentales, separación de poderes, existencia de mediaciones representativas como el parlamento y el espacio público, y la separación entre público y privado.

El argumento opera con una noción de democracia (liberal) como cuestión básicamente procedimental. Con ello, la reduce a un “régimen político”. Kurt Weyland lo hace así en en su caracterización del populismo: este da “forma a patrones de reglamentación política, y no a la distribución de beneficios o pérdidas socioeconómicas”. La perspectiva se remite al debate sobre “sistema institucional, reglas conocidas y resultados inciertos”, en un formato que contiene específicos actores, reglas e instituciones. No obstante, la demanda por reconocer la cuestión social, y por hacerla inscribir en las políticas estatales, que es central en el populismo, entiende a la democracia como un “sistema productor de decisiones económico-sociales”.

La reconstrucción de las propuestas sobre cómo representar políticamente al pueblo por parte de los actores populistas “clásicos” ilumina lo problemático de la visión negativa de la soberanía popular, homogénea, antirrepresentativa y “absolutista”, que se le atribuye genéricamente al populismo. En ello, aparece la dificultad de trazar una clara línea divisoria entre propuestas populistas, y contenidos liberales y republicanos. Seguir leyendo “Populismo y régimen representativo.  Un análisis desde el corporativismo en la Cuba de los 1930”

México: Aquel 18 de marzo de 1938, cuando se expropió el petróleo

petroleo

Por Adolfo Gilly

La reunión de gabinete en la cual el presidente Lázaro Cárdenas anunció la decisión de expropiar a las empresas petroleras y obtuvo su aprobación tuvo lugar el viernes 18 de marzo a las 20 horas. Eduardo Suárez, el secretario de Hacienda, refirió en sus memorias su participación en esa reunión. Dice que días después de su conversación con el Presidente, a la salida de la entrevista que tuvieron el 7 de marzo con los representantes de las empresas petroleras, precisamente el día 18 de marzo,

“el señor Presidente me citó para que me presentase en su domicilio particular en Los Pinos. Esperé un poco en la antesala y vi salir al señor licenciado Lombardo Toledano, secretario de la Confederación de Trabajadores de México, y a los líderes del Sindicato Petrolero. Enseguida el señor Presidente me invitó a que lo acompañara en su automóvil a que diéramos algunas vueltas por el Bosque de Chapultepec, para ponerme al tanto de lo que había determinado que debía hacerse y para que nos reuniésemos posteriormente con los miembros del gabinete presidencial, a quienes tenía reunidos en el Palacio Nacional.

“Durante el trayecto me pidió que explicara en su nombre al Consejo de Ministros todos los esfuerzos que se habían hecho para llegar a un acuerdo con los trabajadores de la industria petrolera y con las empresas; que la huelga estaba ya causando muy serios trastornos a la economía nacional y que no podía continuar así por tiempo indefinido pues, como yo sabía, la industria y los transportes de México se movían principalmente con productos del petróleo y que la huelga, de prolongarse algunos días más, tendría la consecuencia de paralizar la economía nacional; que en vista de la intransigencia de las compañías para negociar, no le quedaba más remedio que expropiar los bienes de las compañías petroleras en su integridad, y que ya había dado instrucciones a la Secretaría de Economía Nacional para que se preparasen los efectos correspondientes.

“Llegamos a Palacio, y en el salón de Consejo de la Presidencia de la República el señor general Cárdenas me dio la palabra para exponer lo que habíamos hablado en nuestro paseo por el Bosque de Chapultepec. Todos los ministros aprobaron la resolución tomada, y el decreto de expropiación fue firmado ahí mismo por el señor Presidente y refrendado por el señor don Efraín Buenrostro, secretario de Economía Nacional, y por mí, en mi carácter de secretario de Hacienda.”

En ese momento, 18 de marzo a la tarde, eran por los menos tres los secretarios de Estado al tanto de la decisión del Presidente: uno, el general Múgica, con quien la discutió el 9 de marzo y a quien encargó al día siguiente preparar el manifiesto a la nación que sería leído esa noche; los otros dos, informados ese 18 de marzo con anterioridad a la reunión de gabinete, el secretario de Hacienda Eduardo Suárez, encargado de presentar el informe en dicha reunión, y el secretario de Economía Efraín Buenrostro, encargado de preparar las medidas administrativas. Parece lógico suponer que a esa altura el secretario de la Defensa Nacional, Manuel Ávila Camacho, también estaba al tanto de la decisión que Cárdenas comunicaría en esa reunión. Seguir leyendo “México: Aquel 18 de marzo de 1938, cuando se expropió el petróleo”