Los costos de la vida: (re)pensar la ciudadanía para los ciudadanos

Por Ailynn Torres Santana

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En Cuba, la apelación a la ciudadanía como categoría política ha sido relativamente escasa en las últimas casi seis décadas. El «pueblo» ha servido para comunicar con mayor asiduidad el contenido plebeyo del programa post-1959. El pueblo emprendió la épica más grande del proceso y constituyó el asidero de una agenda expresamente dirigida hacia los desposeídos de la política y de la nación. Más allá de la Carta Magna de la República (1976), son más bien escasas las alusiones a los ciudadanos. A la fecha, sin embargo, parece producirse un retorno al «ciudadano» como categoría política de interlocución con el Estado. Sin desestimar las referencias al pueblo, los documentos oficiales y discursos más recientes interpelan directamente a la ciudadanía para comunicar deberes, derechos y lealtades, de cara a la política oficial de la Revolución. En los textos «Conceptualización del modelo económico y social de desarrollo socialista» y «Plan nacional de desarrollo económico y social hasta 2030» (PCC, 2016) aparece más de treinta veces —tanto como en la Constitución— la referencia a los ciudadanos y a la ciudadanía. Una revisión comparada de esos y otros títulos confirma que esa categoría configura un «nuevo» núcleo político dentro del discurso oficial cubano. La novedad se acompaña de otras, como el reconocimiento de la propiedad privada dentro del espectro de posesiones de individuos y grupos. Ambas, como veremos en lo adelante, guardan relación.

Una vez que se confirma que la ciudadanía es un núcleo discursivo-político presente en la Cuba contemporánea, surge el interés por debatir, en distintos planos, sobre cuáles son las concepciones de ella que operan en esos discursos. Quizás por su misma ausencia en el campo político, la academia cubana no ha planteado con seriedad su análisis como categoría; por tanto, su irrupción, en cierta medida, se produce ante un vacío analítico sobre sus contenidos, los debates que plantea y sus posibilidades como dispositivo político. Este texto se dirige, fundamentalmente, a comenzar a llenar ese espacio, atendiendo a una razón principal: el modo en que definamos la ciudadanía está íntimamente ligado al tipo de sociedad y de comunidad política que queremos (Mouffe, 1999). Sin tal recorrido, no será posible comprender las condiciones de posibilidad de las ciudadanías —históricas y contemporáneas— ni lo que está en juego cuando se apela a ellas.

De acuerdo con lo anterior, propongo analizar, con la realidad cubana de fondo, las concepciones de la ciudadanía que amparan diferentes tradiciones políticas. Para ello recurriré a un debate grueso: la relación entre ciudadanía y propiedad; y a un marco de discusión: el de los debates entre liberalismo y republicanismo. Seguir leyendo “Los costos de la vida: (re)pensar la ciudadanía para los ciudadanos”

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José Martí: La república democrática proyectada

Foto: Kako Escalona / ShutterStock

 

Los parágrafos 23 y 24, correspondientes al Preámbulo, del Anteproyecto de Constitución en Cuba, proponen:

“23. nuestra voluntad de que la ley de leyes de la República esté presidida por este profundo anhelo, al fin lo­grado, de José Martí:

“24. “Yo quiero que la ley primera de nuestra República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”;”

Para conocer el pensamiento de José Martí sobre la República —como contenido y programa políticos, y no solo como forma de gobierno—, esta es una de mis lecturas recomendadas. Su autor, Paul Estrade, es una de las máximas autoridades mundiales en el pensamiento del Apóstol. Seguir leyendo “José Martí: La república democrática proyectada”

La democracia republicana fraternal y el socialismo con gorro frigio, de Antoni Domènech

 

La democracia republicana fraternal y el socialismo con gorro frigio

 

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Ha sido publicado por La Editorial Ciencias Sociales, en la Habana, este libro: La democracia republicana fraternal y el socialismo con gorro frigio, de Antoni Domènech Figueras.

Toni Domènech, como le decían sus amigos, es, en mi opinión, el más importante filosofo político en idioma español que desde el siglo XX hasta hoy se haya concentrado en los temas de la república, la democracia, el marxismo y el socialismo. Esos eran sus temas principales, pero para tratarlos se desempeñaba con toda naturalidad en campos tan disímiles como la filología clásica, la economía política, la psicología cognitiva o las matemáticas.

He conocido y tratado de cerca a varios grandísimos intelectuales, pero la erudición y profundidad de Domènech me sigue asombrando entre todos.

Este es un libro difícil de leer. Ojalá muchos se aventuren a hacerlo. Hoy, que se rinde culto y es obligación citar a tanto “mequetrefe”, diría el propio Domènech, que será un absoluto desconocido en apenas pocos años, estoy convencido que esta lectura tiene el poder de los clásicos: estar y seguir ahí a pesar de las modas y las contramodas.

El profesor Domènech falleció temprano, cuando aún por edad podía seguir ofreciendo muchísimo. Este libro, que sale ahora con carácter de póstumo, es su primera edición mundial. El autor accedió a publicarlo en Cuba, donando sus derechos para una edfición no comercial y esperando muchos años para verlo publicado. La vida no le alcanzó para verlo en sus manos. 

Antes de este, había publicado El Eclipse de la fraternidad. Una revisión republicana de la tradición socialista, por Crítica, que en breve será reeditado por AKAL. Ese libro es considerado un clásico contemporáneo.

(Ver aquí otro libro suyo: https://jcguanche.wordpress.com/2018/01/14/de-la-etica-a-la-politica-de-la-razon-erotica-a-la-razon-inerte-de-antoni-domenech/)

En Cuba fue publicado gracias al apoyo de Zuleica Romay Guerra, en ese momento presidenta del Instituto Cubano del Libro. Por parte de la Editorial de Ciencias Sociales, la labor de Gladys Hernández fue imprescindible.

Dejo aquí un párrafo, como homenaje al autor, de una breve charla que Domènech dio a sus alumnos en Barcelona, al iniciar un nuevo curso escolar.

“La ciencia es un reconocimiento de una Humanidad madura. Es un reconocimiento de impotencia y de humildad. Lo otro, las verdades absolutas, queda para curas y para extremistas adolescentes. Que dejen de decirnos de qué va la vida, que la vida es esto, somos un producto extremadamente improbable de la evolución de cuatro bases químicas en el planeta Tierra, que ya es un planeta muy improbable, y estamos aquí para entender un poco de qué va esto y de volver a morirnos. Somos una especie de fogonazo en la oscuridad. Así que, chicos, aprovechad el fogonazo. El fogonazo se aprovecha aprendiendo en serio, no fantaseando o creyendo que uno ya lo sabe todo, que no hay nada por conocer. El tiempo es corto y no hay nada más divertido que saber cosas, y espero que para eso os sirva pasar por la universidad.”

¡Hasta la República siempre, Toni Domènech!

A continuación reproduzco el breve prólogo que Domènech escribió a la edición cubana.

Dedicatoria

Para María Julia Bertomeu, mujer de curiosidad deliciosa, ciudadana sin tacha, tierna compañera de vida, de estudio y de combate  

Prólogo cubano

Este libro contiene un conjunto hasta ahora disperso de trabajos, notas, entrevistas y apuntes publicados entre 1999 y 2012. Muchos amigos y colegas jóvenes han venido insistiendo desde hace tiempo en la utilidad de reunirlos en un volumen y hacerlos más fácilmente accesibles al posible público interesado. Ninguno logró hasta ahora vencer la pasiva renuencia del autor, nacida –me temo— de una especie de ingénita indolencia quevediana:

A mí han de heredarme

mis propios deseos:

que hago ajeno al punto

lo que acá me dejo…

Sólo a la amable y enérgica tenacidad de Julio César Guanche se debe este volumen, que me obliga a reapropiarme de material vario dejado acá y allá en los tres últimos lustros.

El material se distribuye aquí en cuatro bloques temáticos.

El primero está constituido por distintos textos en torno a la historia de la libertad política republicana. Varios de esos textos guardan una relación más o menos mediata con mi viejo libro de 1989 De la ética a la política. De la razón erótica a la razón inerte (Barcelona, Editorial Crítica).

El segundo, que gira en torno a la fraternidad republicana democrático-revolucionaria y su legado normativo al socialismo contemporáneo, está compuesto por materiales –textos, entrevistas— directa o indirectamente relacionados con mi libro de 2004 El eclipse de la fraternidad. Una revisión republicana de la tradición socialista (Barcelona, Editorial Crítica).

El tercer bloque reúne material de crítica académica: una curiosa entrevista con un estudiante mexicano sobre izquierda académica e Ilustración, además de dos textos –también para auditorio estudiantil, esta vez barcelonés— sobre la autonomía universitaria y sobre la crisis actual de la universidad y el lugar de las ciencias sociales en esa crisis.

El cuarto bloque se centra en Marx, marxismo y tradición política republicano-democrática. Marx dijo una vez –refiriéndose a Lassalle— que la esencia del sectarismo consiste en presentarse como inaugurador fundacional de una corriente radicalmente nueva de pensamiento y de acción. Buena parte de la falsificación que de Marx han hecho distintos “marxismos” del siglo XX consistió precisamente en eso, en desfigurarlo y simplificarlo –y desmentirlo— como originador de una doctrina tan mostrenca, y mefítica, como sectaria. Cuando, en cambio, se ve a Marx y a Engels, por lo pronto, como parte de la tradición del movimiento obrero contemporáneo, y más de fondo, como parte y continuación de una inveterada tradición histórico-política –la del republicanismo democrático-revolucionario—, no sólo se restaura la verdad histórica sobre la obra de unos pensadores y hombres de acción sin par, lo que no es poca cosa, sino que se abre una ventana a la recuperación de su formidable legado científico y político para pensar de modo fresco e inteligente el presente.

Los materiales que contiene cada uno de los bloques temáticos están ordenados cronológicamente. Mucho agradezco al Instituto Cubano del Libro, y particularmente a la señora Gladys Hernández, el esmero puesto en las tareas de edición.

Antoni Domènech

Un episodio sobre el tema de la “dependencia extranjera” en la historia política cubana.

Por Julio César Guanche

En Cuba, en los 1930 cuando ciertos actores hablaban de contener el “totalitarismo extranjerizante”, estaban hablando del comunismo soviético.

En esa lógica, la acusación de “dependencia extranjera” aludía a la membresía, por parte del Partido comunista cubano, a la Tercera Internacional (Comunista). El PC sería la “quintacolumna” que podía comprometer el “sistema democrático representativo” del país, a favor del “totalitarismo”.

Por ello, en la Convención Constituyente de 1939-1940,  personas como José Manuel Casanova, uno de los líderes del Partido Liberal, pretendieron la ilegalización del PC. Esta propuesta fue derrotada con respuesta mayoritaria de la Convención, que en cambio acusó a esa posición de Casanova, precisamente, de antidemocrática.

El sello postal que reproduzco pertenece a una serie que representó el motivo defendido por Casanova: la amenaza a la República por parte del Comunismo. La alianza del PC con Batista (1938-1944) ha sido leída críticamente con niveles variados de complejidad, y conserva todo su carácter polémico como un “error” del PC en la fecha, pero es más escasa la duda sobre este hecho: el PC fue un destacado actor democrático (con gran compromiso por la justicia social y racial) en dicha Convención.

La Marsellesa, de Jean Renoir

Ver online La Marsellesa

“La Marsellesa surgió en 1937-38 como un encargo político del Frente Popular, destinado a película-foco de resistencia y de movilización de la memoria histórica de las clases medias y obreras de Francia, frente a la marea creciente del expansionismo fascista nazi. Era Renoir hombre de la izquierda y lo era de forma callada y no gestual o verbalmente radical, pero no tenía condición de hombre de partido, y desde el poder le encargaron (en parte tal vez por eso y como forma de limar las disensiones intestinas frentepopulistas) hurgar en los orígenes del canto nacional francés y recordar el origen revolucionario de una música que entonaban también como propia los fascistas franceses, frente a los que había que marcar las distancias y decirles que esos acordes fueron llevados como una antorcha, a lo largo de la gran caminata desde su ciudad a París, por los soldados de un regimiento de Marsella, compuesto de parias revolucionarios sublevados, contra un rey que era custodiado por otro regimiento, éste compuesto por reaccionarios, atildados y disciplinados mercenarios reclutados en la Suiza alemana, que hablaban en alemán, como la mujer austríaca del rey, por lo que éste era, en palabras esculpidas por Saint-Just, un “bárbaro extranjero”. Y ese impulso “promarsellés y antialemán” alentó, sin mover un sólo grano de la tentación racista o nacionalista, a Jean Renoir a convertir en cine la música, sonora o callada, de la imaginación jacobina. Eso es, en definitiva, LA MARSELLESA“.

Texto: Ángel Fernández-Santos, “La Marsellesa”,
en Jean Renoir, rev. Nosferatu, nº 17-18, marzo 1995.

FICHA TÉCNICA DE LA PELÍCULA

Título: “La Marsellesa” (“La Marseillaise”)
Director: Jean Renoir
Intérpretes: Pierre Renoir, Lise Delamate, Louis Jouvet, Jean Aquistapace, Aimé Clariond, Andrex, Edmond Ardisson…
Año: 1937
Guión: Jean Renoir, con Carl Koch, N. Martel Dreyfus y Mme. Jean-Paul Deyfus (asesores históricos)
Fotografía: Jean-Paul Alphen, Jean Bourgoin, Alain Dovarinov, Jean-Marie Maillols.
Música: Joseph Kosma. Lalande, Gretry, Rameau, Mozart, Bacha, Rouget de Lisle, y Sauveplane.
Duración: 135
País: Francia

El eclipse de la fraternidad. Una revisión republicana de la tradición socialista, de Antoni Doménech

 

Un maestro insustituible: Antoni Doménech Figueras (1952-2017).

“Fraternidad significaba en 1790 –cuando Robespierre acuña la divisa: Libertad, Igualdad, Fraternidad— universalización de la libertad republicana y de la reciprocidad en esa libertad que es la igualdad republicana. Es decir, que todos, también los pobres, los humildes, todos los que necesitan depender de otro para vivir, todos quienes, para existir socialmente y pervivir, han de pedir diariamente permiso a otros, criados, trabajadores asalariados, artesanos modestos, campesinos acasillados, mujeres, todas las categorías sociales, en fin, que entonces se incluían entre las “clases domésticas”, todos los miembros de la “familia” (“familia” viene de famuli: esclavos, siervos), salieran del domus subcivil en que la sociedad señorial viejoeuropea (y colonial iberoamericana) les había inveteradamente confinado, para emerger como ciudadanos de pleno derecho a una sociedad civil de libres e iguales. La idea era que nadie necesitara tener que pedir permiso a otro particular para poder existir socialmente, que todo el mundo tuviera su propia base material, sus propios medios de existencia social. Esa idea, que unificó políticamente al “cuarto estado” desprendiéndolo del tercero (los burgueses), entró en fase de eclipse básicamente por dos motivos. Primero, porque la sociedad civil napoleónica dio una apariencia de libertad e igualdad civiles, de libertad e igualdad, esto es, independientes de las bases materiales (la propiedad) en que el republicanismo (de Aristóteles y Cicerón a Jefferson, Kant o Robespierre) las hacía arraigar: de ahí salió la libertad “liberal” en el siglo XIX. (En rigor histórico, no hay “liberalismo” antes del XIX: la propia palabra se inventa en las Cortes de Cádiz, en 1812.) Segundo porque, después del fracaso de la II República francesa de 1848 –la llamada República “fraternal”—, los socialistas políticos, legítimos herederos del legado del republicanismo democrático tradicional, consideraron con buenas razones que, en la era de la industrialización, no era ya viable el viejo programa democrático-fraternal revolucionario de una sociedad civil fundada en la universalización de la libertad republicana por la vía de universalizar la propiedad privada; para ellos no se trataba tanto de una inundación democrática de la sociedad civil republicana clásica, cuanto de la creación de una vida civil no fundada ya en la apropiación privada de las bases de existencia, sino, como dijo Marx, basada en un “sistema republicano de asociación de productores libres e iguales”, es decir, en un sistema de apropiación en común, libre e igualitaria, de las bases materiales de existencia de los individuos. Marx y Engels –y aun Bakunin— nunca perdieron de vista la conexión de este ideal socialista con el viejo ideal republicano-democrático fraternal. El republicanismo se hizo definitivamente invisible, se eclipsó, como tradición histórica cuando los socialistas que vinieron después fueron olvidando en sus formulaciones doctrinales –y en su agitación política cotidiana— esa conexión, para acabar confundiendo muchas veces ellos mismos la tradicional concepción republicana de la libertad –enormemente exigente— con la nueva –y trivial—concepción liberal postnapoleónica.”

Descargar aquí un fragmento del El eclipse de la fraternidad. Una revisión republicana de la tradición socialista.

Una entrevista con Antoni Doménech sobre marxismo y republicanismo:

“Memoria, ideario y práctica de la democracia. Entrevista con Antoni Domènech”: Julio César Guanche