Sí, necesitamos hablar de la cosa, pero necesitamos hablar de varias cosas

Foto: Julio César Guanche

Por Julio César Guanche

  1. Existe, entre cubanos, mucha crítica a la “polarización”. Esta no tiene causas en algún atavismo nacional, tipo “el cubano siempre dice que tú estás completamente equivocado”. Responde, más bien, a la desigualdad en el acceso a lo político. La polarización favorece al que más poder tiene para controlar la voz. Una cultura democrática se preocupa por las voces inaudibles y por la distribución de poder. La política cubana hoy experimenta graves desigualdades entre sus actores.
  2. El triunfo de 1959 caló del modo en que lo hizo por hacer viable un horizonte de igualdad y justicia social, que fue un referente firme en la cultura política cubana, tanto entre adeptos como entre críticos a su modelo. Los 1990 marcaron un antes y un después, una frontera respecto a ese ideal y sus concreciones, posiblemente del tamaño de la referencia que había sido 1959 respecto a su propio pasado.
  3. Es plausible que estemos viviendo actualmente el nacimiento de otra frontera, en momentos de una nueva crisis de los valores de igualdad y justicia social. De ser así, la idea según la cual toda contestación al sistema político cubano busca “la restauración del capitalismo” y el regreso a la “república necolonial,” omite que existen problemas, desencantos, vacíos y disputas legítimas respecto al propio curso de la revolución en el poder, con sus realizaciones, deudas, y derrotas. El  campo de la cuestión racial es un ejemplo ostensible de ello.
  4. La moralización de la política atrinchera a los contendientes. Abundan reclamos de superioridad moral sobre el otro: sea contra el “mercenario”, o contra el “comunista”, contra el “anticubano” o contra el que “no denuncia a la dictadura”. La cultura de la moralización es un impedimento fuerte contra el pluralismo. La elaboración de un otro como ser no moral es el camino para su exclusión, y al, extremo, para su liquidación.
  5. La represión estatal frente a la contestación social, y la naturalización de la injerencia estadunidense en Cuba, son ilegitimidades, no recursos morales.
  6. La violentación del Derecho y la arbitrariedad estatal no tiene solo víctimas  directas, afecta al conjunto de una vida política que se pretenda democrática y a la ética universalista que debe sostenerla.
  7. Los derechos no son para los revolucionarios, sea el espacio público o la salud. Los derechos son para los ciudadanos y las personas. No han estado, y no pueden estar, condicionados por ningún motivo.
  8. La injerencia estadunidense en Cuba, y la política de bloqueo, tiene también víctimas individuales y colectivas. Es una interferencia arbitraria en una comunidad nacional soberana. Su justificación tiene lugar solo desde fuera de cualquier argumentación democrática.
  9. Ciertos enfoques pro-oficiales parecen hoy más enfrascados en justificar la exclusión, que la inclusión. Esa pretensión ha llegado hasta a José Martí, que habría dicho que “todos” no era realmente todos. Nociones reaccionarias sobre la idea del “enemigo” se pretenden ahora también revolucionarias.
  10. En política, el enemigo existe, y es campo de lucha social, política y cultural. Sin embargo, el lenguaje del “enemigo”, como el de la “guerra contra las drogas” en México, es pre político, es incivil.  Convierte el conflicto en amenaza y la diferencia en ofensa. Asegura la existencia del que tiene el poder de definir al enemigo, lo expulsa de la sociedad política y desciviliza la sociedad.
  11. El estado no tiene obligaciones solo con quienes acaten su orden, sino con la comunidad completa de ciudadanos. La construcción colectiva del orden es un derecho. La defensa de tal orden colectivo es un deber. El orden constitucional es un imperativo para todos. El principio de igualdad ante la ley no va sobre que “unos sean más iguales que otros”, o que alguno se arrogue el uso selectivo de la norma que le conviene. El orden constitucional es un paquete, sí, pero en forma de correlación entre derechos y deberes para todos.
  12. Ciertos enfoques pro-opositores parecen creer que el país existe a su imagen y semejanza, que el “ya se acabó”, de la canción de moda, no es una profecía, sino un epitafio. Sus reclamos de “tumbar la dictadura” desconocen que junto con ella tendrían que tumbar a parte —sea del tamaño que crean que sea— del mismo pueblo que prometen liberar. Malinterpretan las bases del Estado cubano, que juzgan sostenido solo sobre la represión. Exigen que toda crítica que se pronuncie sobre el estado de cosas en Cuba se haga en sus propias palabras, cadencia y sintaxis, so pena de ser un “cobarde”, o un “cómplice de la dictadura”. Su horizonte de “tumbar la dictadura” ni siquiera menciona escenarios posibles, y buscados activamente por una zona opositora, de caos y sangre, que no son invención febril del NTV.
  13. Recuerdo que la promesa más grande de las revoluciones en Cuba fue la conquista de la democracia y la integración popular de la nación. Y que tuvo siempre como lenguaje la inclusión. El pan y la libertad, o se salvan juntos, o se condenan los dos, decía José Martí.

La delación de Humboldt 7. Temas en conflicto en torno al “caso Marquitos”

Los mártires de Humboldt 7, de izquierda a derecha: Fructuoso Rodríguez Pérez, Joe Westbrook Rosales, Juan Pedro Carbó Serviá y José Machado Rodríguez.

Por Julio César Guanche

El 20 de abril de 1957 cuatro jóvenes se encontraban en el apartamento 201, del edificio número 7 de la calle Humboldt, en la Habana. Eran parte esencial del nuevo Ejecutivo del Directorio Revolucionario (DR), tras la muerte de su líder y fundador José Antonio Echeverría Bianchi (1932-1957).

En la tarde de ese día, un operativo policial dirigido por el capitán Esteban Ventura Novo —el “más verdugo” de los esbirros batistianos— irrumpió en el inmueble. En la secuencia de hechos resultaron muertos los cuatro jóvenes: Fructuoso Rodríguez Pérez, Juan Pedro Carbó Serviá, José Machado Rodríguez y Joe Westbrook Rosales.

De inmediato, fuentes de la policía identificaron de modo erróneo el cadáver de Joe Westbrook, cuya presencia en el apartamento no era conocida por la policía, y dieron a conocer que otras dos personas se habían dado a la fuga. La seña de uno de ellos era “Marquitos”, y correspondía al nombre de Marcos Armando Rodríguez Alfonso (MR).

Marcos no era miembro del DR. Menos, un combatiente insurreccional. Sus contactos con miembros del Directorio eran de su línea “pacifista”. Entre ellos se encontraban Tirso Urdanivia y Jorge Valls Arango —amigos a su vez de Joe Westbrook—, que fueron expulsados del DR tras el 13 de marzo, por haber desertado de las acciones concebidas para ese día.1

Antes bien, Marcos Rodríguez era considerado por miembros de la FEU y del DR como militante de la Juventud Socialista, filial juvenil del Partido Socialista Popular (Comunista), cuya estrategia de lucha en 1957 se oponía a la insurrección armada.

Nadie fue hecho prisionero en Humboldt 7. La pregunta sobre cómo Ventura conocía de la posible presencia allí de Marcos fue clave para hacer recaer sospechas iniciales sobre él, y también, años más tarde, para su confesión de la delación. La explicación lógica a esa noticia emergía de este modo: Ventura lo reveló para “tapar” la delación de Marcos.

El juicio por la delación (1964) dio lugar al llamado “caso Marquitos”. Sus consecuencias no se limitaron al fusilamiento de su principal protagonista en abril de 1964. El proceso tuvo amplias ramificaciones y abarcó casi todo el espectro político cubano y el núcleo internacional de la Guerra Fría de “lucha contra el comunismo” en la fecha.

Este texto repasa algunos temas polémicos del caso —aunque no son los únicos en debate—: las motivaciones del delator, el papel de Joaquín Ordoqui Mesa y de la CIA en esa historia y la culpabilidad de Marcos Rodríguez, como modo de contribuir a un conocimiento más informado del caso Marquitos, que cuenta con demasiadas “leyendas urbanas” y mitos sobre sí.

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“Verdad y revolución: tres nociones gramscianas para pensar las mediaciones entre ética y política”. Un intercambio

Foto: Julio César Guanche

Este dossier consta de cuatro entregas:

  1. Verdad y revolución: tres nociones gramscianas para pensar las mediaciones entre ética y política Yassel A. Padrón Kunakbaeva.​
  2. Gramsci en su tiempo y en el nuestro (Carta a Yassel Padrón Kunakbaeva) Julio César Guanche
  3. Apostillas a más de una lectura gramsciana: carta a  Julio César Guanche Yassel A. Padrón Kunakbaeva
  4. Revolución, dictadura, derecho legítimo y democracia: otra carta a Yassel Padrón Kunakbaeva Julio César Guanche

(Nota: Si apareciera alguna otra contribución, actualizaré esta entrada. Se reproducen aquí según la edición que hizo Rolando Prats para la publicación de estos textos en Patrias. Actos y Letras.)

Actualización: “Revolución, Estado, Derecho: una relación política (otra carta a Yassel Padrón) Iramís Rosique” (29 de abril de 2021)

  1. Verdad y revolución: tres nociones gramscianas para pensar las mediaciones entre ética y política Yassel A. Padrón Kunakbaeva

​13 de abril de 2021

​Publicado originalmente con el título “Tres nociones gramscianas para pensar las relaciones entre la ética y la política revolucionarias” en la revista El Caimán Barbudo el 6 de abril de 2021. Se publica ahora en versión revisada, corregida y ampliada especialmente para Patrias. Actos y Letras. 

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Lino Dou, por Gerardo Castellanos (pdf)

 

Lino Dou, una de las figuras más destacadas del antirracismo cubano, “visto por su amigo Gerardo  Castellanos”, en libre descarga.

De Lino Dou ha dicho el periodista Eric Caraballoso:

“Aunque el nombre de Lino Dou (Santiago de Cuba, 1871―La Habana, 1939) sea hoy apenas mencionado en Cuba, su obra en favor de su patria y en defensa de la igualdad racial ostenta, sin dudas, un sitial destacado en el periodismo y la vida social, política y cultural de la Isla entre la década final del siglo XIX y las primeras cuatro de la centuria siguiente.” Ver aquí el texto completo de Eric Caraballoso.

 

Descargar en pdf Lino Dou, por Gerardo Castellanos

 

 

 

 

Ni inmovilismo ni excepcionalidad. Democracia, republicanismo y socialismo en Cuba a diez años del inicio de la reforma.

Foto: Julio César Guanche

 

Por Ailynn Torres Santana y Julio César Guanche

 

Desde aproximadamente 2010 Cuba está inmersa en procesos de cambios profundos. No se emplea la palabra «reforma», pero lo es, y ocurre en múltiples dimensiones. Todas estas transformaciones poseen legitimidades y problemas de cara a las necesidades y condiciones de posibilidad de la sociedad y el Estado socialista.

La consulta popular y posterior aprobación en referéndum de una nueva Constitución de la República (2019) fue un punto de llegada respecto a cambios que ya estaban en proceso y que la nueva norma formalizó. A la vez, abrió un momento de profunda transformación legislativa que está implicando la creación o modificación de más de un centenar de leyes y decretos. La ciudadanía ha buscado intervenir el nuevo orden jurídico por distintas vías y con distintos grados de éxito.

En el plano económico, la reforma —más audible a nivel internacional— ha sido largamente planificada y publicitada a través de documentos oficiales. Una década después, sigue en curso, con nuevos contenidos. Al respecto, existieron grandes dilaciones y malas decisiones económicas, algunas de las cuales, más que corregir distorsiones, las han reproducido. Los cambios de ese orden exhibieron problemas para enfrentar temas cruciales, como el empobrecimiento y la desigualdad, persistentes y crecientes en el país desde los años 1990.

La reforma económica ha tenido que desarrollarse en un contexto de cambios en la relación con los Estados Unidos. Si bien el «deshielo» de 2017 dibujó una mejora del escenario, bajo el mandato de Donald Trump regresó el ambiente de hostilidad y el progresivo recrudecimiento de las sanciones que afirman el bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba. El hecho ha contribuido al agravamiento de la crisis económica nacional.

Por su parte, agendas, actores y dinámicas de la sociedad civil registran modificaciones; se amplían las esferas públicas y aumenta la capacidad ciudadana de interpelar, impugnar y negociar con la política institucional. Con toda claridad, esos procesos se conectan con agendas globales y regionales: feministasantirracistasanimalistasgremialesreligiosastípicamente políticas, etc. Los registros ideológicos que encarnan son diversos y no necesariamente pertenecen al espectro de las izquierdas que, a su vez, es heterogéneo a su interior.

El conjunto afirma dos hechos. De una parte, desmiente cualquier tesis de «inmovilismo» dentro del país. De otra, cuestiona la excepcionalidad que se atribuye a la realidad cubana dentro de los análisis latinoamericanos. Por el contrario, son evidentes flujos y correlaciones con otros contextos. Su identificación permite auscultar mejor el ya largo proceso de transformaciones que, a inicios de 2021, se profundiza y arroja preguntas sobre el futuro de la nación y su ciudadanía.

Aquí miramos la reforma cubana a través de cuatro lentes: 1) la reorganización del sistema socioeconómico; 2) los cambios relacionados con la representación política, la cualidad del servicio público de los representantes y las (im)posibilidades de control ciudadano; 3) las transformaciones en el orden de la relación entre ley y derecho, el procesamiento democrático de los mismos y la búsqueda de garantías institucionales para ellos; 4) los conflictos de cara al ejercicio de la participación ciudadana y la sociedad civil. Seguir leyendo “Ni inmovilismo ni excepcionalidad. Democracia, republicanismo y socialismo en Cuba a diez años del inicio de la reforma.”

Recurrencias e insurgencias del debate racial cubano

Foto: Julio César Guanche

 

Por Zuleica Romay Guerra*

 

El uso de turbantes, prenda de vestir de larga y multicultural historia, usualmente asociada a la elegancia, la dignidad, la autoridad y el autocuidado fue centro, en 2020, de una inusitada polémica en la comunidad digital cubana.

La chispa que encendió el debate fue el “reto” lanzado por una joven diplomática, embajadora de la Isla ante la República del Senegal, para vestir un turbante el 25 de mayo, en homenaje al Día Mundial de África.[1]

Al analizar el suceso y sus impactos, varias intelectuales cubanas consideraron que el desbalance entre el tono festivo del challenge y el silencio de los medios sobre el uso político del turbante en las culturas africanas y afrodescendientes, convirtió la conmemoración en un espectáculo superficial y folklorizante.[2]

Tangencialmente, la agencia estatal de noticias mostró receptividad a la crítica, al abordar el asunto el propio día de la celebración.[3]

En las colonias americanas, la policromía y versatilidad del turbante subvirtió la rusticidad del pañuelo reglamentado en la esquifación. Vistiéndolo, las mujeres africanas y y afrodescendientes no solo se sintieron más hermosas, sino también más dignas.

Su utilidad para ocultar objetos valiosos, armas pequeñas o mensajes comprometedores, le confirió, además, valor político. Tales antecedentes motivaron que, al calor del debate, se denunciara la “apropiación cultural” ejercida por personas blancas que visten turbantes, peinan drealocks, o se exotizan a sí mismas sumando a su apariencia vestuarios y abalorios africanos que consideran cool.

La apropiación cultural resulta, sin embargo, un mecanismo de reproducción civilizatoria. Para garantizar sus condiciones de existencia y su reproducción social, las comunidades y grupos humanos reelaboran producciones materiales y espirituales de otras culturas, siempre que resulten adecuadas –o adecuables– a sus necesidades. Seguir leyendo “Recurrencias e insurgencias del debate racial cubano”

Tres libros de Raúl Roa García en pdf

Gracias a la extraordinaria labor del Centro Pablo de la Torriente Brau disponemos de estos libros digitalizados, entre otros muchos títulos. El “Centro Pablo”, bajo la dirección del poeta, cineasta y promotor cultural Víctor Casaus, es la institución nacional que más ha trabajado la memoria cubana de la “generación del 30”.

Aquí pongo para libre descarga tres libros de Raúl Roa García, con agradecimiento al Centro Pablo y con la recomendación de revisar todo el catálogo de sus publicaciones. Por ejemplo, el conjunto de títulos de y sobre Pablo de la Torriente, que es un descomunal esfuerzo editorial. Seguir leyendo “Tres libros de Raúl Roa García en pdf”

El empeño de privatizar la nación. Sobre una “ficha de autor” en Ecured

El empeño de privatizar la nación

Sobre una “ficha de autor” en Ecured

Por Julio César Guanche

 

En los últimos meses he sido uno de los “blancos” de la  tarea en curso de “rescritura” de biografías dentro de Cuba.

He decidido no responder a la inmensa mayoría de esos empeños. Lo hacen con varios fines: aislar al criticado del medio intelectual cubano, diseminar narrativas falsas entre los no conocedores de esa persona, infundir miedo al que pretenda un tipo de participación cívica, impedir cualquier intento por legítimo que sea de organización por parte de ciudadanos,  y hacerlo perder tiempo a uno respondiendo a esa agenda.

Creo que la mejor “respuesta” a ese tipo de cosas es el trabajo hecho, disponible al público, y el que sigamos haciendo. Hoy hago una excepción, debido a un acto particularmente deshonesto.

Es una “reedición” de mi ficha en Ecured, un proyecto de “enciclopedia colaborativa”, según su propia descripción, desarrollado “con el auspicio del gobierno cubano y apoyado por la Oficina Nacional para la Informatización (ONI) y el Instituto de Información Científica y Tecnológica (IDICT).”

En noviembre pasado, un colaborador de esa Enciclopedia me escribió para que leyera la ficha que había creado en ese espacio sobre mi persona y mi trabajo. Contenía algunos errores y desactualizaciones, pero ningura era, de modo ostensible, una manipulación. De hecho, le agradecí y quedé en actualizarle algunos datos. En el historial de cambios se puede ver la fecha de creación de la ficha y sus contenidos: “Revisión del 04:13 9 nov 2020 (ver código) Rosarino (discusión | contribuciones) (creo la página)  Etiqueta: revisar proyecto)”.

Ahora, por casualidad, leo la “revisión” que ha hecho ese sitio de mi ficha (con fecha de 16 de enero pasado). Han dejado omisiones y desactualizaciones, que pudieron resolver sencillamente con haberme pedido mi CV, pero contiene además algunos párrafos completamente nuevos, sobre los que me detengo.

Uno de ellos dice: “En 2014 fundó junto a Roberto Veiga y Lenier González el “laboratorio de ideas” Cuba Posible, que estuvo vinculado a entidades norteamericanas….”

La propia Ecured, en otra de sus fichas, dice sobre la Fundación de Cuba Posible (CP):

“Coincidiendo con el 8 de septiembre de 2014, fiesta de la Virgen de la Caridad del Cobre, se inicia el proyecto Cuba Posible, bajo el auspicio legal del Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo-Cuba (CCRD-C)[1].

“El Comité Rector del proyecto estuvo integrado por la licenciada Rita María García Morris, directora del CCRD-C; el reverendo Raimundo García Franco, fundador del CCRD-C; el licenciado Roberto Veiga, que también tuvo la función de coordinador general del proyecto; y el licenciado Lenier González, que tuvo la función de vice-coordinador general.

“Como elemento estructural del proyecto se constituyó un Consejo de Dirección integrado por las personas mencionadas anteriormente y por el profesor Aurelio Alonso, sociólogo y Premio Nacional de Ciencias Sociales; el master Julio César Guanche, jurista, politólogo y ensayista; la doctora Mayra Espina, socióloga e investigadora; el doctor Pavel Vidal, economista y ensayista; y el licenciado Víctor Fowler, poeta y ensayista.”  (La ficha sigue con descripciones críticas sobre el trabajo y las “vinculaciones” de CP, que se pueden leer completas en link que copio abajo, solo he transcrito ahora el epígrafe dedicado a  la Fundación de CP.)

El salto que va de presentar a CP como proyecto que formó parte del tan prestigioso, dentro de Cuba, Centro de Reflexión y Diálogo, de Cárdenas, a afirmar que estaría vinculada a entidades norteamericanas desde su propia fundación en 2014 (menciona ese año sin especificaciones) es una burda mentira. (Digo de paso que, al menos, espero sinceramente que los colegas mencionados, todos apreciados, no tengan que pasar por estas “revisiones” de las fichas que tengan en Ecured.)

El nuevo párrafo de Ecured continúa diciendo:

“…incluyendo Open Society Foundations del magnate anticomunista George Soros (“hemos trabajado y trabajaremos con contrapartes extranjeras, entre las que se encuentra Open Society Fundations, de George Soros” [1] ….”

La cita que colocan como “prueba” de ello, pertenece a un texto de Roberto Veiga y Lenier González, de julio de 2017. En fecha y por razones que se encuentran disponibles al público (link al final), dejé de participar de Cuba Posible en marzo de 2017, cinco meses antes de esa nota de ambos. (Desconozco el trabajo interno de CP a partir de mi salida, por lo que no me refiero aquí a ello, pero sé que siguieron trabajando en ese proyecto personas que merecen toda confianza ética.)

Luego, en concreto, para lo que vengo hablando de la ficha de Ecured: 1) asociar a CP con “entidades norteamericanas”, y con Soros desde 2014 como hace ese párrafo es una mentira flagrante, 2) poner en una ficha sobre mi persona una cita seleccionada de un texto que firman otras personas hablando expresamente de sí mismos, y romper a conveniencia toda la cronología de la historia que pretenden contar, es una cobarde manipulación.

A continuación, esa ficha en Ecured presenta una cita de dos párrafos de un texto reciente de Ernesto Limia, en ninguno de los cuales aparece un solo nombre, entre otras cosas que no necesito comentar aquí, porque no respondo a nada que sea dicho sin nombres.

El último párrafo de la ficha reduce los sucesos de noviembre de 2020 a la “idea de golpe blando”, menciona un documento (de tres publicados hasta la fecha) de Articulación Plebeya, lo enlaza al texto de Ernesto Limia, no al texto en sí mismo ni a sus firmantes, y menciona que fue refutado entre otros por dos personas, sin una sola mención a ninguna de las posiciones mías ni de sus varios cientos de firmantes.

Hay más, pero no quiero ser muy largo. Pongo un solo ejemplo adicional. La primera versión de mi ficha decía, correctamente, que fui asesor del presidente del Festival Internacional del Nuevo Cine de La Habana (Alfredo Guevara) y luego Director Adjunto de ese Festival, igual bajo la presidencia de Guevara. Ahora, han rescrito ese contenido, que es público y notorio, y solo consignan que fui “asesor del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana”, lo que es algo completamente diferente.

Termino.

Ecured, según dice de sí misma, es una Enciclopedia que “nace de la voluntad de crear y difundir el conocimiento, con todos y para todos”. Sin embargo, en el historial de esta reedición se lee: “(act | ant) 19:31 15 ene 2021‎ Carlos idict (discusión | contribuciones)‎ m . . (12 706 bytes) (0)‎ . . (Protegió «Julio César Guanche» ([Editar=Sólo moderadores] (indefinido) [Trasladar=Sólo moderadores] (indefinido)))

Lo hace a la vez que miente sobre la fundación e involucramiento institucional de CP, al tiempo que recorta contenidos de mi biografia y a la vez que presenta atribuciones  sobre datos y hechos según su única y exclusiva voluntad.

Con todo ello, Ecured, en el caso de mi ficha,  es colaborativa solo para sus “moderadores”. Ecured es, en este aspecto, el espacio privado de sus moderadores para difundir sus opiniones particulares.

Causa un daño enorme a la credibilidad de instituciones oficiales, que deben responder a sus ciudadanos y al control público de su gestión, el hecho de “proteger” sus “revisiones” frente a sus propios colaboradores y, en general, frente a todo ciudadano cubano que tenga una opinión distinta a Ecured sobre el tema en cuestión.

Lo que hace Ecured viola la Constitución de la República de Cuba: “ARTÍCULO 97. Se reconoce el derecho de toda persona de acceder a sus datos personales en registros, archivos u otras bases de datos e información de carácter público, así como a interesar su no divulgación y obtener su debida corrección, rectificación, modificación, actualización o cancelación. El uso y tratamiento de estos datos se realiza de conformidad con lo establecido en la ley.”

Es sabido que la ley de protección de derechos ha sido pospuesta más allá de lo que estaba previsto en el calendario constitucional, pero la Constitución sigue siendo la ley de leyes vigente.

Este tipo de prácticas son completamente contrarias a la letra y al espíritu de la Constitución que blasonan defender quienes siguen este tipo de prácticas. Esas personas tienen derecho a sus opiniones, no a los datos de la realidad. Impedir corregirlos es violatorio de derechos. Poner en circulación en espacios estatales opiniones construidas con esos métodos es difamar.

Lo que hace Ecured no es solo una violacion ética. Es un abuso malintencionado de recursos públicos. Los que hacen este tipo de “campañas ideológicas” dicen ser fervientes críticos del neoliberalismo, pero no vacilan un solo segundo en privatizar lo público —en Cuba— a su estricta conveniencia, como hace el neoliberalismo al que dicen criticar.

Todo esto cansa. Pero cansa más la mentira, la impunidad, la deshonestidad.  El que se quiera creer estas cosas, y apoyar estos métodos, que lo haga. Debe saber que solo habla de sí mismo, no de quien critica. Debe saber que está apoyando la intención de privatizar la nación cubana, en la medida en que privatiza la posibilidad de hablar en espacios públicos, en exclusiva, sobre sus ciudadanos.

Lo que refleja ese tipo de prácticas no es el país que podemos tener. Menos, al que podemos aspirar. Ahora mismo son muchas las personas que pasan por situaciones parecidas, en la que el “periodismo” sustituye al Derecho, en que se miente a mansalva sobre personas sin concedérsele jamás derecho alguno de rectificación o réplica.

Vivimos tiempos muy difíciles, en Cuba y en el mundo. Estas maneras solo empeoran las posibilidades que tenemos de enfrentar con los mejores modos de los que somos capaces  los muchos problemas que afrontamos.

Estas prácticas causan daño a la credibilidad de las personas que lo hacen —pero ese es su problema—, y sobre todo, causan un daño acaso irreparable a posibilidades que nos interesan a muchos en y sobre Cuba: defender la decencia, el civismo, el Derecho como lenguaje de la justicia, la calidad del discurso público, la confianza en las instituciones estatales, etcétera.

Causan daño al país al que muchos aspiramos y que estamos convencidos que podemos lograr.

Seguiré trabajando. Yo vivo de trabajar, y además me gusta mucho lo que hago. Esa ficha que se “esmera” con tanto detalle en esos párrafos que he mencionado, omite que fui por más tiempo miembro del Secretariado Nacional de la FEU en Cuba que de cualquier otro de los espacios que menciona esa ficha. También omite que fui “cuadro destacado del Estado Cubano” trabajando en el Instituto Cubano del Libro. Trabajé mucho en todos esos lados, y conservo con orgullo la memoria de lo que hice en esos lugares. Prefieren omitirlo, porque necesitan mentir. Pero mi biografía es mía y no pretendo contemplar en calma el crimen que es pretender rescribirla a voluntad siguiendo esos modos.

Pido perdón por ocupar el tiempo de quienes lean estas palabras, por un asunto que parece personal. No creo que lo sea. El empeño sostenido de privatizar la nación a favor de un muy pequeño grupo político nacional, cuya “ética pública” se muestra a cabalidad en este tipo de procedimientos, es un asunto que nos debería concernir a todos.

 

Nota: (Acaban de editar, nuevamente, esta ficha de Ecured. Sin embargo, la edición al público sigue cerrada ni se me ha notificado nada en orden a actualizar o corregir lo que ha quedado, como entiendo que sería justo según el artículo 97 de la Constitución, tras haber sido objeto de difamación por parte de ese espacio. Aquí está el link:
https://www.ecured.cu/Julio_C%C3%A9sar_Guanche
A la izquierda de la página, en Historial, se pueden ver los cambios. 08.02.2021. 19.34 pm.)

 

 

Aquí se pueden ver algunos de links sobre lo que menciono:

https://www.ecured.cu/Julio_C%C3%A9sar_Guanche

https://ipscuba.com/titular/el-centro-cristiano-de-reflexion-y-dialogo-cuba-anuncio-el-inicio-en-su-sede-del-proyecto-cuba-posible-que-tiene-como-proposito-promover-la-casa-cuba-metafora-de-monsenor-carlos-manuel-de-cespedes-que/

https://www.ecured.cu/Cuba_Posible

https://cubaposible.com/tenemos-derecho-trabajar-cuba/

https://cubaposible.com/nota-la-direccion-cuba-posible/

 

La defensa de la revolución es la defensa de la democracia (II y final). Entrevista con Julio César Guanche

Foto. Julio César Guanche

 

por Oleg Yasinsky

(Ver aquí la primera parte de esta entrevista con el intelectual cubano Julio César Guanche)

El gobierno cubano suele acusar a la prensa independiente en la isla de ser “mercenaria del imperio”. Más allá de las visiones simplistas y caricaturescas, la existencia de los planes desestabilizadores de Cuba, con grandes financiamientos estadunidenses para la lucha por “la democracia” y “los derechos humanos”, es un hecho. También conocemos los graves problemas que plantea el capitalismo a la democracia y sus grandes capacidades mediáticas para la exportación de sus ideas. Con el proceso de la “perestroika” en la Unión Soviética fuimos víctimas de una gran manipulación que terminó instaurando el capitalismo más salvaje. Si se piensa en mejorar y democratizar el socialismo cubano, ¿cómo evadir esta trampa?

Esa discusión tiene varias aristas, aquí enuncio solo algunas.

La política oficial de los Estados Unidos maneja un concepto de democracia que naturaliza el capitalismo como su única posibilidad. Sin embargo, la democracia redistribuye poder, mientras el capitalismo lo concentra. Así vistos, son incompatibles.

La incompatibilidad entre democracia y capitalismo ha sido argumentada no solo por marxistas, sino por un amplio campo de enfoques feministas, antirracistas, ecologistas y decoloniales. Estos encuentran en el patriarcado, la jerarquización racial y la expulsión de costos de producción hacia el ambiente, dinámicas estructurales de reproducción del capitalismo, incompatibles con prácticas de reproducción de la vida humana en condiciones de igual libertad para todos. Para esa lógica, el opuesto del capitalismo no sería alguna clase de socialismo “colectivista”, sino la democracia.

Esto es un ejemplo: si las cadenas capitalistas globales de producción de bienes respetasen en todos sus eslabones los derechos políticos, sociales, laborales y ambientales ya reconocidos a nivel internacional, el resultado sería un crack económico de proporciones inimaginables.

Tal “ineficiencia”, generada por el acceso a derechos, encuentra un enemigo en la democracia concebida incluso en términos tan aceptados como “el derecho a tener derechos”. El historial de los gobiernos estadunidenses contra experiencias democráticas en el mundo, y en específico, en América latina (la Guatemala de Arbenz, la Nicaragua del primer sandinismo, o el Chile de Allende) muestran el tipo de democracia que defienden esas intervenciones.

Los fines de los fondos federales estadunidenses “prodemocracia” no mienten cuando dicen defender la democracia, pero defienden un concepto particular de ella. Si se entiende que la democracia es algo más que blindar el modo capitalista de producción, y de regimentar desde él la vida social, se entienden las críticas a los fines de esos fondos.

La aspiración de una república democrática es la autodeterminación de su comunidad de ciudadanos. Es incongruente plantear esa posibilidad como horizonte, a la vez que aceptar interferencias arbitrarias de otro Estado —para el caso cubano, concretamente los Estados Unidos— sobre la comunidad propia de ciudadanos.

Este argumento se extiende al bloqueo estadunidense, opuesto a la demanda cubana de independencia. En mi criterio, se puede escoger entre apoyar el bloqueo y defender la libertad, pero no se puede defender ambas cosas a la vez. La libertad es incompatible, como mínimo, con las interferencias arbitrarias de terceros. La soberanía nacional es incompatible con cualquier política de intervención unilateral de terceros. En ello, la soberanía debe definirse frente a una política externa de perfil imperialista y hacia la política interna: el soberano tiene que serlo por igual hacia afuera y hacia dentro. Seguir leyendo “La defensa de la revolución es la defensa de la democracia (II y final). Entrevista con Julio César Guanche”

La defensa de la revolución es la defensa de la democracia (I) Entrevista con Julio César Guanche

Foto: Julio César Guanche

 

por Oleg Yasinsky

En el trópico el día se apaga rápido y casi no da tiempo para los juegos de imaginación entre las luces y sombras del crepúsculo. Cuando hace unos años pisé por vez primera la tierra cubana, en La Habana ya había oscurecido. Los escasos focos del alumbrado público, entre carteles revolucionarios y flamantes letreros de negocios particulares, me trajeron a la memoria los primeros años de Perestroika, y las dudas, ilusiones y contradicciones que vivimos en la entonces Unión Soviética.  

Aún sabiendo que el sistema cubano resistió varias pruebas de las mismas que llegaron a derrumbar los socialismos europeos, y conociendo varios análisis críticos hechos desde Cuba sobre las causas de la caída de la URSS —creo que muchos más que dentro de la misma ex Unión Soviética, y algunos sin duda bastante más serios— nunca dejé de pensar en los riesgos, tentaciones, trampas y esperanzas que se encuentran, cohabitan y se enfrentan en una Isla que sigue lanzando al mundo infinitas interrogantes y que, siendo un nudo principal de las luchas, sueños y pesadillas de la historia reciente, se niega a ser una caricatura del siglo pasado.

Esta conversación con Julio César Guanche —abogado, historiador y analista cubano— surge después de un acuerdo entre amigos de Rusia, Ucrania y Chile. Desde hace tiempo conversamos de modo informal sobre Cuba con los directores de tres medios de la izquierda independiente —la revista ucraniana Liva (prohibida en su país), la revista rusa Skepsis y la agencia de noticias internacional Pressenza— y decidimos trasmitir nuestras preguntas a alguien de Cuba con quien podríamos coincidir en la inquietud y sobre todo en la sensibilidad.

Agradecemos a Julio César Guanche por esta conversación, porque además de la confianza que nos genera, creemos que es uno de los mejores conocedores de estos temas. Con esta entrevista que por su extensión dividiremos en dos partes, esperamos abrir un espacio de intercambio y reflexión, que será nuestro humilde aporte a la solidaridad con el querido pueblo cubano.

Entendemos que el periodo de mayor desarrollo del proceso cubano estuvo enmarcado por la relación con su principal aliado político, la URSS. Pero también entendemos que siempre existió, por lo menos en la cultura, un grado importante de autonomía respecto al modelo soviético….

La influencia soviética en Cuba no es reducible al realismo socialista. El cine, la literatura, la música de concierto, el ballet, la enseñanza artística, el trabajo de traducción, provenientes de la URSS, fueron aprovechados por la cultura cubana. Sin tomar en cuenta esa positiva influencia, la explicación sobre la cultura cubana de los 1960 pierde calado.

Los cruces y las influencias siempre son procesos complejos. Obras del realismo socialista (La carretera de VolokolamskUn hombre de verdad) influyeron en una corriente de narrativa cubana, conocida como “de la violencia” (Jesús Díaz, Norberto Fuentes, Eduardo Heras), que a su vez no respondía al realismo socialista. El debate sobre la arquitectura de la Escuela Nacional de Arte, o polémicas en torno a películas como Una pelea cubana contra los demonios y Un día de noviembre, no se reducen a posturas “a favor o en contra” del realismo socialista, pues intervenían en ellas diversos referentes.

En los 1960, la vanguardia artística cubana, en artes plásticas, música de concierto, teatro, danza, literatura, fotografía, mostró gran capacidad crítica. En una gran parte de los casos, no se expresaba como cuestionamiento frente a la política revolucionaria, sino que partía de ella, siendo a la vez crítica. En contraste con el arte socialista de otras geografías, tuvo respaldo institucional a la vez que contó con espacio para la experimentación y para el diálogo con lo mejor del arte occidental.

Por otra parte, el realismo socialista no existió en Cuba como doctrina estética oficial, en tanto referente obligatorio para todo. Por supuesto, caló e hizo muchísimo daño. Instituciones como el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de la Habana, la Casa de las Américas, el Ballet Nacional de Cuba o la Casa del Caribe de Santiago de Cuba, fueron baluartes contra el realismo socialista, pero no se puede menospreciar el nivel y la escala que alcanzó y cómo marcó el devenir de la cultura cubana, sus modos de expresión, la vida de los creadores y la formación del público. Seguir leyendo “La defensa de la revolución es la defensa de la democracia (I) Entrevista con Julio César Guanche”