José Miguel Gómez: ¿la restauración?*

Momento de la inauguración del Monumento a José Miguel Gómez., 1936 (Fragmento de la foto original)

 

Por Arturo Arango

 

Quiero dejar ante todo constancia de mi respeto ante la obra magnífica que está cumpliendo la Oficina del Historiador de la Ciudad, dirigida por Eusebio Leal, en la salvación, más que restauración, de La Habana. Si escribo estas cuartillas sobre la restitución de la estatua de José Miguel Gómez al monumento que corona la calle G, es porque estoy convencido de que ese acto implica ideas que necesitan la prueba del debate.

 

¿Qué significa esa restitución? es la pregunta que me repito desde que ayer (literalmente ayer, 22 de junio de 1999) vi por primera vez en bronce la figura del segundo presidente de la República. Doy por descontado que no se trata de salvar una pieza valiosa de la monumentaria cubana: desde su construcción hasta hoy, esta obra de Giovanni Niccolini no ha merecido más que denuestos, y la estatua añade nada, en sentido alguno, a su desvalorización.

Una ciudad, se sabe, es un cuerpo mutante, y sus transformaciones suelen relacionarse con los avatares de la historia. Seguir leyendo “José Miguel Gómez: ¿la restauración?*”

El Banquete del 12 o las paradojas de la historia… El festejo del triunfo contra el Partido Independiente de Color

Por Loreto Raúl Ramos Cárdenas

 

 “Ningún sitio como este, frente a la estatua de Martí, para honrar al valeroso Ejército Cubano, que fue a Oriente contra una salvaje intentona que pretendió torpemente sustituir, con un símbolo bastardo, la hermosa bandera en cuyo triángulo luce como un resumen de nuestros ideales, la blanca estrella solitaria…” Mario García Kholy, Secretario de Instrucción Pública.

 

En la tarde del 27 de julio de 1912, hace 108 años, tuvo lugar en el Parque Central de la Habana uno de los acontecimientos más bochornosos y tristes de la historia republicana cubana.

Con la presencia de más de tres mil soldados y jefes del Ejército y la Guardia Rural, así como altos dignatarios de la nación y público que merodeaba los alrededores, se celebró y brindó por la “victoria” contra una “salvaje intentona racista”, tal como reflejan las palabras que encabezan este artículo, proferidas por uno de los oradores en el banquete.

Esta jornada era el colofón de una serie de festejos, acaecidos con anterioridad en la ciudad de Santiago de Cuba en homenaje a los represores de la protesta armada del Partido Independiente Color.

Unas jornadas antes —el día 18—  había sido abatido en el cafetal Nueva Escocia, lugar cercano a El Caney, en Santiago de Cuba, el segundo jefe de aquella protesta y antiguo general del Ejército Libertador Pedro Ivonnet, subordinado del Lugarteniente General Antonio Maceo y militar de su entera confianza, con quien realizara la famosa invasión de Oriente a Occidente durante la última etapa del proceso independentista cubano.[1]

De manera que aquella celebración adquiría mayor relevancia, pues con la eliminación del famoso guerrero el Ejército reafirmaba su “eficacia” al constituirse en “salvador de la nacionalidad cubana” junto a la Guardia Rural y los Cuerpos de Voluntarios, constituidos entre la población en apoyo a la represión.

Vale destacar que al frente de esta última fuerza estuvo el Coronel Manuel Piedra Martell, compañero de armas de Ivonnet en la campaña de Pinar del Río durante la pasada guerra. Ahora, en las tristes jornadas del verano de 1912, bajo su jefatura, fueron múltiples las denuncias por asesinatos y excesos de sus voluntarios contra la población negra oriental.

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Así protestaba Evaristo

Hoja de licenciamiento del Ejército Libertador de Evaristo Estenoz (Fragmento de la imagen original)

 

Loreto Raúl Ramos Cárdenas

Una de las tantas decepciones sufridas por el pueblo cubano tras el fin de la guerra de independencia contra el poderío colonial español e inicio de la primera República en 1902, estuvo relacionada con el controvertido “pago de haberes” a los miembros del antiguo Ejército Libertador.

Concebida por el gobierno de entonces bajo el mandato del Presidente Tomás Estrada Palma, mediante la concertación de un empréstito por $35 millones de dólares con la casa bancaria norteamericana Speyer & Co. en el año 1904, esta supuesta “recompensa monetaria” a los aguerridos sobrevivientes de la guerra pasada estuvo plagada de un sinfín de irregularidades y omisiones escandalosas, cuyos pormenores serían objeto de una larga investigación.[1]

El caso que nos ocupa aquí se relaciona con el Capitán de dicho Ejército y posterior figura cimera del Partido Independiente de Color Evaristo Estenoz Corominas. Seguir leyendo “Así protestaba Evaristo”

“Un movimiento y unas ideas que fueron sometidos al más riguroso olvido”

Programa del Partido Independiente de Color. (Fragmento)

 

(Prólogo a Apuntes cronológicos sobre el Partido Independiente de Color)

Por Fernando Martínez Heredia

Estos Apuntes cronológicos sobre el Partido Independiente de Color ponen en nuestras manos un instrumento nuevo y un aporte notable en el largo camino de los estudios sobre las cuestiones de raza y racismo en Cuba.

Un equipo de investigación del Archivo Nacional de Cuba, dirigido por Bárbara Danzie León, nos ofrece el resultado de un prolongado y difícil trabajo de búsquedas y localizaciones pacientes en doce de las colecciones que guarda esa institución que atesora fondos de una importancia crucial para los especialistas, pero es casi desconocida a nivel de la sociedad cubana.

El equipo utilizó también un fondo del Archivo del Instituto de Historia de Cuba. Seleccionó tres publicaciones periódicas de la época estudiada y las trabajó, con la colaboración de tres hemerotecas principales de esta capital. El texto que leerán es el fruto de ese trabajo y de las inferencias, selecciones y comentarios de los investigadores; al mismo tiempo, constituye un buen ejemplo de cómo la tenacidad y la laboriosidad pueden enfrentar y vencer obstáculos e incomprensiones.

El trabajo con fuentes es fundamental en la investigación histórica, pero el análisis y las demás labores intelectuales y de exposición realizadas por el investigador son indispensables para que exista un logro válido. Apuntes cronológicos sobre el Partido Independiente de Color cumple ampliamente ambos requisitos.

Su asunto es la organización política fundada en 1908, el intento de un conjunto de activistas sociales y sus seguidores de utilizar el sistema político y la libertad de expresión de la primera república cubana —la que va del 20 de mayo de 1902 a la Revolución del 30— para llevar adelante su lucha contra el racismo antinegro y por demandas de derechos y mejoras de la situación en que vivían los no blancos.

Aquella organización fue calumniada, perseguida, aislada y finalmente aniquilada por el gigantesco crimen del verano de 1912. Seguir leyendo ““Un movimiento y unas ideas que fueron sometidos al más riguroso olvido””

Pedro Ivonnet: pasión y muerte de un mambí desconocido (pdf)

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Introducción

Por Loreto Raúl Ramos Cárdenas

El proceso independentista cubano, iniciado el 10 de octubre de 1868 por Carlos Manuel de Céspedes en su ingenio Demajagua con el llamado a conceder la libertad a los esclavos de su propiedad para comprometerlos en el logro de la causa, reservó espacios a una gran masa de estos y sus descendientes, que a base de inmensos sacrificios inscribieron sus nombres en el panteón de los héroes y mártires de la Patria deseada por la mayoría del pueblo cubano.

Esta circunstancia influyó en gran medida para que no pocos negros llegaran a ostentar altos grados militares dentro del naciente Ejército Libertador de Cuba, entre los que podemos citar a los hermanos Maceo Grajales y Regueyferos Grajales (Antonio, José y Rafael al- canzaron el grado de general) al igual que Quintín Bandera, Guillermo Moncada, Agustín Cebreco, Flor Crombet, Silverio Sánchez Figueras y los hermanos Ducasse —Juan Eligio y Vidal—, por solo referirnos a los más conocidos de aquella epopeya.

Sin embargo, no por desconocido deja de llamarnos la atención en la relación de oficiales negros y mestizos, la figura del general Pedro Ivonnet Echavarría[1] (Santiago de Cuba, 27 de junio de 1860-El Caney, 18 de julio de 1912), de quien nos puntualizara el maestro de historiadores cubanos José Luciano Franco Ferrán, en su libro titulado Antonio Maceo. Apuntes para una historia de su vida, que formó parte del Ejército Invasor dirigido por el general Antonio en la guerra del 95 y llegó a ser designado jefe de un Regimiento —el Invasor Oriental— en la contienda de Pinar del Río, y sustituto en el mando de tropas, con el nombramiento de jefe de operaciones a las inmediatas órdenes del jefe militar de la provincia pinareña, el general puertorriqueño Juan Rius Rivera, poco antes del cruce de la Trocha de Mariel por el legendario guerrero aquel fatídico mes de diciembre de 1896.

Aunque desafortunadamente su nombre no está incluido en el Índice Alfabético y Defunciones del Ejército Libertador de Cuba —tarea que culminara tras el fin de la guerra el mayor general del Ejército Libertador Carlos Roloff—, como tampoco el de su hermano Ramón Ivonnet, glorioso abanderado de la columna invasora hasta su muerte, sí aparecen los nombres de otros familiares enrolados en aquella contienda, como son los casos de Juan, Ernesto, Calixto, Paulino y José Ivonnet. [2]

Este dato nos da una medida del compromiso patriótico asumido por esa familia, revitalizado en la etapa republicana con el liderazgo de Pedro en la defensa de los derechos políticos del negro cubano. Seguir leyendo “Pedro Ivonnet: pasión y muerte de un mambí desconocido (pdf)”

Apuntes cronológicos sobre el Partido Independiente de Color (pdf)

Portada de Previsión, periódico del Partido Independiente de Color.

 

De la presentación al libro

(Fragmento)

Por Bárbara Danzie León, Loreto Raúl Ramos Cárdenas, Doreya Gómez Véliz, Iván Dalai Vázquez Maya

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Los Apuntes cronológicos sobre el Partido Independiente de Color, son el resultado parcial de un proyecto archivístico que emprendimos, en el año 2008, un grupo de especialistas de la información e investigadores del Archivo Nacional de Cuba, tras la convocatoria realizada por la Comisión Nacional creada para conmemorar el Centenario de la fundación de esta agrupación (1908) y de la masacre de miles de hombres negros y mestizos vinculados o no a la misma, ocurrida en 1912 en una de las acciones de más bárbaro racismo, perpetrado contra los negros en la República neocolonial.

Se complementa con un Catálogo temático y una base de datos de más de setecientas referencias documentales y de prensa —que constituyen el objetivo y resultado final del proyecto—, además de alrededor de trescientas imágenes sobre el tema, puestas a disposición de los usuarios en la institución.

Es esta una nueva aproximación a la historia del Partido Independiente de Color, con una visión desde las fuentes —tomando como referencia fundamental el acervo documental conservado en los fondos del ANC—, que por feliz coincidencia se concluye en el año 2011, declarado por la Asamblea General de las Naciones Unidas como Año Internacional de los Afrodescendientes.

El PIC, surgido inicialmente como Agrupación Independiente de Color, fue fundado el 7 de agosto de 1908, proscrito en 1910 y culminó su vida política en 1912, después de una feroz represión que eclipsó nuevamente la aspiración de los ciudadanos negros de lograr una República igualitaria, por la que habían luchado juntos todos los sectores de la sociedad en las anteriores gestas libertarias.

De modo que la causa fundamental que motivó su constitución, estuvo vinculada al debate y el conflicto racial que enfrentaron las grandes masas de negros, en las primeras décadas del siglo XX , en su mayoría inferiorizados y privados de muchos de sus derechos civiles, fragmentados entre sí como herencia de la política de la esclavitud, en una sociedad neocolonial en la que los códigos de diferenciación-exclusión habían creado un imaginario racial de estereotipos blancos y negros, pardos, morenos y otra gama de seudo grupos, que obviaba nuestra condición de mestizos y que formó parte del contenido racista intrínseco de la misma.

El objetivo del PIC estaba enfocado en ver políticamente representados a los llamados “de color” como grupo social en las diferentes estructuras de gobierno local, para desarrollar un programa nacionalista de inserción verdadera en todas las esferas de la vida pública, pero la incomprensión de algunos políticos de la época y de una parte importante de la intelectualidad negra, entre ellos Juan Gualberto Gómez y particularmente Martín Morúa Delgado y tal vez errores estratégicos cometidos en las formas de enfrentar tal situación, propiciaron no solo mayores divisiones, sino además que este proyecto político culminara sin alcanzar los resultados esperados.

Acercarnos a estos acontecimientos a través de los Apuntes cronológicos…, utilizando referencias documentales, nos da la posibilidad de insertar en este texto mayor información que la simple referencia factual que ofrece una cronología, así como brindar menos elaboración que la que poseen otras investigaciones sobre el tema.

Ha sido nuestra intención recurrir al valor testimonial de las fuentes como testigos excepcionales de estos hechos históricos, para que sean ellas las que ofrezcan su versión, sin dejar de tener en cuenta el carácter subjetivo de las mismas.

 

 

Nota: La Cosa agradece a Loreto Raúl Ramos Cárdenas poder disponer del pdf del libro, con la esperanza de que investigaciones como esta tengan mayor difusión y contribuyan al debate público sobre el PIC y la historia del antirracismo en Cuba.

Contribución a una arqueología intelectual en los contextos y los contenidos de un marxismo negro en Cuba

Alexis Esquivel, Arco de triunfo, 2006, Acrílico sobre tela, 137 x 175 cm

 

Por mario g. castillo santana

 

Para Fernando Martínez Heredia, quien primero me adentró en estos temas y para Tomás Fernández Robaina, quien le ha dedicado la vida a ellos.

Descargar aquí este texto completo en pdf

Ver entregas anteriores de esta serie: 12, 3 y 4

El creciente auge de un campo de estudios sobre lo que se ha definido como un marxismo negro, en la zona de lo que ya ha ido delineándose como el Atlántico negro, está sacando a la superficie de las memorias históricas contemporáneas un conjunto de ideas y conceptos muy interesantes, que no habían formado parte del canon del marxismo en ninguna de sus variantes hasta ahora conocidas.

En mi consideración, los esfuerzos investigativos en torno a estos discursos no deben limitarse al estudio de los conceptos filosóficos que se pueden ir encontrando para trazar las especificidades de ese marxismo negro. Para una mejor comprensión de sus enunciados es necesario no perder de vista una perspectiva lo más abarcadora posible, arqueológica se me ocurre pensar, que nos devuelva con la mayor integridad el perfil de sus cultivadores, las personas, grupos, espacios, organizaciones, influencias e interacciones con los perfiles de ideas previas de donde arrancaron los cuerpos intelectivos de estos marxistas negros.

En el contexto cubano una figura como Tomas Fernández Robaina —“Tomasito”— ha contribuido con un trabajo de casi toda una vida, no directamente a definir el perfil específico de los marxistas negros en Cuba, pero sí a poder realizar sobre sus textos una cartografía preliminar del asunto, que es insoslayable.

Derivado de su impulso irradiador la lista de contribuyentes podría ser larga: Pedro A. Cubas, Alejandro Fernández, Zuleica Romay, Víctor Fowler, Roberto Zurbano. Pero la obra de estos investigadores debemos decir que igualmente tampoco han tributado de manera directa al tema que vamos a abordar a continuación.

Personalmente, hace pocos años impartí el curso Tres marxistas negros, sociedades de color y el marxismo en Cuba (1937-1961), en el Instituto de Investigación de la Cultura Cubana Juan Marinello, algo que, hasta donde conozco, no había sido tema de espacio docente alguno, excepto los legendarios cursos de Fernández Robaina en la Biblioteca Nacional José Martí.

Diez años atrás organicé el encuentro Afrodescendencia y movimientos obreros, donde participaron varios investigadores y activistas, como parte de la Jornada Internacional Año de los Afrodescendientes, a la que contribuyó el Instituto Cubano de Antropología, mientras pude trabajar en dicha institución.

En 2008, en el marco del coloquio homenaje al historiador marxista Raúl Cepero Bonilla, contribuí con un texto sobre un contemporáneo de Bonilla, Walterio Carbonell, con la ponencia “Walterio Carbonell y el dilema antirracismo-desafricanización”. En 201o la revista Gaceta de Cuba (UNEAC) de mayo-junio de ese año publicó mi texto sobre el poeta chino-afrodescendiente “Regino Pedroso y la síntesis cubana entre el exotismo oriental y la identidad proletaria”, que es una versión adaptada a los parámetros de ese espacio titulada “El orientalismo proletario del poeta Regino Pedroso y los orígenes del estalinismo en Cuba”, en que comencé a desarrollar muchas de las ideas que aquí desarrollo.

Una fuente de inspiración para iniciar estas indagaciones fue el contacto con el ex miembro de Panteras Negras Ashanti Alston, quien desde inicios de la década pasada comenzó a indagar sobre lo que él y otros compañeros comenzaron a denominar anarquismo negro, cuestión en la que personalmente venia indagando yo también en Cuba desde 2008 y que también me incitó a organizar aquel encuentro “Afro descendencias y movimientos obreros”, que careció de un centro de análisis articulador, más allá del recuento, habitual en Cuba, de varios dirigentes sindicales negros vinculados al Partido Comunista.

Derivado de esta trayectoria considero que la historización del llamado marxismo negro, si no parte por reconocer los trasiegos entre estos dos campos temáticos se pierde una de las claves explicativas de la operatoria del marxismo negro que hoy nos convoca.

No podemos seguir reproduciendo los guetos ideológicos entre aquellos que creemos en que es posible una vida cotidiana no regida por la mercancía, las lógicas autoritarias y los Estados. No podemos permitir que dentro de la bella metáfora de “rojos y negros”, que se está usando para describir la presencia de las ideas de izquierda entre los afro-atlánticos, se refieran solamente a un grupo determinado de marxistas negros, limpios de cualquier influencia de otros cuerpos de ideas. Esa posición anima este texto.

Este trabajo parte de un enfoque generacional, como el de Karl Mannheim cuando analiza las generaciones, no a partir de años, sino por lo que él denomina “acontecimientos generacionales”[1]. Derivado de esto, hago una reconstrucción analítica de algunos contenidos significativos de la cultura política en la Cuba con que inicia el siglo XX, época en que se fraguan las ideas y las vivencias de los activistas sociales afrodescendientes en la Cuba de los primeros 40 años del siglo XX.

Seguidamente, hago un acercamiento a la primera generación fundacional del activismo social afrodescendiente.

Después efectúo un rescate de un grupo de anarcosindicalistas negros que operaron en el contexto de lo que defino como la segunda generación de activistas afrodescendientes, cuyas nociones de activismo social me parecen significativas para las generaciones posteriores. En este lugar analizo un momento de la trayectoria y las ideas de Sandalio Junco, un individuo que se puede definir como uno de los más brillantes fundadores efectivos del marxismo negro en Cuba, figura escamoteada en la historia nacional, y que expresa la transición entre lo que defino como la segunda y la tercera generación de activistas afrodescendientes en Cuba y, finalmente analizo el contexto, la figura y algunas ideas de Ángel Cesar Pinto Albiol, un representante muy definido de un marxista negro en Cuba, dentro de una tercera generación de activistas afrodescendientes. Después, termino con unas observaciones preliminares sobre Juan Rene Betancourt, al que considero un marxista negro anticomunista, que se replantea las condiciones del activismo social afrodescendiente y un ejercicio intelectivo autónomo, con algunas herramientas del marxismo-leninismo, en momento en que el Partido Comunista en Cuba se convierte en una típica maquinaria política de cooptación social.

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El Pacto Molotov-Ribbentrop y sus Protocolos secretos: una lectura en términos de la realpolitik

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Por Harold Bertot Triana

Como ha expuesto Tony Judt, en su fundamental “Postwar: A History of Europe Since 1945”, entre los motivos de los primeros movimientos de revueltas en la región del Báltico a finales de la década de los 80, estuvieron aquellos que pusieron el foco en el aniversario del Pacto Molotov-Ribbentrop firmado entre Stalin y Hitler en 1939[1], que fue seguido de la anexión de los tres Estados del Báltico.

En 1989 ante el Segundo Congreso de Diputados Popular de la URSS, Alexandr Yákovlev, quien para algunos fue el “ideológo de la perestroika”, presentaría los resultados de una investigación realizada por la “Comisión para la evaluación política y jurídica del Pacto germanosoviético de no agresión de 1939”.

Se ha destacado que conllevó el primer reconocimiento oficial de la existencia de un Protocolo secreto adicional al Pacto. Éste dibujaría el reparto en zonas de influencia el mapa de Europa del Este, en un momento en que la historiografía soviética no había hecho nunca mención del referido protocolo secreto.[2] Sobre la base del Pacto hecho público es que la historiografía soviética defendió su importancia: logró retrasar la agresión, provocó la división en el bloque fascista, entre otras tantas valoraciones.[3]

Sin embargo, es cierto que la historia se torna un campo de batalla que muchas veces contiene la legitimación del presente en esa suerte de corsi et ricorsi entre fuerzas o poderes internacionales en pugna. En tiempos en que el presidente ruso Vladimir Plutin asume reencarnar la imagen de los hombres fuertes que forjaron esa gran nación y la mantuvieron en los tiempos difíciles, con un reposicionamiento de Rusia en los vaines geopolíticos actuales, no resulta ingenuo que la Asamblea parlamentaria del Consejo de Europa en 2006 aprobara una resolución condenando las “crímenes de los regímenes comunistas totalitarios” y en 2009 la Asamblea Parlamentaria de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) aprobara en 2009 otra resolución equiparando el régimen nazi con el régimen de Stalin.[4]

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La tradición negra radical en Cuba, y el marxismo (4)

Alexis Esquivel. Republique Light, 2011, Acrílico sobre tela, 78 x 100 cm

 

 

La tradición negra radical en Cuba, y el marxismo (4)

Ver entregas anteriores de esta serie: 1, 2 y 3

Nota:

Aquí explico el origen del presente intercambio. Las respuestas versan, en lo fundamental, sobre las siguientes preguntas:

¿Qué te parece la calificación de “marxismo negro” aplicada a figuras como Sixto Gastón Agüero, Juan René Betancourt o Ángel Pinto Albiol? ¿Es pertinente? ¿Prefieres otra manera de calificarlo?

¿Quiénes integrarían, en tu opinión, el cuerpo del marxismo negro, o, en general (aunque no lo es mismo), de marxistas negros en Cuba entre 1902-1958?

¿Puede hablarse de un “marxismo negro” en Cuba después de 1959 hasta hoy?

Si tu respuesta es positiva, ¿puedes sugerir nombres y obras relevantes que integrarían ese “marxismo negro” desde 1959 hasta la actualidad en Cuba?

Reitero aquí que el objetivo del intercambio, más que comprometerse con una “manía clasificatoria”, es:

En ese horizonte, es necesario situar ese pensamiento como parte de los debates y procesos políticos de los que participaron y no solo limitarnos al estudio de sus ´ideas´. Esto es, tratarlos como sujetos políticos, contemporáneos de su tiempo —cosa que hace el curso mencionado y que es necesario seguir haciendo— y no solo como ´archivos´ para su estudio por parte del investigador actual.”

En esta ocasión aparecen las opiniones de Zuleica Romay, Esteban Morales, Yasmín Silvia Portales y Alberto Abreu Arcia. (Julio César Guanche


La tradición negra radical en Cuba, y el marxismo (4)

 

Zuleica Romay

Los esencialismos son tan excluyentes como los racismos. De ahí que parte de la intelectualidad de los sectores subalternos muestre reticencia ante clasificaciones que incluyen “lo negro”. A mí me resulta esencialista y peyorativo clasificarme como negra marxista; o sea, negra y, además, marxista. Por eso prefiero invertir los términos, del mismo modo que me asumo cubana y negra, mujer y negra, intelectual y negra, nunca al revés.

Eso no significa que yo reconozca la existencia de un marxismo negro. Pensando en la antinomia de las razas: las razas no existen, pero el racismo sí, yo diría que el marxismo negro no existe, pero los marxistas negros, sí. Para mí, el término marxismo negro funciona más como una metáfora, o una etiqueta que facilita ciertos propósitos didácticos. Como criterio metodológico me resulta ambiguo y frágil y, en el caso de Cuba, bastante problemático.

Si el segundo vocablo de este tipo de formulación suele corresponderse con la matriz ideológica y las prácticas políticas que alimentaron los desarrollos teóricos del marxismo (marxismo aprista, trotskista, etcétera), ¿por qué a la corriente del marxismo marcadamente anticolonial se le apellida “negra”?

Si no se pueden homologar colonialismo y esclavismo porque el primero ha sobrevivido y se ha reproducido más allá de la experiencia de la esclavitud, ¿por qué reducir a lo negro esta corriente del marxismo, para después enredarse con la explicación? ¿Será para compensar una “falla de origen” de la teoría marxista? ¿Que, siendo creación de hombres europeos, habitantes de ciudades industriales, no podía asumir como centro la crítica del colonialismo, porque sus teorías no se nutrieron de la experiencia colonial? Seguir leyendo “La tradición negra radical en Cuba, y el marxismo (4)”

La tradición negra radical en Cuba, y el marxismo (3)

Alexis Esquivel. Autorretrato con Martí. 1989, Técnica mixta sobre cartulina 50 x 70 cm

 

Ver aquí la primera y segunda partes de esta serie.

 

Por Félix Valdés

Con la expresión “marxismo negro” se hace referencia, sobre todo, a autores marxistas, negros de piel (caribeños, afroamericanos o africanos, etc.), a aquellos que lo hacen desde el lugar, la experiencia, el dolor de un sector excluido, explotado, aherrojado a América en condición de esclavo, muchos de los cuales, sin dudas, han sido escasamente visibilizados o tenidos sus textos como lecturas fundamentales en la tradición mencionada.

Es meritorio el trabajo de rescate, arqueológico, de puesta en perspectiva de sus ideas.

No obstante, es chocante la expresión y un tanto racista en sí misma, si martiana u orticianamente (para referirnos a la tradición cubana) utilizamos el concepto de raza.

No se habla de un marxismo amarillo por partir del mundo asiático y tener como lugar de enunciación la peculiaridad del colonialismo en esta parte del mundo, ese Oriente como se le acuñara por Occidente.

Más allá de la operatividad del término que permite rescatar a intelectuales de piel negra (más allá de la concentración de melanina, pues los hay de tan diversas tonalidades), en ocasiones apuntar a ello se hace inútil cuando no superfluo. El color, o lo que decimos ‘negro’, no da valor en sí al acercamiento, al desarrollo teórico, al enriquecimiento de la teoría, sino es la capacidad crítica, el situarse en la condición del sujeto colonizado, del Sur global, de esta parte del mundo abismal, como dijera Boaventura de Sousa Santos, lo que hace compartir el marxismo o no como perspectiva teórica.

El tema del color de la piel, de la piel negra en particular, es crucial, sobre todo en estas islas, en el continente y en el hemisferio. Seguir leyendo “La tradición negra radical en Cuba, y el marxismo (3)”