Filosofía, lengua castellana y modernidades

 

Por Antoni Doménech y María Julia Bertomeu

 En su España defendida (1609), el joven Quevedo se sintió obligado a llevar

el celo de su apología patria a la misma filosofía:

“¿Por ventura en España halló aplauso vuestro Pedro de Ramos [Petrus Ramus: 1515-1572], perturbador de toda la filosofía y apóstata de las letras? ¿Cuándo abrió en España nadie los labios contra la verdad

de Aristóteles? ¿Turbó las academias de España Bernardino Tilesio o halló cátedras como en Italia? ¿Tiene acá secuaces la perdida ignorancia del infame hechicero y fabulador Teophrasto Paracelso, que se atrevió a la medicina de Hipócrates y Galeno, fundado en pullas y cuentas de viejas y en supersticiones aprendidas de mujercillas y pícaros vagamundos? (…) ¿Qué desechó España por falso y vil que no  hallase estima en vuestra superstición y prejuicio en vuestros libreros?  ¿Qué sagrado libro no manchó Melanchton? ¿Qué ánimo no llevó tras sí la cavilosa adulación de Lutero? ¿Qué no creísteis a Calvino?”

La prodigiosa prosa de Quevedo logra concentrar en un solo paso todos los tópicos que, andando el tiempo, se aducirán para explicar, digámoslo así, la pretendida insuficiencia del pensamiento moderno expresado en vulgar castellano. No falta aquí ninguno: ni la rotunda negativa a poner en cuestión, siquiera en duda, “la verdad de Aristóteles”; ni el hidalgo desprecio de la villana plebe, de las “mujercillas” y los “pícaros vagamundos”; ni, claro está, el esterilizador caveant tridentino –hechura española donde las hubiere– ante todo lo que huela a Reforma protestante y a barbarie septentrional.

Tópicos sobre otros tantos tópicos. Porque –ya veremos con qué verdad cada uno de ellos– son también lugares más o menos comunes:

1) Que la filosofía moderna arranca de una radical ruptura con Aristóteles, en epistemología y en metafísica, no menos que en filosofía práctica: ¿no suele presentarse al radicalmente antiaristotélico Hobbes en todos esos campos como campeón de la modernidad?

2) Que la filosofía moderna, en epistemología y en metafísica, no menos que en filosofía práctica, ha concedido razón y experiencia a la villana plebe y aun a las mujercillas: ¿no se cartearon filosóficamente Descartes y Leibniz con mujercillas, bien que distinguidas? ¿No conversaba de filosofía y de geometría analítica Descartes –en vulgar francés– con su criado Gillot? ¿No raciocinaban mejor en vulgar inglés ciertos campesinos observados

por Locke que los filósofos peripatéticos en estudiado latín? Y si hay que creer a Heine, ¿no restituyó Kant a Dios en su filosofía práctica, después de haberlo destruido en la teórica, para dar alivio y satisfacción a su criado Lampe?

3) Y en fin: que la filosofía moderna va íntimamente unida a la cultura desarrollada en suelo protestante, o, como en Francia, fecundado al menos por la Reforma.

(…)

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Un largo Termidor. La ofensiva del constitucionalismo antidemocrático

un largo termidor
Una obra fundamental en el republicanismo contemporáneo. Tras El eclipse de la Fraternidad, de A. Doménech, el profesor Pisarello logra un excelente análisis sobre el peligro real de destrucción que sufren las sociedades democráticas a manos de las nuevas oligarquías con sus prácticas neoliberales. Imprescindible en el rearme moral e ideológico de la izquierda y del pensamiento y acción democrático.
Pisarello, Gerardo, Un largo Termidor. La ofensiva del constitucionalismo antidemocrático, Trotta, Madrid, 2011.ISBN: 978-84-9879-236-2
La exigencia de democracia real en diferentes rincones del mundo permite constatar una paradoja. Al tiempo que la democracia se presenta como el más legítimo de los regímenes políticos, la mayoría de elementos con los que se identifica se encuentra en crisis. Las concepciones liberales dominantes suelen minimizar la distancia entre el ideal democrático y su práctica efectiva. Para ello, lo reducen a una simple técnica de recambio periódico de las élites gobernantes. La hipótesis de este ensayo es que esta concepción restrictiva de la democracia oculta su sentido histórico más profundo. Y acaba dando cobertura a regímenes que, cada vez más, operan como oligarquías isonómicas, es decir, con algunas libertades públicas. A partir precisamente de la clásica contraposición aristotélica entre democracia y oligarquía, o mejor, entre Constitución democrática y Constitución oligárquica, este libro repasa críticamente teorías y prácticas que, a lo largo de la historia, han procurado despojar al principio democrático de su componente igualitario y emancipatorio, marginándolo o reduciéndolo a una pieza inofensiva de la organización social.En la crisis actual, esta lectura permite constatar cómo, con aparentes credenciales democráticas, lo que se abre paso política y jurídicamente es un constitucionalismo antidemocrático con fuertes rasgos oligárquicos.” SUMARIO DE LA OBRA Introducción. La ofensiva oligárquica y la lucha por la Constitución democráticaLa constitución de los antiguos: irrupción y eclipse del principio democrático
Atenas: la tensión entre Constitución oligárquica y Constitución democrática
Roma: la Constitución mixta y las luchas antioligárquicas
La Constitución mixta medieval y la dispersión del poder
El constitucionalismo de los modernos: entre revolución democrática y repliegue oligárquico
La Constitución del Estado moderno y las luchas contra el absolutismo
La Constitución inglesa: del fragor republicano a la monarquía parlamentarizada
La Constitución norteamericana y el temor a la «tiranía de las mayorías»
La Revolución francesa: poder constituyente y democracia plebeya
El constitucionalismo liberal y sus críticos
La Constitución monárquica restaurada y el liberalismo censitario
El impulso de la democracia social: el cartismo británico y la Constitución francesa de 1848
De las respuestas social-preventivas al camino reformista: democratizar el Estado, socializar el Derecho
Los caminos de la Constitución social: la democratización truncada
Las constituciones republicanas de entreguerras: de la esperanza democratizadora a la reacción social-totalitaria
La Constitución social de posguerra: seguridad material y renuncia democrática
El constitucionalismo social en la periferia: el caso de América Latina
la crítica democratizadora al «consenso» constitucional de posguerra
La impugnación igualitaria del constitucionalismo social tradicional
Constitución social y liberación nacional: el impacto del movimiento anticolonizador
El neoliberalismo y el asalto de la Constitución oligárquica
«Democracias gobernables»: el regreso del constitucionalismo liberal doctrinario
La rebelión de las élites y el fin de la Constitución social mixta
El fantasma de la Constitución despótica
La Constitución alternativa: de las señales del Sur a la indignación democrática
Índice de nombres
Índice general
fuente de esta información: https://dedona.wordpress.com/2012/02/22/resena-del-libro-un-largo-termidor-la-ofensiva-del-constitucionalismo-antidemocratico-de-gerardo-pisarello/

Antonio Guiteras: un jacobino en el Caribe (1)

Antonio Guiteras Holmes (1906-1935)

Por Julio César Guanche

Según Raúl Roa, la revolución cubana de 1930 “produjo un líder jacobino, una figura presidencial y un figurín evadido de las páginas de Tirano Ban­deras”.Esas figuras son, respectivamente, Antonio Guiteras, Ramón Grau San Martín y Fulgencio Batista.

Fuera de Cuba, quizás el nombre más identificable hoy sea el de Batista, a cuya dictadura puso fin la revolución de 1959.Grau se dio un “baño de masas” con un triunfo electoral contundente en 1944, pero perdió esa relevancia incluso desde antes de 1959, por haberse lanzado, en medio de sus bromas perennes, al pozo sin fondo de la corrupción.

Guiteras no fue un gran líder estudiantil en su época, pues la necesidad económica familiar lo arrojó muy pronto al trabajo, pero ganó rápidamente gran prestigio nacional.

Con 27 años de edad sería, en los hechos, el primer ministro del gobierno nacido de la revolución de 1933.Dos años después murió en desigual combate, tras persecución ordenada por Batista, que había puesto precio a su cabeza.

La estrategia revolucionaria seguida por Guiteras concibió los cauces para hacer una revolución en Cuba. Ese tipo de imaginación conseguiría, haciendo uso de la “vía” guiterista, alcanzar el triunfo en 1959.

Guiteras concibió la táctica de una expedición armada que, proveniente de México, desencadenase la lucha insurreccional, creyó en obtener la victoria mediante la lucha armada desde un territorio rural; planeó bombardear el cuartel Moncada, preparó el asalto al cuartel de Bayamo y, desde el punto de vista ideológico, elaboró el “nacionalismo revolucionario” que sería una plataforma decisiva para el triunfo de 1959.

Ahora bien, no es usual presentar a Guiteras como “jacobino”. La calificación de Roa es bastante excepcional. Sin embargo, es quizás la que más se ajusta su biografía.

La necesidad de conseguir la soberanía nacional, la plena independencia política y económica, de hacer avanzar la “colonia superviva” en Cuba hasta el estatus de una nación y de estructurar un régimen estatal en beneficio de las grandes mayorías populares —todo lo cual llevó a Guiteras a definir al imperialismo norteamericano como el principal obstáculo a vencer para la solución de los problemas nacionales— colocaba al líder revolucionario en la senda del jacobinismo ya ensayado antes en América latina en las experiencias, contextualmente diferentes, de los “jacobinos mestizos” (1814-1840), del Paraguay de Gaspar Rodríguez de Francia; y de los “jacobinos negros”, del Haití de Toussaint L’Ouverture, que declaró la independencia de ese país en 1804. Seguir leyendo “Antonio Guiteras: un jacobino en el Caribe (1)”

José Martí y la Revolución francesa

Martí en la revolución francesa

“Las levitas son todavía de Francia, pero el pensamiento empieza a ser de América”.

Por Paul Estrade

En esta ponencia nos limitamos al estudio de la visión martiana de “los días del trueno y del rayo”, dejando de lado cuánto se pueda referir al parentesco entre el ideario de los actores de esta Revolución y el ideario del precursor de la Revolución Cubana.

Sorprendentemente, la crítica martiana pasada, por francófila que haya sido a veces, sólo escasamente exploró el tema. La crítica martiana contemporánea no lo ha abordado sino de paso, si bien es justo señalar que ha sido mediante oportunos y felices atisbos.

El empuje libertador de la Revolución Francesa, entró penosa, parcial y tardíamente en la gran Antilla española. Realidad esa bien conocida, y que aquí acaban de recordar e ilustrar, después de Alain Yacou, mis jóvenes amigos del grupo de Historia de las Antillas hispánicas. Las medidas represivo-profilácticas, la rebelión de los esclavos del Santo Domingo francés, la integración al “bloque de poder” del sector criollo de los terratenientes y comerciantes ricos, las reformas “ilustradas” de los gobiernos coloniales, son los factores que más influyeron para que no surgiera entre los criollos blancos y mulatos el afán por descubrir, ensalzar o imitar la Revolución Francesa, afán que sí existió en algunas ciudades y tierras del Continente. Además la “Revolución de los franceses” vino a significar pronto en las islas la abolición inmediata de la esclavitud: era la revolución social de los negros, no la revolución de independencia de la nación criolla.

El empuje libertador de la Revolución Francesa entro, sin embargo, de polizón por los puertos, con ciertos emigrados de Saint Domingue, Santo Domingo y Luisiana, y a veces a pesar de ellos; con los marineros, los corsarios, los negociantes; con la organización de una red de logias masónicas vinculadas intencionalmente con el Gran Oriente de Francia, relacionadas las de Santiago de Cuba con las de Marsella y las de La Habana con las de Le Havre, según las rutas del comercio transoceánico. Entró también, depurada y adulterada, durante el “trienio liberal” con algunos liberales españoles, y es cuando se publicó, a imitación del diario madrileño, el Robespierre Habanero; después de la Revolución Francesa de 1830, con algunos hacendados criollos seducidos por la monarquía constitucional del “rey burgués”; después de la Revolución Francesa de 1848, con algunos jóvenes republicanos criados a orillas del Sena; en el decenio de los 60, con algunos reformistas cubanos culturalmente “afrancesados”.

Pero, donde realmente irrumpieron en Cuba las ideas de la Revolución  Francesa de 1789, fue en las filas de los revolucionarios de Yara y Guáimaro. Algunos símbolos usados en el período revolucionario renacen en los campos de Cuba libre y en la emigración patriótica. Tomemos unos ejemplos. Al penetrar en Bayamo, la abanderada mambisa lucía “un vestido de amazona, blanco, un gorro frigio punzó, una banda tricolor”. Al dirigirse la palabra, los diputados de la Cámara se ‘llamaban entre sí “ciudadanos”. Al derrumbarse el Segundo Imperio en Francia, en 1870, y al brotar de nuevo la República, escribió Carlos Manuel de Céspedes al Gobierno Provisional: “iQuién no ve en los dos luminares que han vuelto a aparecer en el hermoso cielo de la Francia -92- y el -48- la infalible señal del triunfo de la libertad y un feliz mensajero de las legítimas esperanzas de todos los pueblos que luchan contra la Tiranía?”  Al capitular entre los últimos en mayo de 1878, el general Guillermo Moncada expuso que la lucha sostenida durante diez años he “para afianzar en nuestra Patria los principios de Libertad, Igualdad y Fratemidad”.

Atestiguado por mil documentos más, subrayado cien veces, el hecho, cierto, de la influencia de la Revolución Francesa en la Guerra de los Diez Años, merece todavía un estudio más pormenorizado y global a la vez. El problema estriba tanto en el porqué de tanta demora en la adopción de aquellas ideas y prácticas, como en el porqué de la acogida de estas por la generación del 68. ¿En qué la Cuba del 68 sería comparable con la Francia del 89? Más allá de las ‘evidentes diferencias estructurales, sociales y políticas, se impone a la mente la no menos evidente aspiración de los elementos burgueses de la generación del 68 (la cual va del viejo Céspedes al bisoño Zambrana) a combatir la tiranía de la monarquía, las trabas económicas y fiscales, la esclavitud, y a promover y organizar de por sí Ia Nación, creando un nuevo orden. Aspiran no sólo a separarse de la Metrópoli colonial, sino también a transformar la sociedad según formas y conceptos democrático-burgueses. Y en su anhelo de reconstrucción, su democratismo se nutre de Rousseaus y su republicanismo se inspira tanto en el modelo jacobino francés como en el modelo constitucional norteamericano. (….)

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¿Un Karl Polanyi republicano?

Por Bru Laín Escandell

 polanyi

Descargue aqui La Gran transformación, de Karl Polanyi

Introducción

A grandes rasgos, se pude afirmar que existen dos grandes concepciones de la justicia, esto es, la liberal y la republicana.(1) La primera cuenta con una historia de algo más de dos siglos, mientras que la segunda arrastra una tradición de más de 2500 años. La primera ha conseguido penetrar y hegemonizar muchos ámbitos de la sociedad, así como de la economía y del funcionamiento de los mercados, pero también buena parte de los sistemas educativos, de los políticos y hasta de los culturales. Aún así, parece que en los últimos años viene observándose, sobretodo en el ámbito académico pero también en el político, un resurgimiento del interés por las teorías republicanas. Distintas investigaciones han contribuido a derribar algunos tópicos falsamente establecidos y a renovar dicha tradición. Así, por ejemplo, James Tully (1980) terminó con la creencia del liberal John Locke, Donald Winch (1978) y luego David Casassas (2011) hicieron lo mismo con Adam Smith y el famoso “das Adam Smith Problem”. Del mismo modo, la llamada escuela de Cambridge, representada por Quentin Skinner (1998, 2008), ha reimpulsado el interés por algunas de las tesis republicanas, tarea en la que ha contribuido decisivamente la obra de Philip Pettit (1999). En este sentido, aunque desde la tradición francesa, destacaron también las investigaciones de Yannick Bosc (2009) y Florence Gauthier (1992), posiblemente la mayor historiadora de la revolución francesa y la obra de Robespierre. Aunque haya a quienes nos agrada y estamos esperanzados con el resurgir del interés por el republicanismo, éste no siempre ha sido analizado de la forma más adecuada. Seguir leyendo “¿Un Karl Polanyi republicano?”

Florence Gauthier: Sobre Robespierre y la revolución

Robespierre, St-Just, CouthonDescargar libro de discursos de Robespierre: Por la libertad y la felicidad

Por Joan Tafalla

[Joan Tafalla] Conocí la obra de Florence Gauthier a principios de los año 90 del siglo pasado, en el curso sobre la revolución Francesa que dictaba Irene Castells en la Autónoma de Bellaterra. Irene Castells me hizo descubrir la aportación decisiva de Gauthier a los debates y a la renovación de la historiografía de la Revolución. Paralelamente, y asistiendo al seminario de filosofía política que dirige Joaquín Miras desde hace más de quince años, conocí la aportación de Florence a la renovación de un republicanismo democrático y social1. La cosa me llevó a leer su obras2 y a traducir al catalán su esencial artículo “Crítica del concepto de revolución burguesa aplicado a las revoluciones de los derechos del hombre y del ciudadano del siglo XVIII”3. Dediqué el verano de 2005 a traducir su antología de Robespierre, notable porque al contrario de otras antologías, Gauthier destaca en la misma el pensamiento social del Incorruptible, así como aquellos elementos que le muestran como expresión del movimiento social y no ajeno e incluso divergente del mismo como ha querido algún historiador del siglo XX4. En el marco de una investigación en curso sobre el movimiento popular francés en revolución, hice a Florence Gauthier en Paris (julio de 2006), una larga entrevista de carácter historiográfico que se publicará en otra ocasión y quedó pendiente este cuestionario para una entrevista más, por decirlo así, política sobre Robespierre. Lo habíamos dejado para el próximo verano, pero la ocasión de este monográfico de El Viejo Topo sobre republicanismo nos ha permitido a ambos retomar el proyecto.
Entrevista a cargo de Joan Tafalla.
Joan Tafalla.- Robespierre es el único gran hombre de la Revolución que no cuenta con ningún nombre de calle en París. Después de la Ocupación, con el gobierno surgido de la resistencia hubo una tentativa que no fructificó, y hasta ahora. ¿ Cuál es la razón de este hecho?
Florence Gauthier.- ¿ El único? En todo caso, Robespierre comparte este “privilegio” de la exclusión con Jean-Paul Marat, pero también con muchos otros de los que desempeñaron un papel central, por ejemplo en la revolución colonial y en la abolición de la esclavitud. Pienso en Julien Raimond, animador de la Sociedad de los Ciudadanos de color, Vincent Ogé, pero también con Étienne Polverel o Léger-Félicité Sonthonax que fueron comisarios civiles de Santo Domingo e impulsaron con todas sus fuerzas físicas y morales la abolición de la esclavitud en la isla en 1793. Y esto sólo en una rápida aproximación.
¿ Por qué Robespierre parece “tan repugnante? Es una historia larga, que iremos abordando seguramente a lo largo de esta entrevista. Seguir leyendo “Florence Gauthier: Sobre Robespierre y la revolución”

Memoria, ideario y práctica de la democracia

Entrevista de Julio César Guanche con Antoni Doménech

Marx: la hazaña de la libertad

Marx: la democracia como hazaña de la libertad

El republicanismo es una tradición política de más de dos mil años, que en los últimos dos siglos había estado cubierta en gran medida por la historia del liberalismo. Este presentó las grandes conquistas republicanas como una larga evolución «liberal». Sin embargo, el liberalismo tiene fecha muy reciente de origen: fue bautizado como tal apenas en 1812. La evolución liberal ha sido, en rigor, la de la oposición a las tesis republicanas, en particular sobre dos conceptos esenciales: la libertad y la propiedad.

Un neorepublicanismo académico, recuperado en distintas versiones a partir de los años 1960, goza hoy de gran relevancia en el debate académico y la política práctica, en debate académico, por ejemplo, con el comunitarismo y el propio liberalismo. Nombres como Bernard Bailyn, Gordon S. Wood, J. G. A. Pocock, Quentin Skinner, Philip Pettit, han protagonizado en distintos momentos, y por diferentes vías, un revival académico neorepublicano. De su mano, ganó nuevamente un lugar como la tradición central de la historia política, originada en el mundo clásico y proyectada hacia nuestros días, informando en el trayecto las revoluciones inglesa, holandesa y norteamericana, todo ello como forma de reivindicar críticamente los temas que el liberalismo había abandonado.

Ahora, esta entrevista narra la apropiación del republicanismo por otro lugar: reconstruye la historia de la democracia «plebeya», de la democracia «fraternal» y del socialismo marxista como contenidos esenciales de la tradición republicana, precisamente como aquellos que le otorgan su carácter democrático.

El entrevistado, el catedrático catalán Antoni Doménech, es una de las grandes autoridades en el tema dentro del ámbito europeo. Resistente en su juventud al franquismo, ha dedicado su obra a la teoría y la memoria de la democracia, que considera «la idea más poderosa de la historia». Como parte de esa investigación, ha traducido libros señeros para este debate, como Liberalismo político, de Rawls, y Republicanismo, de Pettit. Ahora, si bien De la ética a la política (Crítica, 1989), el primer libro de Domènech resulta un debate muy interesante para la filosofía política y moral republicana, es con El eclipse de la fraternidad. Una revisión republicana de la tradición socialista (Crítica, 2004) que produce una obra considerada canónica sobre el tema.

Filósofo ilustrado, marxista prebolchevique u «originario», formado, como corresponde a esta tradición, en los campos de la historia, la filosofía, la economía, las matemáticas y la lingüística —discípulo de Manuel Sacristán, acaso el marxista más importante del siglo XX español—, es un pensador tan erudito como incómodo y heterodoxo. La entrevista es un botón de muestra: su pensamiento revisa integralmente la historia de la filosofía tenida como estándar hasta hoy, lo que se extiende hasta el marxismo. Pero su labor está lejos de ser únicamente académica. Junto a un grupo de colegas de diversos países han dado vida a un proyecto editorial y político nombrado Sin Permiso (www.sinpermiso.info), que con más de 30 mil lectores diarios, aspira a devenir una corriente de opinión y práctica política, que acompañe y analice las luchas políticas de nuestro tiempo por la democracia, la república y la revolución, pues comprende que la ecuación que las relaciona es la condición de su posibilidad. Seguir leyendo “Memoria, ideario y práctica de la democracia”

De Juan de Mariana a la Marianne de la República francesa o el escándalo del derecho de resistir a la opresión

por Florence Gauthier

Juan de Mariana

Juan de Mariana

El tema que se abordará en esto texto puede parecer, de entrada, algo extraño. Se trata del nombre Marianne, esto es, la denominación dada en Francia a la República, denominación que procede del nombre del jesuita español del siglo XVI Juan de Mariana. Mi interés por esta cuestión se ha ido derivando poco a poco de las investigaciones que he llevado a cabo durante más de 25 años. Transcurrido todo este tiempo, espero lograr transmitir algunas conclusiones que, a mi parecer, han alcanzado ya cierta madurez.

Todo se fraguó alrededor de una término, “derecho natural”, que aparece en las Declaraciones de los derechos del hombre y del ciudadano de 1789 y de 1793 y que resume la teoría de estas revoluciones. Como historiadora de de la Revolución en Francia y en las colonias francesas del siglo XVIII que soy, no podía dejar de seguir el rastro de este concepto.

Robespierre

Robespierre

Estas revoluciones pusieron sobre la mesa la necesidad de declarar los derechos del hombre y del ciudadano, los derechos de los pueblos a su soberanía, el derecho a la existencia, el derecho a resistir a la opresión. Esta es la razón por la que creo que conviene denominarlas “revoluciones de los derechos del hombre y del ciudadano”.

Fue, precisamente, a través de mis esfuerzos por entender mejor esta noción de “derecho natural” como me fui remontando de la Ilustración a las Revoluciones inglesa y holandesa del siglo XVII, a las guerras de religión del siglo XVI y, finalmente, a los mismísimos comienzos de la era moderna: el momento del Renacimiento. Pues bien, al término de este recorrido hacia atrás, resultó que hallé las primeras fuentes de la tradición del derecho natural en España, en los desarrollos que de él hizo la Escuela de Salamanca y, en concreto, en la definición renovada del derecho natural que le debemos, definición que permitió el florecimiento de la filosofía del derecho natural moderna.

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