«Tenemos que ser una República» Historia del republicanismo cubano desde el siglo XIX hasta 1940

Entrevista con Ana Cairo, por Ailynn Torres Santana

Nacimiento de la República cubana

Momento en que se iza  la bandera cubana en el Palacio Presidencial, 20 de mayo de 1902. Nace la República de Cuba

Las ideas republicanas en Cuba poseen una extraña novedad: cuentan con una larga data y, sin embargo, su análisis, sistematización y socialización es tema pendiente para la reflexión política cubana.

Los debates sobre una Cuba republicana ni comenzaron el 20 de mayo de 1902 ni terminaron con el triunfo de la Revolución de 1959. Los contenidos de las discusiones sobre lo que es república, y su expresión en prácticas concretas, recorren toda la historia política de la Isla – y sus conexiones con el resto de América y con Europa – y le plantean sucesivos desafíos, que alcanzan el presente.

Ana Cairo, profesora de la Universidad de La Habana, investigadora y erudita de nuestra historia, comparte en esta entrevista sus análisis sobre el republicanismo en Cuba. Las reflexiones que realiza al respecto plantean alcances inauditos al tema y abren infinidad de puertas para otras reflexiones que necesitan ser contemporáneas.

El republicanismo, como cuerpo de pensamiento y como práctica política, forma parte de la historia cubana en todos sus ámbitos —cultural, económico, social, jurídico, político—. ¿En qué momento llegan las ideas republicanas a Cuba?

En el transcurso de varias investigaciones, he tenido que examinar las problemáticas del republicanismo y sus funciones para la evolución del pensamiento cubano. Se trataba de un problema clave y con pocas opciones: si éramos un país colonial y nuestra metrópolis era una monarquía atrasada, entonces la transgresión, la ruptura, la herejía, nos llevaba al mundo del republicanismo. Por lo tanto, nuestro pensamiento en la fase criolla, y luego en la fase propiamente cubana, tiene un fuerte componente republicano, prácticamente es un axioma: tenemos que ser una República. Seguir leyendo “«Tenemos que ser una República» Historia del republicanismo cubano desde el siglo XIX hasta 1940”

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Memoria, ideario y práctica de la democracia

Entrevista de Julio César Guanche con Antoni Doménech

Marx: la hazaña de la libertad

Marx: la democracia como hazaña de la libertad

El republicanismo es una tradición política de más de dos mil años, que en los últimos dos siglos había estado cubierta en gran medida por la historia del liberalismo. Este presentó las grandes conquistas republicanas como una larga evolución «liberal». Sin embargo, el liberalismo tiene fecha muy reciente de origen: fue bautizado como tal apenas en 1812. La evolución liberal ha sido, en rigor, la de la oposición a las tesis republicanas, en particular sobre dos conceptos esenciales: la libertad y la propiedad.

Un neorepublicanismo académico, recuperado en distintas versiones a partir de los años 1960, goza hoy de gran relevancia en el debate académico y la política práctica, en debate académico, por ejemplo, con el comunitarismo y el propio liberalismo. Nombres como Bernard Bailyn, Gordon S. Wood, J. G. A. Pocock, Quentin Skinner, Philip Pettit, han protagonizado en distintos momentos, y por diferentes vías, un revival académico neorepublicano. De su mano, ganó nuevamente un lugar como la tradición central de la historia política, originada en el mundo clásico y proyectada hacia nuestros días, informando en el trayecto las revoluciones inglesa, holandesa y norteamericana, todo ello como forma de reivindicar críticamente los temas que el liberalismo había abandonado.

Ahora, esta entrevista narra la apropiación del republicanismo por otro lugar: reconstruye la historia de la democracia «plebeya», de la democracia «fraternal» y del socialismo marxista como contenidos esenciales de la tradición republicana, precisamente como aquellos que le otorgan su carácter democrático.

El entrevistado, el catedrático catalán Antoni Doménech, es una de las grandes autoridades en el tema dentro del ámbito europeo. Resistente en su juventud al franquismo, ha dedicado su obra a la teoría y la memoria de la democracia, que considera «la idea más poderosa de la historia». Como parte de esa investigación, ha traducido libros señeros para este debate, como Liberalismo político, de Rawls, y Republicanismo, de Pettit. Ahora, si bien De la ética a la política (Crítica, 1989), el primer libro de Domènech resulta un debate muy interesante para la filosofía política y moral republicana, es con El eclipse de la fraternidad. Una revisión republicana de la tradición socialista (Crítica, 2004) que produce una obra considerada canónica sobre el tema.

Filósofo ilustrado, marxista prebolchevique u «originario», formado, como corresponde a esta tradición, en los campos de la historia, la filosofía, la economía, las matemáticas y la lingüística —discípulo de Manuel Sacristán, acaso el marxista más importante del siglo XX español—, es un pensador tan erudito como incómodo y heterodoxo. La entrevista es un botón de muestra: su pensamiento revisa integralmente la historia de la filosofía tenida como estándar hasta hoy, lo que se extiende hasta el marxismo. Pero su labor está lejos de ser únicamente académica. Junto a un grupo de colegas de diversos países han dado vida a un proyecto editorial y político nombrado Sin Permiso (www.sinpermiso.info), que con más de 30 mil lectores diarios, aspira a devenir una corriente de opinión y práctica política, que acompañe y analice las luchas políticas de nuestro tiempo por la democracia, la república y la revolución, pues comprende que la ecuación que las relaciona es la condición de su posibilidad. Seguir leyendo “Memoria, ideario y práctica de la democracia”

La verdad no se ensaya: un prólogo

[La edición cubana de La verdad no se ensaya. Cuba: el socialismo y la democracia (Editorial Caminos, 2013), de Julio César Guanche, se presentará el próximo lunes 18 de febrero de 2012, 11: 00 am, en la Feria Internacional del Libro de La Habana (Sala Portuondo) y el 1 de marzo, 3:00pm, en la Casa de las Américas (Sala Galich). Aquí reproduzco el prólogo que ha escrito para esta edición el sociólogo Juan Valdés Paz.]

La verdad no se ensaya

Por Juan Valdés Paz

Este “prólogo” y más bien la presentación de este libro entraña una sorpresa. Como en el juego, nos trae una “noticia mala y una buena”. La mala es que en los cinco ensayos aquí reunidos, escritos entre el 2008 y el 2011, se levantan y tratan tantos temas que se harán necesarios nuevos estudios del autor para su completo examen. La buena es que la lectura de este conjunto de trabajos nos revela a un autor con un pensamiento profundo y coherente sobre los temas levantados y la exposición más completa sobre la tradición republicana, el nacionalismo radical y el socialismo, cubanos, de que podemos disponer.
Estos ensayos confirman la sospecha de que el autor, Julio César Guanche –jurista, constitucionalista, politólogo, historiador, ensayista, etc.- es el pensador cubano más importante de su generación y uno de los renovadores del pensamiento político y jurídico en el país. A manera de ejemplificar estos aportes y a favor del lector, caracterizaremos sumariamente estos ensayos y las temáticas que abordan: Seguir leyendo “La verdad no se ensaya: un prólogo”

¿A quién y cómo rinden cuenta los políticos electos en Cuba?

[El domingo 3 de febrero se realizaron elecciones generales en Cuba. En este contexto, sigo compartiendo pasajes de un texto de investigación, publicado por CLACSO, donde estudio en detalle el modelo de la participación ciudadana en el Estado cubano. En esta nueva entrada, la quinta y última dedicada al tema, analizo los mecanismos de rendición de cuentas y de revocación de los representantes estatales cubanos.]

Ver entradas anteriores: Sobre el vínculo (o la carencia de este) entre el representante y su elector en Cuba; Cómo promover la representación política de grupos desfavorecidos en el sistema electoral cubano, La nominación de candidatos en el sistema electoral cubano, El diseño del sistema electoral cubano: una descripción crítica

La rendición de cuentas constituye un deber constitucional para todos los órganos y funcionarios del Estado. Según el artículo 68 «las masas populares controlan la actividad de los órganos estatales, de los diputados, de los delegados y de los funcionarios» y «los elegidos tienen el deber de rendir cuenta de su actuación y pueden ser revocados de sus cargos en cualquier momento».(1) El diseño institucional lo concibe como un control social sobre la actividad de Gobierno, no reducido a la estructura institucional del Poder Popular.(2)

Los delegados deben realizar asambleas de rendición de cuentas dos veces al año, con el objetivo de informar sobre la gestión realizada para solucionar los planteamientos antes recibidos y recoger nuevos planteamientos y opiniones. En los documentos analizados aparece la necesidad de preparación de estas reuniones como una prioridad para obtener de ella el máximo rendimiento. Los delegados deben buscar la información necesaria para ofrecer respuestas de calidad y coordinar la asistencia de las entidades implicadas en las mayores problemáticas de la comunidad. En los informes que elaboran las AMPP para sus sesiones habituales, se evidencia la preocupación por problemas existentes durante el ejercicio de la labor de los delegados: la participación de los vecinos en la solución de los problemas comunitarios; la concertación, por parte de los delegados, de los planteamientos recibidos con la AMPP; la permanencia de los electores en las asambleas de rendición de cuentas; la evaluación y análisis de lo sucedido en la propia asamblea; la comunicación del delegado con sus electores, etcétera.

Un informe de la Comisión de Órganos Locales del Poder Popular de la ANPP, que sintetizó una investigación sobre el desarrollo de las funciones de los delegados a las AMPP y los Consejos Populares, en junio de 2006 presentaba como uno de los problemas más notables «el relacionado con la atención, respuestas y soluciones que ofrecen las direcciones administrativas a los planteamientos que hace la población». (ANPP 2006) En 2009, otro informe de la misma Comisión declaró «hay que señalar que el nivel de solución de los planteamientos formulados a las entidades administrativas resulta particularmente bajo en algunos territorios». (ANPP 2009)

Por las entrevistas realizadas, es posible constatar altos grados de formalismo en las rendiciones de cuenta en lo que respecta, por ejemplo, a las tareas de fiscalización y control, o el ejercicio de ciertas presiones sobre el cabal cumplimiento de estas tareas. Seguir leyendo “¿A quién y cómo rinden cuenta los políticos electos en Cuba?”

Sobre el vínculo (o la carencia de este) entre el representante y su elector en Cuba

[El domingo 3 de febrero se realizaron elecciones generales en Cuba. En este contexto, sigo compartiendo pasajes de un texto de investigación, publicado por CLACSO, donde estudio en detalle el modelo de la participación ciudadana en el Estado cubano. En esta nueva entrada, la cuarta dedicada al tema , analizo el vínculo existente entre los electores y quienes han resultado  elegidos.]

Ver entradas anteriores: Cómo promover la representación política de grupos desfavorecidos en el sistema electoral cubano; La nominación de candidatos en el sistema electoral cubano; El diseño del sistema electoral cubano: una descripción crítica

En entradas anteriores sobre este tema, he afirmado que el proceso electoral cubano no define los programas de gobierno a nivel municipal, provincial, ni nacional. La ausencia de programa de gobierno se ha tomado por el discurso institucional cubano como una virtud. La periodista Agnerys Rodríguez Gavilán, ha publicado en días pasados un texto que ilustra esta comprensión. Allí afirma:

  “No hay en esos actos, conferencias, visitas, recorridos e intercambio de experiencias [de los candidatos] con el pueblo que los postuló nada de oportunismo, demagogia ni politiquería, tampoco de campaña de propaganda electoral.

Recordemos que estos candidatos fueron postulados de manera directa, cuando el pueblo eligió en las urnas a los delegados a las asambleas municipales del Poder Popular, quienes hasta en un 50 por ciento están representados, tanto en las candidaturas para el Parlamento como en las asambleas provinciales; y de manera indirecta, por medio de las propuestas que hicieron las diferentes organizaciones de masas del país.

“Son los méritos y virtudes, expuestos en sus biografías, o la lectura que de estos se hace en las televisoras y emisoras nacionales, provinciales y municipales, así como su publicación en periódicos nacionales y provinciales, la principal campaña pública, con un profundo sentido cívico y ético.

“En estos espacios, en ningún caso los candidatos del pueblo pueden hacer campaña a su favor, ni las autoridades electorales pueden beneficiar a unos y denigrar a otros. Mucho menos hacer promesas o presentar programa de gobierno, a la usanza de las democracias burguesas.”

 Del mismo modo, el discurso estatal cubano sostiene que la prohibición de hacer campaña es una ventaja del sistema porque impide la demagogia. Hipotéticamente, la preocupación por la «demagogia» expresa más las debilidades que las fortalezas del diseño: la demagogia no es producida por la existencia en sí de una campaña electoral sino por la ausencia de mecanismos republicanos de control sobre lo prometido por el representante. En lo adelante, analizo las potencialidades del mandato, la rendición de cuenta, y la revocación en tanto tales: como mecanismos ciudadanos de participación en la formación de la voluntad estatal y de control sobre el representante. Seguir leyendo “Sobre el vínculo (o la carencia de este) entre el representante y su elector en Cuba”