La necesidad de abrir caminos (Dúplica a Haroldo Dilla)

cuba

Por Julio César Guanche

Haroldo Dilla me ha hecho el honor de replicar, en “Los íconos difusos”, un artículo en el que cuestiono algunos de sus comentarios.

No me he referido a los miedos que despierte ser acusado de “difuso”, ni a cuál sería la respuesta heroica ante ello. Sostener una posición política democrática debe ser un derecho ante el cual la heroicidad sea superflua y el miedo inconcebible —como defiendo, ya que estamos, abolir todas las fuerzas antidisturbios y liberar a todos los presos por razones políticas de este mundo—. Pero sigo pensando que su posición regatea la legitimidad de posturas políticas diferentes.

Nunca he aceptado desacreditar una postura intelectual por las descalificaciones que se dirijan a la persona de su proponente. Dilla hizo esto en su primer texto, cuando aseguró que todas las opciones de Alfredo Guevara se orientaban a su “uso y beneficio” como “mandarín y gay oficial”, “suerte de florero”. Ahora dice que soy yo el que lleva a ese punto la discusión. Pero lo dejaré de lado, pues dice cosas de mayor importancia que mis reales o supuestos yerros polémicos.

Las biografías son algo más importante que los intercambios de “chismes” privados. Ya que Dilla entra en detalles biográficos, lo haré para explicarme.

Para entender la vida política de Mañach, por ejemplo, es necesario ser preciso en su biografía. Es oportuno saber que prologó la primera edición en forma de libro (1954) de La historia me absolverá. Es importante conocer que  Mañach, “no se fue” de Cuba, sino que, según él mismo, no le dejaban alternativa, cuando lo retiraron del claustro universitario, y le privaron de sus fuentes de empleo en los medios de prensa.

También es necesario notar que se opuso a la dictadura de Batista, y que, por sus convicciones, liberal republicanas, no podía compartir el curso comunista, que según entendía, tomaba el curso revolucionario desde fecha temprana. Es bueno saber que llegó muy enfermo a Puerto Rico, que esto ha habilitado reinterpretar el “apoyo explícito” que, se ha dicho, prestó a la invasión de Girón (1961), o conocer que no autorizó en vida la publicación de Teoría de la frontera, queeran notas de curso sobre un tema que nunca antes había trabajado.

Tampoco es redundante la interpretación de sus inserciones políticas. Es necesaria la interpretación del ABC, entendida tradicionalmente como “facistoide”, cuando fue el primer movimiento moderno de una derecha de masas en Cuba. Es una simpleza calificarlo de “fascista”, como si todas las derechas lo fuesen sin más.

Es importante comprender el contexto de enunciación de las ideas: no es lo mismo defender la democracia bajo un sistema liberal oligárquico que defenderla bajo un formato liberal social, que con sufragio universal o sin él. Habrá quien piense que la democracia es “una sola” —como dicen los estalinistas que “hay un solo marxismo”—, pero es un error, que Dilla no comete, aunque no considera sus diversas implicaciones.

La biografía, la  interpretación de las opciones políticas y de los contextos de enunciación de las ideas son aspectos cruciales para comprender una tradición y sus “recuperaciones” posibles. Es lo que he intentado hacer con Roa, y he visto utilidad en hacerlo para el presente, como es útil para la interpretación del pasado, hecho que también es relevante. Desde ahí busco interpretar los legados de intelectuales políticos, como Mañach o Alfredo Guevara, aspirando a hacer algo más que asignar calificaciones de quién es más importante, o más intelectual que el otro. Dilla, aunque en su segundo texto es mucho más analítico que en su primer alegato, simplifica este tema.

Dilla establece que los problemas que yo señalo como propios de la relación entre el socialismo y la democracia, son más bien atinentes a la relación liberalismo-democracia: “los problemas de la libertad del individuo ante el estado/comunidad”. Seguir leyendo “La necesidad de abrir caminos (Dúplica a Haroldo Dilla)”

El drama del analista

http://www.networkedblogs.com/blog/cuba-material. Tomada de Cuba Material

Imagen tomada de The New York Times. 2014.Tomada de Cuba Material http://www.networkedblogs.com/blog/cuba-material.

Por Julio César Guanche

Haroldo Dilla, en un texto titulado “Las impúdicas confesiones de Alfredo Guevara”, ha escrito que yo, entre otros, pretendo ocupar un lugar “difuso” “entre el apoyo al sistema y al gobierno cubano y su crítica”. También afirma que, como parte de ello, he hecho un esfuerzo “descomunal” por “elevar a Raúl Roa a una estatura ideológica de procerato”.

Imagino que el uso de “difuso” y de “descomunal” no es celebratorio. Por mi parte, tengo cuidado de calificar otros posicionamientos políticos de “difusos”, porque es, en propiedad, una palabra difusa. Esta noción hace parte, en Cuba, de un universo de discurso descalificador que cuenta entre sus correlatos con “revisionismo” y, en el extremo, con “quintacolumnismo” y otras atrocidades que Dilla conoce bien y yo prefiero evitar. Lo de “descomunal” elijo entenderlo, con Aristóteles, como “desproporcionado”. Para este, lo desproporcionado a la visión humana —como un animal enorme— no es feo ni bello sino que solo puede apreciarse por partes.

Voy entonces por partes. La historia del pensamiento político, o sus reformulaciones disciplinares, vive de recuperaciones, desde Aristóteles a Hobbes, pasando por Leo Strauss y una lista inabarcable. Esas recuperaciones fundamentan, casi siempre, proyectos políticos que pretender colocarse en el presente. Desde ahí, no entiendo cuál es el problema con pretender recuperar a Roa, o a Chibás, o a Mañach.

Quizás el problema sea que para justificar esas recuperaciones haya que ofrecer, según Dilla, explicaciones biográficas. Habría que darlas por los niveles de “lealtad” que el sistema infligió a sus intelectuales orgánicos. Es una manera de hacerlo, pero me parece pobre desde el punto de vista intelectual. Rousseau abandonó a sus hijos y Hobbes fue el enemigo absolutista de la República inglesa de 1649. Nada de esto despierta mi admiración, pero no ha impedido sus recuperaciones.

En la historia de Cuba, la palabra “socialismo” está inscrita en textos relativos al Partido Independiente de Color, al I Partido Comunista y al Partido Revolucionario Cubano (Auténtico), siendo tan diferentes entre sí. Esa historia me parece relevante, por ejemplo, para comprender mejor la importancia, y los conflictos, del pluralismo, como hecho social, cultural y político, más allá de celebraciones simplificadas de la diversidad en materia ideológica, y para entender los usos alternativos, y contradictorios entre sí, de diversas nociones de democracia, cuestión que vale también para hoy. Seguir leyendo “El drama del analista”

Encuentro con Alfredo Guevara en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales

Alfredo Guevara

Esta nueva entrega es parte de un homenaje a Alfredo Guevara. Reproduzco ahora el texto correspondiente al encuentro sostenido por el fundador del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de la Habana con estudiantes del Instituto Superior de Relaciones Internacionales (ISRI), el 26 de febrero de 2010.

Encuentro con Alfredo Guevara en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales

Profesora Mónica Cruz, Moderadora:

Muy buenas tardes. Estamos aquí en un nuevo espacio y nos honra en el día de hoy la presencia ilustre del doctor en Ciencias Filosóficas y Letras de la Universidad de La Habana, Alfredo Guevara.

«Cinefilando» es un espacio nuevo para todos, creado por la Juventud y la FEU del Instituto Superior de Relaciones Internacionales, que pretende fomentar el análisis, la reflexión y la crítica, en este caso, de cine, pero vinculado a otras manifestaciones. Nos acompañan hoy, además del doctor Alfredo, estudiantes de primer y segundo año de la licenciatura, los agregados de primer y segundo año, así como otros invitados de honor.

 Erik:

Muchas gracias a todos por haber asistido a nuestro primer encuentro. Como saben, la idea era no inaugurar este espacio hasta que tuviéramos a Alfredo aquí, por eso nos demoramos hasta hoy.

«Cinefilando» parte del cine, como eje central, para analizar no solo las distintas cinematografías, cubana, latinoamericana, europea o de distintas nacionalidades, sino usar el cine como pretexto para comprender las realidades sociales que nos circundan y, a la vez, conocer un poco de cine, el cine por dentro, la producción, la dirección, el papel del director, del productor. En sentido general, el espacio va a abarcar dos ejes fundamentales: primero, el cine por dentro, y luego vamos a ver las distintas cinematografías y cómo son reflejo de realidades sociales. Por supuesto, centro fundamental será la política como punto de nuestra formación como profesionales e integrantes de este instituto. «Cinefilando» pretende conocer el cine de una manera dinámica, tal vez proyectemos spots, documentales, películas y vamos a invitar a especialistas en diferentes ramas del cine.

Se encuentran hoy con nosotros la viceministra Ana Teresita, Juan Miguel, el secretario de la Juventud del Instituto, que nos ha apoyado en la realización, y Abel Torres, el secretario general de la Juventud del Minrex.

  Alfredo Guevara:

¿Puedo decir algo antes de que empiecen las preguntas?

 Profesora Mónica Cruz, moderadora:

El espacio es de usted.

 Alfredo Guevara:

Quería decir que de buenas a primeras me di cuenta de que no sabía por qué estaba aquí, pero no importa, me encantan las sorpresas. Se me ha hecho el hábito, en estos años de mi vida, ya muy avanzada, de que si me invitan jóvenes, voy aunque sea sin saber para qué porque temo que se nos vaya de las manos la juventud. No porque la quiera manipular, sino porque es el tesoro más grande de la Revolución. Cada vez que tengo noticias de que un joven parte a otros países, casi siempre sin contradicción con la Revolución –no encontraría otro modo de decirlo suavemente–, me dan ganas de cantar como en la canción de Alejandro Sanz, «Tengo el corazón partido», porque realmente es una parte del corazón la que se nos va. Seguir leyendo “Encuentro con Alfredo Guevara en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales”

Cuba: hacia un redimensionamiento de los derechos humanos

cuba 

La temática de los derechos humanos ha sido una constante que ha marcado, durante muchos años, los debates sobre Cuba. La construcción de versiones particulares sobre el tema, desde diferentes puntos del espectro político-ideológico nacional, nos muestra la existencia de una gran contraposición de opiniones. Se trata de un tema crucial que, más temprano que tarde, cobrará mayor fuerza en los procesos de transformación que vive el país. Por este motivo nuestra revista ha convocado a un grupo de expertos para debatir sobre este asunto trascendental. Participan en el dossier el jurista Roberto Veiga, editor de la revista Espacio Laical; el politólogo Rafael Hernández, director de la revista Temas; el jurista Julio César Guanche, ensayista y pensador cubano; monseñor Carlos Manuel de Céspedes, vicario de la Arquidiócesis de La Habana, pensador y ensayista; y el politólogo Arturo López-Levy, académico y activista cubano radicado en Estados Unidos. (Nota introductoria de Espacio laical)

Las preguntas que se responden dentro del dossier:

 1-¿Puede hacer una reseña sobre los imaginarios históricos de nuestra nación acerca del tema de los derechos de la persona?

 2-En las últimas décadas, ¿cuáles concepciones han conseguido en nuestro país una mayor elaboración y difusión? ¿Alguna noción ha prevalecido?

 3-¿Cuánto han avanzado en materia de derechos las generaciones que hoy comparten el país?

 4-¿Cuánto nos queda por avanzar? ¿Cuáles podrían ser los mejores mecanismos para lograrlo?

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No podemos defender la diversidad y olvidarnos de que cada ser humano es diferente y tiene necesidades diferentes

alfredo

El Festival Internacional del  Nuevo Cine Latinoamericano de la Habana celebra por estos días su edición 35. El Festival rinde homenaje a su fundador, Alfredo Guevara, fallecido en abril del presente año. Hago lo mismo en este blog. Colocaré  diversos materiales que aparecieron compilados en el último libro de Guevara: “Dialogar, dialogar (Escuchar, enseñar, afirmar, aprender”.  Ediciones Nuevo Cine Latinoamericano, 2012. Comienzo con el texto correspondiente a la conferencia que impartió Guevara con motivo del fin del programa lectivo de la Maestría sobre Estudios Cubanos, Instituto Superior de Arte (ISA), el 5 de febrero de 2010.

ver aquí la información de la edición 35 del Festival.

Encuentro de Alfredo Guevara  con estudiantes y profesores del Instituto Superior de Arte

Doctor Rolando González Patricio, rector del Instituto Superior de Arte (ISA):

Buenos días. Dice Alfredo que mientras más baja la temperatura mejor. Parece que ya sintió la alegría convertida en calor humano en el Instituto Superior de Arte cuando recibimos a Alfredo Guevara, quien no necesita presentación acá. Doctor Honoris Causa de este Instituto, Premio Nacional de Cine, Orden José Martí es un intelectual que ha echado su suerte con las mejores causas del siglo xx y del xxi. Nos honra con su presencia y es un lujo para el ISA, para el Departamento de Estudios Cubanos, que el programa lectivo de nuestra maestría concluya con una intervención de Guevara. Por tanto, como lo que todos queremos es escucharlo a él, no voy a prolongar esta presentación y voy a adelantar las gracias y a pedirles un aplauso de bienvenida.

 Alfredo Guevara:

Ya había dado los buenos días; ahora les digo: buenos días y gracias por la paciencia que tendrán de escucharme.

Me han hecho un pequeño resumen de cómo se ha ido produciendo este ciclo de encuentros. Yo no quiero llamarlos conferencias, porque –lo expliqué muy bien– me niego a dar conferencias, por respeto a las conferencias. Una conferencia se prepara con mucho cuidado, con mucho más que aquel con que se prepara una clase. He sido profesor de la universidad y las clases duraban dos horas, pero me llevaba una semana prepararlas, y una conferencia le lleva a uno meses. Por tanto, esto es una conversación que iniciaré yo, pero en la que me someto también al criterio de ustedes, si quieren contradecirme yo defenderé mi posición.

Me aterra pensar que me toca a mí estar aquí hoy, cuando compañeros en quienes tanto confío y a quienes tanto respeto me han precedido. Tal vez han agotado todos los temas, yo no sé muy bien cómo abordar mi ocasión, porque eso es lo que es: una ocasión. Entonces, me voy a entregar a mis obsesiones en este instante. Seguir leyendo “No podemos defender la diversidad y olvidarnos de que cada ser humano es diferente y tiene necesidades diferentes”

Fernando Pérez o las alternativas del cine cubano

 

Fernando Pérez

Fernando Pérez o las alternativas del cine cubano

POR JULIO RAMOS  

El cineasta cubano Fernando Pérez anticipa en la entrevista que sigue el estreno de La pared de las palabras, su nueva película de ficción sobre el sacrificio que conlleva el cuidado de un miembro discapacitado en el seno de una familia habanera.  Si la historia del cine cubano había cifrado en la obra temprana de Tomás Guitiérrez Alea, Humberto Solás o Santiago Álvarez la fuerza de un momento inaugural, potenciado frecuentemente por un arrollador impulso épico, a partir de los años noventa, la obra de Fernando Pérez, en cambio, se repliega en la fuerza alternativa de un estilo tardío, no exento de cierta melancolía.

El tema de la discapacidad y de los ritmos excéntricos de la vida al margen del esquema regido por la idealización de un cuerpo normativo no es nuevo en el cine de Fernando Pérez. Ya en Madagascar (1994) y en Suite Habana(2003), dos de los más intensos registros fílmicos de la crisis cubana durante el llamado “periodo especial” (tras el derrumbe del bloque soviético), Pérez había explorado la gradual fragmentación de los heroicos relatos del futuro de la revolución y su particular política del cuerpo. El trabajo de Fernando Pérez siempre ha estado muy alerta a la dimensión corporal y sensorial del ordenamiento político de la revolución. Podría pensarse que la discapacidad o la excentricidad de los cuerpos en varias de sus películas implica un cuestionamiento de la relación entre la historia del cine y la inscripción normativa de los cuerpos y los sujetos en los regímenes de la cultura visual. Pérez pone una atención particular en los ritmos, tiempos, multiplicidad de experiencias, relatos y vínculos inesperados entre gente que inventa espacios vitales en los márgenes o a contrapelo de las instituciones sociales. De ahí que no es casual que muchos cineastas de hoy reconozcan en su trabajo un punto de referencia clave de los debates sobre el potencial del cine alternativo. Tal como ha sugerido Anne Marie Stock, varias de las películas de Pérez, sobre todo Madagascar -que ha pasado a ser una película de culto entre los jóvenes y no tan jóvenes cineastas y cinéfilos- registran el diálogo de Pérez con las corrientes más críticas del cine y la cultura alternativa en Cuba.

paredpalabras

La pared de las palabras es la primera película que Pérez produce independientemente tras muchos años de labores en el ICAIC, órgano oficial de la industria cinematográfica cubana, donde Pérez se formó y trabajó desde 1962 hasta su reciente jubilación en 2012.   El hecho de que esta última película se esté produciendo actualmente fuera del ICAIC cobra relieve cuando se toma en cuenta que Fernando Pérez -probablemente el principal realizador vivo del cine nacional cubano- fue electo recientemente portavoz de una nueva asociación de Cineastas por el Cine Cubano que reclama ahora autonomía del ICAIC.  (Le hice la entrevista a Pérez en La Habana unas semanas antes de la creación de esta asociación, por eso no conversamos sobre el tema. Los documentos y posiciones de la asociación se encuentran en la red). Seguir leyendo “Fernando Pérez o las alternativas del cine cubano”

Alfredo Guevara y la escalera de piedra, esa prueba de reencuentros, saludos y recuerdos.

 

 Alfredo Guevara

Por Ana Cairo

Para Max Lesnik y Julio César Guanche.

  1.  Un mellista.

Cuando ya el tiempo es ido, uno retorna

como a la casa de la infancia, a alguien,

días, rostros, sucesos que supieron,

recorrer el camino de nuestro corazón.

Fina García Marruz: el poema “1”, en Visitaciones, UNEAC, 1970, p. 171.

    El 19 de abril falleció  Alfredo Guevara.  Me enteré  después de la seis de la tarde, minutos antes de que cerrara la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí (BNCJM). Yo había estado trabajando una buena parte del día en la Sala Cubana, ajena a noticias y a llamadas telefónicas, en un libro y una multimedia sobre Cirilo Villaverde (1812-1894). Ya de salida, me había llegado a la sala de referencias para ver si me podían encontrar una información; me atendieron rápidamente con cordialidad y allí me lo dijeron.

     Comenté que no sabía que estaba ingresado; que –para mi desgracia- no volveríamos a conversar alegremente sin grabadoras, sin tomar notas ; que  solía hacerle las más raras preguntas y él, muy divertido, las contestaba; que, a veces, él deslizaba informaciones muy singulares y las dejaba truncas ex-profeso, con lo que multiplicaba mi curiosidad y la certeza de que volveríamos a dialogar; en los últimos tiempos estaba predominando el intercambio por teléfono.

    En la nota de prensa, se informaba que el 20 de abril sus cenizas serían dispersadas en la Escalinata de la Universidad de La Habana. A propósito de ello, en la entrada principal de la BNCJM, algunas personas me expresaron su desconcierto; estimaban que hubiera sido más “lógico”, que la ceremonia se efectuara en la sede del ICAIC, o en la del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano.

     Me preguntaban por qué él había  elegido la Escalinata y les respondí que era la mejor demostración de la coherencia de su pensamiento, porque él vivía muy orgulloso de su linaje revolucionario. Se trataba de la reactualización de una eficiente metáfora carpenteriana, la  que daba título al relato Viaje a la semilla (1944).

      Sugerí a mis interlocutores que asistieran a esa original despedida, la primera que se haría en uno de los símbolos habaneros y que quedaría como una opción a repetir por otros en la historia universitaria. Yo asistiría no solo por el agradecimiento a su permanente solidaridad, sino por el respeto admirativo a la tradición revolucionaria implícita en dicha elección.

    Caminando hacia mi casa,  recordé que  con motivo del 110 aniversario del natalicio de Julio Antonio Mella (1903-1929), el 25 de marzo, el boletín digital mensual Librínsula , vocero de la BNCJM, había dedicado el espacio  “Imaginarios” al líder juvenil.

    Cuando me pidieron colaboración , lo primero que sugerí fue la actualización de imágenes artísticas sobre  nuestro Apolo revolucionario, desde el famoso cuadro de Servando Cabrera Moreno Mella en la calle Obispo, el cual había sido difundido por la FEU ya en postales, ya en pancartas, a partir de la generosidad para dejar fotografiarlo de Guillermo Jiménez (Jimenito, propietario del original) hasta la estatua Mella en la Escalinata de José Villa, emplazada en la Universidad de las Ciencias Informáticas .

     Insistí en que debían realzarse las imágenes del catálogo de la gran exposición (2010) organizada por Alfredo Guevara en la sede del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, con motivo del evento.

    También se incluyó en Librínsula,  un fragmento en el que se evocaba a Mella dentro de una “autobiografía” inédita de Juan Marinello (1898-1977), que él había escrito a sugerencia de Alfredo para servir de fuente primaria en un documental.

     Alrededor de  1978- 1979, yo había leído dicho texto cuando el archivo del poeta, ensayista y político, todavía estaba en su casa. Sabía que el mecanuscrito  se hallaba  en la colección Marinello de la Sala Cubana de la BNJM.

    Un día conversando con Alfredo sobre su amistad con Marinello, yo aludí a la existencia de  dicho mecanuscrito. Días después, una colaboradora suya me pidió urgentemente que ayudara porque él quería leerlo. Como el texto no se denominaba autobiografía, no lo podían localizar en la Sala Cubana.

     Finalmente, Alfredo pudo leerlo en una fotocopia y entonces me contó que el origen de tan singular documento había estado en su deseo de hacerle varias filmaciones a Marinello, idea similar a lo que se había hecho con Alejo Carpentier (1904-1980). La dificultad paralizadora  del proyecto estuvo en que Juan no tenía las habilidades de comunicador moderno, carismático, que habían caracterizado a Alejo.

    Alfredo estaba muy complacido con el interesante mecanuscrito, porque comprendió mejor la gran amistad que los había unido;  Marinello  había atendido a su deseo y guardó el documento sin decirle nada en espera de que se concretara el proyecto en el ICAIC.

    A partir de la publicación de Mella: 100 años  (2003),  Alfredo había querido conocerme. Él era un mellista apasionado. Estaba orgulloso de provenir de dicho linaje,  como muchos  de los políticos formados en las acciones de la FEU.

    Estaba fascinado con las infinitas posibilidades estéticas y políticas que se derivaban de la metáfora de asumir a Mella como un “Apolo revolucionario”. Era uno de los motivos  del libro, que más le había interesado. Seguir leyendo “Alfredo Guevara y la escalera de piedra, esa prueba de reencuentros, saludos y recuerdos.”

El gesto de Alfredo Guevara

Alfredo Guevara
Revolución es lucidez: la lucha continua por la libertad, la justicia y la belleza.

Por Julio César Guanche

Alfredo Guevara pasó la mayor parte de su vida con el saco sobre los hombros, en un gesto por el cual era reconocido por la mayoría de los cubanos, por dos razones declaradas: detestaba la guayabera y aborrecía la ritualidad. Cuando obligaciones protocolares le empujaron hacia la guayabera, se rebeló: “siento que solo me faltan las maracas para salir a la calle”. Obligado al saco, se lo dejó por décadas apenas sobre los hombros: parecía que el saco estaba puesto, pero tampoco terminaba de estarlo. Sin embargo, cultivaba con humor el mito sobre el origen de su gesto.

Ahora, el gesto es solo un síntoma, que acaso se explica por otras causas.

En su primera juventud, Guevara frecuentaba junto con otro amigo, blancos los dos, los círculos anarquistas de los trabajadores, mayormente negros, del puerto de La Habana.

Yo era anarcosindicalista. No creo que existiese en la Isla una gran influencia anarquista, pero la República Española trajo a muchos emigrados españoles de esa filiación. Mi novia era hija de un poeta anarquista español. Mis ideas habían nacido antes, pero con ella la relación con el anarcosindicalismo se hizo además sentimental.

Más adelante, los anarquistas nos encargaron a Lionel Soto y a mí que preparáramos un programa libertario, porque éramos los más cultos en un grupo de obreros anarquistas, básicamente del puerto de La Habana, en el que militábamos.

Para redactar el programa, Lionel y yo íbamos a estudiar a la Biblioteca Nacional, ubicada en el Castillo de la Fuerza. Su director, Joaquín Llaverías, era un hombre muy progresista. Allí había libros de todas clases, y comenzamos a leer textos marxistas sobre el anarquismo.

Nos convencimos que debíamos estudiar en profundidad el marxismo. Nos costó mucho trabajo separarnos de la organización anarquista, pero Lionel hizo una opción inmediata hacia el socialismo. Yo vacilé un poco y con el tiempo llegué a entrar oficialmente a la Juventud Socialista y al Partido Socialista Popular.

Teníamos la ilusión de que el triunfo de las fuerzas antifascistas sobre el nazismo debía significar una nueva época para la humanidad. Surgió la ONU, un poco más tarde surgió la UNESCO, es decir todo vaticinaba otra época; comenzó la descolonización, aunque luego resultara un proceso incompleto.[1]

Si su corazón era anarquista, su cabeza lo llevaba al marxismo, pero no quiso hacer una elección que resultara en una exclusión. Guevara se definiría en lo adelante, hasta hoy, como un comunista libertario.

Desde esa convicción, no le era difícil adherir al socialismo republicano español.

La Revolución cubana comenzó a realizar el proyecto que no tuvo secuencia en la segunda república española.

Su influencia nos marcó definitivamente. Para mí es sustancial demostrar que el pensamiento de la Revolución es mucho más complejo que la presencia de los aliados que hemos tenido en un momento dado en el este de Europa y que fueron imprescindibles. El pensamiento de la Revolución tiene raíces mucho más profundas, y entre ellas, una de sus fuentes, está en la experiencia de España.

Cuando entré en la universidad ya la guerra civil española había terminado, pero dejaba hondas repercusiones. Era una época en que muchos teníamos los abuelos o los padres españoles. La población mestiza de Cuba, no la que conservaba enteramente sus rasgos africanos, pero sí una parte importante, tenía una rama española.

Por eso muchos vibraron en su niñez o en su adolescencia con los acontecimientos que condujeron al derrumbe de la República, que encontró luego otro eco en nuestra realidad: la llegada de los refugiados españoles.

No se trata solamente de los profesores españoles que llegaron a Cuba, vivimos el legado de la República española en todos los terrenos, en el constitucional, en la ciencia, en las artes, en la literatura y en la política, en el desarrollo de nuestro pensamiento, de nuestra voluntad revolucionaria y de nuestra cultura.

Aquí, por ejemplo, los pelotaris jugaban un papel. Por otra parte, ahora nos hemos olvidado del fútbol —algunas veces lo recuperamos— pero cuando era joven, la presencia de las sociedades españolas era muy grande. El fútbol competía con el béisbol. Yo no entiendo el béisbol y sigo siendo un apasionado del fútbol. No sería extraño encontrar en el alma de esta generación que va desapareciendo, los remanentes de las influencias españolas también en el deporte.

Esos profesores nos influenciaron porque se preocuparon por Cuba y por sus problemas políticos, por la situación de nuestra generación. Uno de ellos, Gustavo Pittaluga —quiero destacarlo porque en mi generación habanera nadie dejó de leerlo—, no está suficientemente reconocido en España. Estuvo también Fernando de los Ríos, que escribió sobre José Martí. Aunque no estuvo en Cuba, el pensamiento de Ortega y Gasset también tuvo un papel. Antes había pasado por nuestro país García Lorca, quien dejó una huella de admiración tan grande que nos hizo vibrar cuando supimos su muerte terrible bajo el franquismo. Manuel Altolaguirre jugó un papel importante de promoción, conservo algunos de los ejemplares de pequeño formato que publicaba, como El ciervo herido. Éramos antifranquistas militantes.

 Desde entonces, Guevara sabía que pertenecía con la misma intensidad a la cultura como a la política, otra vez sin elecciones excluyentes. Si aceptaba alguna materia como “sagrada” serían al mismo tiempo la universidad y la rebeldía, esa edad adulta de la cultura.

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