Pablo Pacheco López y la persistencia de la cultura rebelde

Pablo Pacheco

Pablo Pacheco

(Ha muerto, tambien, Pablo Pacheco. Para él toda mi admiración y todo mi afecto. Tuve el privilegio de su amistad, y de su sabiduría. Los buenos cubanos sabrán recordarlo en toda su dimensión. Pienso en Pacheco cuando imagino a un hombre completo. Amigo, compañero y ecobio, como él decía. Un revolucionario de verdad.)

Por Néstor Kohan

Cuando falleció Antonio Gramsci y pudieron recuperarse, por fin, sus célebres Cuadernos de la cárcel se tejieron mil anécdotas, un millón de análisis e incontables estudios sobre las lecturas del brillante pensador marxista. Pero tuvieron que pasar muchos, quizás demasiados años, para investigar: ¿Cómo obtuvo Gramsci sus libros en la cárcel? Recién allí emergió a la palestra el nombre de Piero Sraffa, que todo el mundo conocía por sus trabajos de economía política neoricardiana y su vínculo académico con Keynes, pero casi nadie sabía de su adhesión juvenil al marxismo y su solidaridad cotidiana, inquebrantable y sostenida con su amigo comunista prisionero al que le proporcionó libros y más libros durante años y más años…

Cuando aparecieron en 1932 los Manuscritos económico filosóficos de París de Karl Marx (hasta entonces inéditos) se armó un revuelo bárbaro. Treinta años después, el revuelo se convirtió en polémica internacional. Todos opinaban, desde el Che Guevara hasta los teólogos jesuitas de la Iglesia oficial del Vaticano, pasando por la socialdemocracia, los psicoanalistas freudianos, toda la gama de herejes y ortodoxos del marxismo, incluyendo las más altas cumbres de la filosofía del siglo XX: desde Sartre a Lukács. Pero casi nadie se preguntaba: ¿quién rescató del olvido ese texto fundamental de Marx? ¿Quién trabajó esos manuscritos y los editó con paciencia de hormiga? El nombre de David Riazanov (seudónimo de David Goldenbach) solo es conocido por algunos pocos especialistas y eruditos del marxismo y  si se lo conoce, es principalmente por su biografía de Marx y Engels, no tanto por su trabajo silencioso de editor en las sombras y ratón incansable de biblioteca sin cuyo esfuerzo hoy no conoceríamos esos pensamientos de Marx.

Los ejemplos podrían multiplicarse al infinito. Apellidos célebres y nombres desconocidos. Pensadores “famosos” y editores que han trabajado casi en el anonimato y la oscuridad, detrás de escena, para el triunfo de las ideas revolucionarias, socialistas y comunistas. Y si hasta ahora no se consiguió el triunfo, al menos su trabajo resultó imprescindible para encarar la batalla de ideas, sin la cual ninguna guerra de clases se gana en la historia.

El compañero cubano Pablo Pacheco López, además de amigo entrañable, fue (es) precisamente eso. Un ratón erudito de biblioteca, un trabajador y organizador de la cultura detrás de escena, un editor sistemático en la sombra y un rebelde de la cultura revolucionaria comunista internacional. Humilde hasta el límite de la exasperación, de perfil bajo, de hablar bajito, pausado y reflexivo, de sonrisa irónica y caminar cansino, Pablo Pacheco navegaba entre los libros como en su hábitat natural. Su oxígeno era el papel y la tinta. Tenía una biblioteca personal impresionante. Cada estante de su casa albergaba en doble fila los ejemplares más increíbles. Las joyas más preciadas, las ediciones más inesperadas. ¡Todas leídas y transitadas! Cualquier libro que uno sacaba con dificultad del estante más alto e inalcanzable… estaba leído. Los libros no eran para él un adorno, sino su alimento y su sangre, su impulso de vida. Seguir leyendo “Pablo Pacheco López y la persistencia de la cultura rebelde”

Alfredo Guevara: Soy un profesional de la esperanza

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Con esta última entrega, cierro, por esta vez, el homenaje de La Cosa a Alfredo Guevara. Ahora se trata de la transcripción de la conversación que sostuvo con Amaury Pérez  para el programa televisivo Con dos que se quieran…, el 22 de septiembre de 2010.

Amaury Pérez (A.P.):

Muy buenas noches. Estamos en Con dos que se quieran, aquí en 5ta. y 32, en Miramar, en los maravillosos Estudios Abdala. Hoy me acompaña uno de los más grandes intelectuales cubanos del siglo pasado y de este. Cineasta, escritor, ideólogo, soñador. Para mí es un privilegio, no solo tenerlo en el programa, sino que me hayan acompañado durante muchos años su magisterio y su amistad, mi amigo, Alfredo Guevara. Alfredo, ¿cómo está usted? Todo mi amor.

Para no explicar mucho, en nuestra intimidad, nos tratamos de tú, pero por respeto a los televidentes, por respeto al espacio, me voy a permitir tratarlo de usted. Alfredo, la primera entrevista que le hice, fue hace dieciséis años para un programa que yo tenía que se llamaba Muy personal, ¿cuánto ha evolucionado su pensamiento en dieciséis años? ¿Qué cosas le importaban entonces, qué cosas le importan ahora?

Alfredo Guevara (A.G.):

Me haces pensar en mí mismo más que en hecho y época, porque imagínate, has hecho una presentación de un personaje de dos siglos, yo no tengo dos siglos, pero tengo muchos años.

Cuando muy joven sí tenía otra visión, pero en dieciséis años nada ha cambiado de esta obsesión que te diré: los jóvenes. Se me salió desde entonces, y desde un poco antes, desde que regresé de París, la vocación que había tenido inicialmente y la que pareció que iba a marcar mi vida: la de profesor. Me preparé para ello, fue lo que estudié, me complacía el camino que había elegido, pero después del período de París, de la Unesco, realmente vine con otra visión del papel del profesor. Es decir, identifiqué profesor y político, porque no hay modo –en mi opinión–, de ser un verdadero revolucionario sin pensar que el destino está en manos, o debía estar en manos, o estará en manos, o tendrá que estar en manos, por fuerza, de las generaciones jóvenes.

Y tuvieron una desgracia tremenda la Revolución y Fidel: en el momento en que ya cientos de miles de jóvenes ascendían al rango más alto de la instrucción, no de la cultura, al rango más alto de la instrucción, y podía empezarse a pensar en esa transición hacia los jóvenes, llegó el derrumbe del llamado campo socialista y con ello una crisis inesperada y terrible, que obligó a que todo el pensamiento de nuestra dirección, y fue muy sabio, se volcara en encontrar otros caminos de sobrevivencia, que nos permitieran resistir. Y esa es, tal vez, una hazaña tan grande como la guerrillera y la toma del poder. Es decir, haber salvado un bastión del socialismo en medio del caos total. Seguir leyendo “Alfredo Guevara: Soy un profesional de la esperanza”

Alfredo Guevara: Mi generación está obligada, moral y políticamente a producir transformaciones que abran el camino a los jóvenes

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La tercera entrega del homenaje de La Cosa a Alfredo Guevara es la reproducción charla conjunta que Alfredo Guevara y Fernando Pérez sostuvieron en la Escuela Internacional de Cine y Televisión (EICTV) de San Antonio de los Baños, el 13 de mayo de 2010.

Enrique, Kiki, Álvarez:

Buenas tardes.

Me han pedido que al presentar a Alfredo y a Fernando cree un clima propicio al discurrir de las palabras. Alfredo y Fernando son dos poetas, dos saetas en pleno vuelo, dos intelectuales en acción, dos provocadores, dos misterios. Viaja uno, Alfredo, desde su lucidez política y su compromiso vital, a la revelación de las contradicciones, las consecuencias y la belleza de la existencia. Viaja el otro, Fernando, desde su experiencia y su intuición artística, a la construcción de filmes que siempre cuajan en un tenso arco político-poético.

Polémicos ambos, signados por el verbo y la expresión, no necesitan otra provocación que saberse en una Escuela de Cine, ante un auditorio de jóvenes ávidos de conocimientos y experiencias que los ayuden a iniciar sus propios caminos.

En su ensayo «La poesía como problema», el poeta cubano Gastón Baquero escribió:

Lavar de los ojos del hombre la costra echada en ellos por el hábito, por la costumbre, es la consecuencia natural y absolutamente concreta y materialísima de la poesía. Que veamos lo que está detrás de lo que vimos y que no repitamos, como si fuera un límite de los objetos y de las sensaciones, aquello que hasta ayer nos fue familiar, es lo que nos ofrece diariamente la labor del poeta.

Desde esa mirada poética, que también debe ser, y hoy lo será, una mirada política, queda invocado este diálogo. Alfredo, Fernando, ustedes tienen la palabra. Seguir leyendo “Alfredo Guevara: Mi generación está obligada, moral y políticamente a producir transformaciones que abran el camino a los jóvenes”

Encuentro con Alfredo Guevara en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales

Alfredo Guevara

Esta nueva entrega es parte de un homenaje a Alfredo Guevara. Reproduzco ahora el texto correspondiente al encuentro sostenido por el fundador del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de la Habana con estudiantes del Instituto Superior de Relaciones Internacionales (ISRI), el 26 de febrero de 2010.

Encuentro con Alfredo Guevara en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales

Profesora Mónica Cruz, Moderadora:

Muy buenas tardes. Estamos aquí en un nuevo espacio y nos honra en el día de hoy la presencia ilustre del doctor en Ciencias Filosóficas y Letras de la Universidad de La Habana, Alfredo Guevara.

«Cinefilando» es un espacio nuevo para todos, creado por la Juventud y la FEU del Instituto Superior de Relaciones Internacionales, que pretende fomentar el análisis, la reflexión y la crítica, en este caso, de cine, pero vinculado a otras manifestaciones. Nos acompañan hoy, además del doctor Alfredo, estudiantes de primer y segundo año de la licenciatura, los agregados de primer y segundo año, así como otros invitados de honor.

 Erik:

Muchas gracias a todos por haber asistido a nuestro primer encuentro. Como saben, la idea era no inaugurar este espacio hasta que tuviéramos a Alfredo aquí, por eso nos demoramos hasta hoy.

«Cinefilando» parte del cine, como eje central, para analizar no solo las distintas cinematografías, cubana, latinoamericana, europea o de distintas nacionalidades, sino usar el cine como pretexto para comprender las realidades sociales que nos circundan y, a la vez, conocer un poco de cine, el cine por dentro, la producción, la dirección, el papel del director, del productor. En sentido general, el espacio va a abarcar dos ejes fundamentales: primero, el cine por dentro, y luego vamos a ver las distintas cinematografías y cómo son reflejo de realidades sociales. Por supuesto, centro fundamental será la política como punto de nuestra formación como profesionales e integrantes de este instituto. «Cinefilando» pretende conocer el cine de una manera dinámica, tal vez proyectemos spots, documentales, películas y vamos a invitar a especialistas en diferentes ramas del cine.

Se encuentran hoy con nosotros la viceministra Ana Teresita, Juan Miguel, el secretario de la Juventud del Instituto, que nos ha apoyado en la realización, y Abel Torres, el secretario general de la Juventud del Minrex.

  Alfredo Guevara:

¿Puedo decir algo antes de que empiecen las preguntas?

 Profesora Mónica Cruz, moderadora:

El espacio es de usted.

 Alfredo Guevara:

Quería decir que de buenas a primeras me di cuenta de que no sabía por qué estaba aquí, pero no importa, me encantan las sorpresas. Se me ha hecho el hábito, en estos años de mi vida, ya muy avanzada, de que si me invitan jóvenes, voy aunque sea sin saber para qué porque temo que se nos vaya de las manos la juventud. No porque la quiera manipular, sino porque es el tesoro más grande de la Revolución. Cada vez que tengo noticias de que un joven parte a otros países, casi siempre sin contradicción con la Revolución –no encontraría otro modo de decirlo suavemente–, me dan ganas de cantar como en la canción de Alejandro Sanz, «Tengo el corazón partido», porque realmente es una parte del corazón la que se nos va. Seguir leyendo “Encuentro con Alfredo Guevara en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales”

Fernando Pérez o las alternativas del cine cubano

 

Fernando Pérez

Fernando Pérez o las alternativas del cine cubano

POR JULIO RAMOS  

El cineasta cubano Fernando Pérez anticipa en la entrevista que sigue el estreno de La pared de las palabras, su nueva película de ficción sobre el sacrificio que conlleva el cuidado de un miembro discapacitado en el seno de una familia habanera.  Si la historia del cine cubano había cifrado en la obra temprana de Tomás Guitiérrez Alea, Humberto Solás o Santiago Álvarez la fuerza de un momento inaugural, potenciado frecuentemente por un arrollador impulso épico, a partir de los años noventa, la obra de Fernando Pérez, en cambio, se repliega en la fuerza alternativa de un estilo tardío, no exento de cierta melancolía.

El tema de la discapacidad y de los ritmos excéntricos de la vida al margen del esquema regido por la idealización de un cuerpo normativo no es nuevo en el cine de Fernando Pérez. Ya en Madagascar (1994) y en Suite Habana(2003), dos de los más intensos registros fílmicos de la crisis cubana durante el llamado “periodo especial” (tras el derrumbe del bloque soviético), Pérez había explorado la gradual fragmentación de los heroicos relatos del futuro de la revolución y su particular política del cuerpo. El trabajo de Fernando Pérez siempre ha estado muy alerta a la dimensión corporal y sensorial del ordenamiento político de la revolución. Podría pensarse que la discapacidad o la excentricidad de los cuerpos en varias de sus películas implica un cuestionamiento de la relación entre la historia del cine y la inscripción normativa de los cuerpos y los sujetos en los regímenes de la cultura visual. Pérez pone una atención particular en los ritmos, tiempos, multiplicidad de experiencias, relatos y vínculos inesperados entre gente que inventa espacios vitales en los márgenes o a contrapelo de las instituciones sociales. De ahí que no es casual que muchos cineastas de hoy reconozcan en su trabajo un punto de referencia clave de los debates sobre el potencial del cine alternativo. Tal como ha sugerido Anne Marie Stock, varias de las películas de Pérez, sobre todo Madagascar -que ha pasado a ser una película de culto entre los jóvenes y no tan jóvenes cineastas y cinéfilos- registran el diálogo de Pérez con las corrientes más críticas del cine y la cultura alternativa en Cuba.

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La pared de las palabras es la primera película que Pérez produce independientemente tras muchos años de labores en el ICAIC, órgano oficial de la industria cinematográfica cubana, donde Pérez se formó y trabajó desde 1962 hasta su reciente jubilación en 2012.   El hecho de que esta última película se esté produciendo actualmente fuera del ICAIC cobra relieve cuando se toma en cuenta que Fernando Pérez -probablemente el principal realizador vivo del cine nacional cubano- fue electo recientemente portavoz de una nueva asociación de Cineastas por el Cine Cubano que reclama ahora autonomía del ICAIC.  (Le hice la entrevista a Pérez en La Habana unas semanas antes de la creación de esta asociación, por eso no conversamos sobre el tema. Los documentos y posiciones de la asociación se encuentran en la red). Seguir leyendo “Fernando Pérez o las alternativas del cine cubano”

El gesto de Alfredo Guevara

Alfredo Guevara
Revolución es lucidez: la lucha continua por la libertad, la justicia y la belleza.

Por Julio César Guanche

Alfredo Guevara pasó la mayor parte de su vida con el saco sobre los hombros, en un gesto por el cual era reconocido por la mayoría de los cubanos, por dos razones declaradas: detestaba la guayabera y aborrecía la ritualidad. Cuando obligaciones protocolares le empujaron hacia la guayabera, se rebeló: “siento que solo me faltan las maracas para salir a la calle”. Obligado al saco, se lo dejó por décadas apenas sobre los hombros: parecía que el saco estaba puesto, pero tampoco terminaba de estarlo. Sin embargo, cultivaba con humor el mito sobre el origen de su gesto.

Ahora, el gesto es solo un síntoma, que acaso se explica por otras causas.

En su primera juventud, Guevara frecuentaba junto con otro amigo, blancos los dos, los círculos anarquistas de los trabajadores, mayormente negros, del puerto de La Habana.

Yo era anarcosindicalista. No creo que existiese en la Isla una gran influencia anarquista, pero la República Española trajo a muchos emigrados españoles de esa filiación. Mi novia era hija de un poeta anarquista español. Mis ideas habían nacido antes, pero con ella la relación con el anarcosindicalismo se hizo además sentimental.

Más adelante, los anarquistas nos encargaron a Lionel Soto y a mí que preparáramos un programa libertario, porque éramos los más cultos en un grupo de obreros anarquistas, básicamente del puerto de La Habana, en el que militábamos.

Para redactar el programa, Lionel y yo íbamos a estudiar a la Biblioteca Nacional, ubicada en el Castillo de la Fuerza. Su director, Joaquín Llaverías, era un hombre muy progresista. Allí había libros de todas clases, y comenzamos a leer textos marxistas sobre el anarquismo.

Nos convencimos que debíamos estudiar en profundidad el marxismo. Nos costó mucho trabajo separarnos de la organización anarquista, pero Lionel hizo una opción inmediata hacia el socialismo. Yo vacilé un poco y con el tiempo llegué a entrar oficialmente a la Juventud Socialista y al Partido Socialista Popular.

Teníamos la ilusión de que el triunfo de las fuerzas antifascistas sobre el nazismo debía significar una nueva época para la humanidad. Surgió la ONU, un poco más tarde surgió la UNESCO, es decir todo vaticinaba otra época; comenzó la descolonización, aunque luego resultara un proceso incompleto.[1]

Si su corazón era anarquista, su cabeza lo llevaba al marxismo, pero no quiso hacer una elección que resultara en una exclusión. Guevara se definiría en lo adelante, hasta hoy, como un comunista libertario.

Desde esa convicción, no le era difícil adherir al socialismo republicano español.

La Revolución cubana comenzó a realizar el proyecto que no tuvo secuencia en la segunda república española.

Su influencia nos marcó definitivamente. Para mí es sustancial demostrar que el pensamiento de la Revolución es mucho más complejo que la presencia de los aliados que hemos tenido en un momento dado en el este de Europa y que fueron imprescindibles. El pensamiento de la Revolución tiene raíces mucho más profundas, y entre ellas, una de sus fuentes, está en la experiencia de España.

Cuando entré en la universidad ya la guerra civil española había terminado, pero dejaba hondas repercusiones. Era una época en que muchos teníamos los abuelos o los padres españoles. La población mestiza de Cuba, no la que conservaba enteramente sus rasgos africanos, pero sí una parte importante, tenía una rama española.

Por eso muchos vibraron en su niñez o en su adolescencia con los acontecimientos que condujeron al derrumbe de la República, que encontró luego otro eco en nuestra realidad: la llegada de los refugiados españoles.

No se trata solamente de los profesores españoles que llegaron a Cuba, vivimos el legado de la República española en todos los terrenos, en el constitucional, en la ciencia, en las artes, en la literatura y en la política, en el desarrollo de nuestro pensamiento, de nuestra voluntad revolucionaria y de nuestra cultura.

Aquí, por ejemplo, los pelotaris jugaban un papel. Por otra parte, ahora nos hemos olvidado del fútbol —algunas veces lo recuperamos— pero cuando era joven, la presencia de las sociedades españolas era muy grande. El fútbol competía con el béisbol. Yo no entiendo el béisbol y sigo siendo un apasionado del fútbol. No sería extraño encontrar en el alma de esta generación que va desapareciendo, los remanentes de las influencias españolas también en el deporte.

Esos profesores nos influenciaron porque se preocuparon por Cuba y por sus problemas políticos, por la situación de nuestra generación. Uno de ellos, Gustavo Pittaluga —quiero destacarlo porque en mi generación habanera nadie dejó de leerlo—, no está suficientemente reconocido en España. Estuvo también Fernando de los Ríos, que escribió sobre José Martí. Aunque no estuvo en Cuba, el pensamiento de Ortega y Gasset también tuvo un papel. Antes había pasado por nuestro país García Lorca, quien dejó una huella de admiración tan grande que nos hizo vibrar cuando supimos su muerte terrible bajo el franquismo. Manuel Altolaguirre jugó un papel importante de promoción, conservo algunos de los ejemplares de pequeño formato que publicaba, como El ciervo herido. Éramos antifranquistas militantes.

 Desde entonces, Guevara sabía que pertenecía con la misma intensidad a la cultura como a la política, otra vez sin elecciones excluyentes. Si aceptaba alguna materia como “sagrada” serían al mismo tiempo la universidad y la rebeldía, esa edad adulta de la cultura.

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