Du Bois y Cuba: Conexiones históricas en el Sur Global

W.E.B. Du Bois

Por Jorge Daniel Vásquez

El propósito de esta intervención es presentar lo que considero algunas bases para el análisis del pensamiento del intelectual del afroamericano W.E.B. Du Bois (1868-1963) dentro de una sociología histórica del Sur Global, a partir de su conexión con el debate sobre el lugar de la raza en la construcción de proyectos de modernidad.

El enfoque en Cuba no es neutral dado que jugó un rol especial no sólo por sus múltiples conexiones con el socialismo en Europa y Estados Unidos, sino por el lugar de la lucha anti-racista en la construcción del republicanismo en el Caribe. En el estudio de la relación Du Bois-Cuba identifico dos espacios. El primero tiene como material de análisis la correspondencia que Du Bois mantuvo con intelectuales cubanos entre 1931 y 1956 a fin de recrear las conexiones de Du Bois con América Latina. El segundo consiste en el establecimiento de los puntos de mutuo fortalecimiento, así como la diferencia contextualizada, del lugar del anti-racismo en la crítica a los proyectos nacionales en Estados Unidos y Cuba, representados en Du Bois y en intelectuales cubanos como Gustavo Urrutia, Alberto Arredondo y Fernando Ortiz.

Gustavo Urrutia mantuvo la columna de opinión “Ideales de una raza” en el influyente periódico “Diario de La Marina” y cubrió (entre 1928 y 1931) tópicos que invitaban al análisis del racismo, el colonialismo y la desigualdad en Cuba (Fernández Robaina, 1992).

La conexión entre Urrutia y Du Bois se dio inicialmente por la publicación de varios escritos de Urrutia en la revista “The Crisis” (dirigida por Du Bois desde 1910). El contacto de Urrutia con “The Crisis” tuvo lugar debido a las publicaciones que Langston Hughes y William Pickes le invitaran a hacer para la revista de la cual Du Bois era editor. Un encuentro significativo se dio por la publicación de la respuesta de Urrutia a la situación descrita por la educadora y activista por los derechos civiles, Mary McLeod Bethune en Diciembre de 1930 en la misma revista (Vol. 17, No. 12). La carta abierta de Bethune (fundadora, y entonces ex-presidenta de la National Association of Colored Women) dirigida a Urrutia, describía la discriminación racial sufrida ante las autoridades portuarias en su arribo a Cuba. Bethune vio negada su entrada al país y sólo fue admitida después de contactar la embajada americana.

Tal como señala el historiador Frank Guridy, el desarrollo del “black tourism” entre Estados Unidos y Cuba fue fundamental a la hora de construir los vínculos afro-diaspóricos entre estos dos países. Guridy destaca que los viajes de Afro-americanos a Cuba implicaba lidiar con la operación global de la línea de color y exponerse, en sentido azaroso, a vejámenes en parte influenciados.

En su respuesta a The Crisis, Urrutia planteó la situación experimentada por Bethune, no sólo como una muestra de cómo el racismo manifiesta las tensiones en torno a las fronteras, sino los efectos que la discriminación racial en los Estados Unidos tiene sobre Cuba.

En esos años, el discurso anti-migratorio en los Estados Unidos tenía como argumento central frenar la movilidad de afro-americanos hacia el Norte del país con el propósito de proteger las plazas de los trabajadores blancos. Así, la respuesta de Urrutia demostraba cuán consciente era de la intersección entre racismo y hostilidad anti-migrante en el país del norte, y cómo tal intersección se inscribía en una matriz de desigualdad: negar a los negros del Sur el derecho a la movilidad que tenía cualquier americano. Hasta el día de hoy, las conexiones entre hostilidad anti-migrante y el racismo subyacen hermanadas en el discurso de supremacía blanca que pretende “proteger” a los trabajadores blancos empobrecidos.

Fue el propio Du Bois, quien en 1935 (momento en que se acercó críticamente al marxismo) escribía en “The Black Worker” que un levantamiento de esclavos en Estados Unidos, de las dimensiones que habría tenido en otras regiones (tenía en la mente Haití), en parte se vio impedido por la burguesía del Norte, las élites del Sur, pero especialmente por un ejército de blancos pobres cuyo trabajo en el Sur de los Estados Unidos fue el de funcionar como policía de los trabajadores esclavizados. Lecturas contemporáneas de Du Bois lleva esto al análisis de la brutalidad policial o del surgimiento de la denominada ‘Border Patrol’.

Urrutia respondió a la carta abierta que le dirigiera Bethune en The Crisis, diciendo que, si alguien debería sentir vergüenza de tal tratamiento discriminatorio, no debía ser Bethune (quien afirmó que no permitiría que ninguna autoridad ni gobierno le avergozaran), sino su país (Cuba) que aún con una retórica de igualdad racial manejada por las élites, sus gobernantes eran incapaces de desprenderse de ideas como las que imperaban en el país del norte. Pero Urrutia no era una voz solitaria, sus ideas estaban ancladas en varios círculos intelectuales. Entre ellos se cuenta el círculo político-intelectual en el periódico “Adelante” (1935-1939) que funcionó como expresión de la lucha antirracista denunciando los abusos de la dictadura del general Machado. En este periódico, el problema de los negros Cubanos fue debatido, a la vez que se demandaba la reparación económica como respuesta los legados de la esclavitud en la isla de Cuba.

En marzo de 1936, González Dorticós escribió en las páginas de “Adelante” una semblanza de W.E.B. Du Bois, en la cuál éste último parece como una analista de las injusticias históricas a los negros en los Estados Unidos, destacando su discusión con Booker T. Washington, y sus investigaciones en la Universidad de Atlanta. Aunque en “Adelante”, el trabajo bibliográfico de Du Bois sobresale, la referencia al conocimiento de su trabajo acerca del aspecto estructural de la discriminación hacia los negros dentro de los proyectos nacionales da cuenta de una lectura particular compartida por este colectivo político-intelectual.

Encontrar en las páginas de Adelante, la semblanza de Du Bois junto al texto de Alberto Arredondo (periodista y escritor anti-racista), en el que afirma que “la causa del negro es la causa de la nacionalidad” (‘El Negro y el problema de la nacionalidad,’ Adelante, octubre 1936) implica pensar, desde Du Bois, Urrutia y Arredondo el problema de la nación, no en un sentido separatista, sino en tanto su trabajo permitió desnaturalizar el concepto mismo de nación.

En el sentido de Du Bois, abordar la problemática de la nación introdujo una ruptura en el pensamiento político norteamericano. Para Du Bois, ningún universalismo democrático puede basarse en un excepcionalismo (i.e., EEUU como un proyecto no colonialista, que encuentra sentido en un liberalismo individualista -en este sentido se puede ver el trabajo de Julian Go, 2016).

El tiempo que se ubica entre la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial fue, sin duda, un momento en el que el pensamiento político negro reflexionó sobre la cuestión nacional. Du Bois presentó siempre un ataque frontal al liberalismo anti-estatista que convivía con la segregación. Cuestionando la idea de que la exclusión racial podría ser procesada a través del mercado, enfatizó la importancia de los derechos y pertenencia a lo nacional, a la comunidad política. Ya en 1906, como parte del movimiento del Niagara, Du Bois reclamaba “cada derecho que pertenece a los americanos nacidos libres” (Singh 2004, 47).

Cuando el propio Du Bois, en 1930, describió a los negros como “una nación dentro de una nación”, el término nación era, sobre todo, un “mecanismo de comunicación y de regulación común que indicaba el carácter único de la densidad de la existencia negra que resultaba de la segregación racial” (Singh 2004, 51). El análisis de la obra de Du Bois, invita a pensar en torno a la relación de “la nación negra” y lo que denominó “libre y favorable desarrollo” en la vida civil, cultural y política, de cara al nacionalismo estadounidense en tanto institución de poder (ídem). Así, la lucha abierta por Du Bois funcionó como base para el rechazo del proyecto asimilacionista (o de asimilacionismo negro) del Estado- Nación norteamericano y demandar una salida política que permita el fortalecimiento de los intereses comunes negros y de sus intereses políticos (íbid, 52).

Como plantea en “The Negro and Social Reconstruction” (1936), la tarea consistía, claramente en producir conciencia pública que supere la visión por la cual la población negra sea vista únicamente “en relación al pueblo de los Estados Unidos” o, como señala Nikel Pal Singh (p. 59), una población que únicamente podría ser reconocida por colocarse junto a otro grupo nacional (sean éstos liberales blancos, comunistas radicales, capitalistas o trabajadores huelguistas -separándose además de los pretensiones separatistas en base a un “black belt” apoyadas por el Partido Comunista). Así, la propuesta de Du Bois consistía en apuntalar una existente, y relativamente autónoma, esfera pública. Así, Du Bois (1936) consideraba que la participación democrática negra en la política era precondición para lograr la justicia social en los Estados Unidos, no evadiendo la cuestión racial, o negando la raza, sino usando la categoría racial para expandir el terreno del debate político.

Du Bois no sólo se interesó en la problemática en Estados Unidos. Para los negros americanos el mundo fue importante a fin de lograr una mayoría global discutiendo las protecciones y beneficios que otorga la nacionalidad (Sinhg 20004, 53). Así, lo manifestó en su discurso An Appeal to the World, pronunciado en las Naciones Unidas en 1947 (el texto fue escrito por Du Bois como presidente de la NAACP y presentado por el delegado soviético) y que luego Du Bois envió como contribución para la Miscelánea de Estudios en homenaje al intelectual cubano Fernando Ortiz en 1951. El texto ha sido interpretado como muestra del activismo negro en oposición al imperialismo y al colonialismo.

Mientras la relación de Du Bois con Cuba inició a través de las publicaciones sobre Cuba en The Crisis (gracias a las traducciones de Langston Hughes, y los artículos Margaret Ross Martin), Du Bois visitó Cuba por primera vez en junio de 1941 por intermediación de Fernando Ortiz. Los registros en la colección de documentos de Du Bois en la Universidad de Massachusetts, muestran que Du Bois visitó Cuba la menos cuatro veces, y participó de algunas actividades en las asociaciones culturales lideradas por Fernando Ortiz.

En junio de 1941, Ortiz hospedó a Du Bois en su residencia y diseñó una agenda en la cual se incluía una reunión con el presidente Fulgencio Batista que no tuvo lugar. Du Bois se reunió con la Sociedad de Estudios Afrocubanos que había sido fundada en 1937 con el propósito de realizar investigaciones sobre folklore, religión y música. La revista de Estudios Afrocubanos significó la diseminación de trabajos intelectuales que discutieron asuntos raciales.

Du Bois había escuchado sobre esta revista a través de las comunicaciones que Rayford Logan estableció con Ortiz alrededor del proyecto de creación de una Enciclopedia del Negro en 1937. Sin embargo, fue sólo después del encuentro en 1941 que Du Bois y Ortiz comenzaron un contacto significativo con repercusiones en su análisis del racismo en los proyectos de modernidad.

En noviembre del mismo año de Du Bois visitó Cuba por segunda vez junto a otros intelectuales latinoamericanos, para asistir a la Conferencia Internacional para la Cooperación Intelectual organizada por la UNESCO, con el propósito de analizar los efectos de la Segunda Guerra Mundial. Tanto Du Bois como Ortiz colocaron el tema racial en el centro del análisis sobre la guerra.

A este encuentro le siguió un intercambio epistolar en torno a la posibilidad de organizar en Cuba un Congreso de Estudios sobre Cultura África (en la intención de Ortiz) o un Congreso de cultura PanAfricana (en la intención de Du Bois).

No obstante, hay elementos que exigen que la lectura de Du Bois y Ortiz, en torno a la cuestión racial se haga desde la confrontación de sus argumentos. Antes de conocer a Du Bois personalmente, en 1939, Ortiz se había referido al libro de Du Bois, Black Folk, publicado ese mismo año en la Revista Bimestre Cubana (XLIV, segundo semestre)

Black Folk fue publicado con el propósito de demostrar la contribución de los pueblos afrodescendientes en la construcción del mundo moderno (incluso hasta hoy, autores dentro de la sociología crítica de la raza, como Zine Magubane destacan el valor del libro en este propósito); sin embargo, Ortiz sugiere que Du Bois llega a planteamientos racistas cuando se refiere a Cuba: Dice Ortiz (p. 228):

“Tocante a la historia moderna de Cuba, el autor es muy confuso y con un fondo discriminatorio que haría presumir un espíritu racista que lleva su lógica negrofilia a extremos ilógicos e injustos. La guerra de 1895 parece que fue toda obra de Antonio Maceo. No se mencionan Martí, ni Máximo Gómez […] La historia política de Cuba en su época republicana parece toda dominada por Morúa Delgado”.

Aunque se puede reconocer la legitimidad del señalamiento de Ortiz en relación a la poca notoriedad de Martí y de Gómez (sí aparecen, pero ensombrecidos por Maceo), no se puede pasar por alto en el análisis de la cuestión racial, la supuesta negrofilia derivada en racismo que Ortiz atribuye a Du Bois. Sirva esto para señalar no sólo las diferencias de los lugares de enunciación, sino de la manera en que Du Bois y Ortiz comprenden el racismo. Así, al admitir la posibilidad de un ‘racismo negro’ o un ‘racismo de los negros’ (pues en este caso, Du Bois es señalado como ‘racista’), Ortiz participa de la acusación con la que se perpetuaron las vejaciones a los negros y se sentó la impunidad sobre las víctimas de la denominada ‘guerrita de razas’ en 1912 (para referencias a los argumentos racistas en estos años se puede el trabajo de Alejandro Fernández, 2014 o de Alejandra Bronfman 2004).

A diferencia de Ortiz, para Du Bois el racismo es el resultado de la construcción de la línea de color como una construcción global. En su libro “El Mundo y África” (1946), así como “Color y Democracia” (1945), Du Bois señala el colonialismo no como una fase dentro del mandato teleológico de la modernidad, sino una dinámica continúa de perpetuación del racismo. Luego, los proyectos anti-coloniales y nacionalistas no podían ser si no anti-racistas. Así, Du Bois está más cerca a los intelectuales negros que criticaban el proyecto de mestizaje reconciliador entre negros y blancos desde una matriz cultural, y cuestiona el engranaje de estructuras que subyace a este racismo.

Du Bois conservará una memoria importante de su visita a Cuba, e integrará el análisis de América Latina a las clases que dictará en distintas universidades, junto con Irene Diggs [el otoño de 1948 en la New School]. En 1942 se encargará de la traducción del texto ‘Martí y las razas’ de Fernando Ortiz para la revista Phylon. En Phylon también publicará “La relación entre blancos y negros” originalmente aparecidos en la revista Ultra en 1944. Ortiz sugirió que Du Bois formara parte del Instituto de Estudios Afroamericanos, basado en México en 1944 y envió a Du Bois los Archivos del Folklor Cubano en 1946. Su relación después de estos años se disminuirá significativamente.

Las conexiones entre Du Bois, Urrutia y Ortiz, demuestran que la producción de un pensamiento anti-racista en el Sur Global pasa por el diálogo con el Sur en el Norte. No obstante, queda aún por analizar cómo tales conexiones pueden trascender las redes intelectuales e inscribirse efectivamente en la construcción de proyectos democráticos de justicia racial.

[El presente texto corresponde a la ponencia leída en la Conferencia “Republicanismo popular y racialización en Los Andes y el Caribe” en enero de 2020, así como en el Congreso LASA, en mayo de 2020. El autor prepara una versión extensa como parte del libro «Du Bois on Latin America and the Caribbean: Trans-American Pan-Africanism and Global Sociology», que será publicado por SUNY-Press, y co-escrito con Agustin Lao-Montes y Juliana Morais de Goes]

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