Sobre las intervenciones estadunidenses en Cuba. Algunas escenas

Monkc, 2019

Por Julio César Guanche

1898

Las tropas estadunidenses desembarcan por el oriente cubano, por la playa de Daiquirí. Mueren en combate estadunidenses, entre ellos un número importante de afroamericanos. El museo de Historia afroamericana de Chicago conserva cartas de varios de ellos a sus madres. Algunas muestran su sentido compromiso con la libertad de Cuba del yugo español.

En el bar Two Brothers, cuenta la leyenda, frente al Malecón habanero, soldados estadunidenses brindan con un ron Bacardí, barato, que consideran de baja calidad, por eso lo mezclan con coca cola y gritan “Viva Cuba Libre”, frase que nombra ese trago hasta hoy. Alegres por el triunfo contra el poder colonial español, no hay que suponer obligatoriamente que era, por parte estricta de ellos, un brindis hipócrita.

A la vez, en el oriente cubano se registraron compras de tierras absolutamente inverosímiles. La United Fruit Company compró 170.000 hectáreas por menos de $200.000. Esto es, a 1.17 dólares la hectárea.

A la vez, las compañías estadunidenses profundizaron el control que ya habían ido ganando sobre la minería en Guantánamo y Santiago de Cuba. El control del hierro, el cobre y el manganeso cubanos fue crucial para el despliegue de la industria pesada del entonces naciente imperialismo estadunidense —la palabra imperialismo se usaba desde 1898, no la inventó un manual del PCC—.

Por varias razones, la mayoría de la mano de obra empleada en esa minería era española. La depredación de tierra cubana y la falta de empleo, unido a las condiciones en que había dejado a la zona oriental la guerra de independencia produjeron una situación social de enorme empobrecimiento y la convirtieron en un polvorín político, que estalló en 1912.

1902

La ocupación estadunidense excluyó a los negros cubanos de los cuerpos de la policía, de la Guardia Rural y de la oficialidad del Cuerpo de Artillería. También, pretendió excluir a una proporción muy apreciable de la población humilde del recién estrenado sufragio universal para los hombres (en las primeras elecciones republicanas votó alrededor del 5% del padrón electoral), a través de la exigencia de una franquicia electoral, un recurso “técnico” para la exclusión.

La Enmienda Platt permitió que una base militar se instalase en Guantánamo, que existe hasta hoy.

1906

José Miguel Gómez participó destacadamente de la “revolución” de 1906. En ese contexto, la intransigencia de Estrada Palma ante la farsa electoral a su favor, por un lado, y la actitud de los liberales —José Miguel era uno de sus líderes—, por el otro, buscaban que la intervención estadounidense acudiese en su respectivo respaldo.

Así la pidió Estrada Palma, pero también lo hizo J. M. Gómez, junto con Alfredo Zayas, “conforme a los términos de la Enmienda Platt”.

El Gobierno de Gómez nació del rediseño que hizo la segunda ocupación (1906-1909) del sistema político cubano, para evitar “convulsiones” y resolver la rotación entre élites.

Tras la segunda ocupación, se afianzaron dos problemas de larga recurrencia posterior en el país: la corrupción institucionalizada y un complejo de inferioridad se hizo fuerte en la cultura política cubana, en forma de “la incapacidad del cubano para tener gobierno propio”.

1912

Otra vez las tropas estadunidenses desembarcan por la misma playa de Daiquirí, donde seguían enclavadas sus empresas mineras.

El ejército cubano reprime a sangre fuego, a la vez, las protestas campesinas y del Partido Independiente de Color en la zona. El gobierno rinde informe diario al Departamento de Estado de los EEUU sobre los progresos de la represión, y del control de la zona a favor de las empresas de ese país.

Como parte de su empeño de “impedir” la intervención, y de conservar su gobierno, José Miguel Gómez ordena la masacre de estado más grande la historia nacional  (las cifras oscilan, pero 5 mil muertos es uno de los números más comunes). Ello, frente a los ojos de la armada naval estadunidense.

1933

Un gobierno “a medias” radical, resultado directo, y legítimo, de la gran revolución popular de 1930, reclama la devolución de tierras mal habidas en manos de propietarios estadunidenses y el retiro de la base naval de Guantánamo.

Antonio Guiteras, un líder nacionalista, da órdenes expresas de responder a cualquier ataque proveniente de la base naval. Asegura que el “fantasma de la intervención” es invocado por todo aquel que pretende impedir cualquier cambio a favor del pueblo cubano.

Un cubano solitario, parado en el Malecón, descarga, sin la menor posibilidad de éxito, las balas de su revólver en dirección a un acorazado estadunidense anclado frente a la bahía de la Habana.

1940

La Constitución de 1940 —un referente de democracia social y política para el mundo en esa fecha—  reguló  que “la República no concertará ni ratificará pactos o tratados que en forma alguna menoscaben la soberanía nacional o la integridad del territorio”.

1961

En enero los Estados Unidos rompen formalmente sus relaciones con Cuba y ordenan el cierre de su embajada en La Habana. A los pocos días, Cuba decide retirar el águila calva que presidía el monumento a las víctimas del Maine, y las efigies allí situadas de William McKinley, Leonard Wood y Theodore Roosevelt. El resto del monumento se mantuvo. Hasta hoy se ve allí la tarja que contiene el texto de la Resolución Conjunta, una promesa burlada de respetar la soberanía cubana.

Un miliciano en Girón cuenta: “Me arrastré hasta el monte, como pude. En el monte me quité las ropas, me había quedado en camiseta y calzoncillos. Me sentía bastante mal. Me sentía el cuerpo muy mal ya y pensé morir allí mismo en el combate: nunca pensé volver a estar vivo. Llegó el momento, ¿no?, dije, siempre a uno le queda esa idea, ¿no? Me quité las botas, me escondí detrás de un palo con el fusil que sí logré salvarlo, esperando al enemigo mientras tuviera algo de vida. Decían que venía detrás la infantería de ellos. ¿Por qué me quité las botas? Son los últimos momentos que le quedan a uno y uno decide morirse con las botas quitadas.”


1962

Un mexicano que se encontraba en ese mes de octubre en La Habana escribe: “Eran las once de la mañana. En el ascensor, un miliciano decía a otro que no se había rasurado: “Parece que vienen dentro de un rato. Ahora no te rasuras hasta después de la guerra”. Me fui caminando hasta mi domicilio, no lejos del hotel Habana Riviera. La calle de mi casa estaba arbolada por flamboyanes en todo el esplendor de sus flores rojas. Por la acera de enfrente pasaba una muchacha hermosa como todo lo hermoso. La miré caminar bajo los árboles florecidos y se me quedó grabado mi pensamiento de ese instante: “¡Qué lástima que todo esto va a desaparecer entre las tres y las cuatro de la tarde!”

Una querida amiga me ha contado que entonces tenía unos 20 años. En ese octubre estaba con otros de la misma edad en una batería antiaérea. Vio allí a una amiga con los labios pintados y acicalada. La miró con sorpresa, y ella respondió: “si me voy a morir que recojan mi cadáver así arreglada”.

Una conclusión

Todo lo antes descrito tiene contramemorias y necesita, en otro tipo de texto, ser problematizado. De acuerdo. Sin embargo, apunto aquí un hecho fuera de discusión: el derribo del águila del Maine, Girón y la crisis de octubre ocurrieron varios años antes de fundarse el Partido Comunista de Cuba.

Sobre el resto de la historia que aquí he apuntado no hay decir que la Isla no estaba gobernada por el PCC.

Cuba no tiene problemas solo con la política oficial de los Estados Unidos. Los tiene consigo misma. De eso he hablado antes. Es, también, una necesidad colocar este tema, con toda la importancia que tiene, y con información rigurosa, en el centro del debate público cubano de estos días.

La intervención estadunidense en Cuba, su realidad y su amenaza, tanto como la mera percepción de su amenaza, ha sido rechazada siempre por la enorme mayoría del pueblo cubano, que tiene en el nacionalismo uno de los núcleos de su cultura política.

Pedir la intervención estadunidense en Cuba —cuya realidad es ciertamente improbable por la resistencia que sin duda ofrecerá —ofreceremos— como pueblo, por la geopolítica del desastre estadunidense en Medio Oriente y por la gravitación de Rusia en la escena internacional, entre otros factores, y que además recién ha sido rechazada por Bob Menéndez— puede ser camuflada como “lucha contra el comunismo”, pero es un crimen cometido contra el pueblo cubano, contra la nación cubana, contra toda la historia de lo que ha hecho que un pedazo de tierra y una geografía política, cultural y social, se convierta en lo que llamamos Cuba, y que tantos llevamos, con todo orgullo, en el centro del pecho.

Nota En la versión original de este texto cometí un error al referir la fecha el derribo del águila al monumento a las víctimas del Maine, que he corregido.(19 .07.2021)

10 comentarios sobre “Sobre las intervenciones estadunidenses en Cuba. Algunas escenas

  1. Me apena y me avergüenza la sarta de mentiras que Ud. ha publicado aquí. Yo le tenía a Ud. como un revolucionario que defendía al Socialismo y que combatía al Estalinismo que oprime nuestra Patria hace 60 años. No se diferencia mucho Ud. de Iroel Sánchez, Elier Ramírez, Ernesto Limia, Enrique Ubieta y otros “intelectuales orgánicos” del régimen Estalinista.

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  2. Respuesta a Julio César Guanche
    1- La inmensa mayoría de los soldados voluntarios estadounidenses que pelearon y murieron en Cuba por nuestra independencia eran blancos. Solo en la batalla por la toma de la Loma de San Juan murieron 240. Revise las fotos.
    2- Si el ron Bacardí era malo, por qué razón los soldados lo mezclaron con la Coca Cola, lo más probable es que lo consideraran muy fuerte y le añadieron gaseosa para aligerarlo.
    3- Ignora usted que el poder adquisitivo del dólar era en esa época casi 100 veces que el valor actual y que las tierras eran sumamente baratas. Que los soldados del Ejército Libertador pudieron comprar fincas con el dinero que les dieron al licenciarlos.
    4- Ignora usted que en el año 1898 el comercio de Cuba era mucho mayor con Estados Unidos que con la metrópoli española y que aes inversiones alcanzaban la cifra de 70 millones de dólares y que gracias al tratado de reciprocidad firmado en 1903 las principales exportaciones de Cuba pudieron entrar a Estados Unidos libres de impuestos y que lo mismo ocurrió con las maquinarias y otros renglones de la industria estadounidense pudieron entrar libres de impuestos, lo que permitió un crecimiento acelerado del transporte ferroviario, la industria azucarera y muchas otras industrias.
    5- Debe estudiar usted la historia de las causas y los condiciones que originaron el desafortunado alzamiento de los Independientes de Color, que se desarrollaron fundamentalmente en La Habana. La razón que hizo que se produjera el alzamiento en Oriente fue la mayor densidad de población negra en la zona sur de esa provincia.
    6- El nivel escolar de los negros, inferior al de los blancos es lo que condiciona que la inmensa mayoría de los que fueron incorporados a la Guardia Rural y la Policía fueran blancos, situación que aún no ha sido superada del todo. No fue necesariamente un acto discriminador como usted da a entender. Fueron oficiales del Ejército Libertador quienes se incorporaron a esos cuerpos armados y sabe usted muy bien que no había entre ellos prejuicios racistas. Las elecciones fueron libres y los que fueron elegidos contaban con el apoyo mayoritario de la población, el Presidente, Don Tomás Estrada Palma tenía sobrados méritos para ocupar ese cargo y fue propuesto por el Generalísimo Máximo Gómez Báez apoyado por la asamblea del Cerro. Si usted conociera a fondo los pormenores de la enmienda Platt sabría que quienes se opusieron a ella en la asamblea Constituyente, la razón que esgrimieron para no aprobarla era que los cubanos, agradecidos a la ayuda determinante para la conquista de la Independencia, le concederían a los Estados Unidos las “carboneras” que fueran necesarias y todo lo que contribuyera a la seguridad de ambos estados.
    7- Es cierto que tanto Estrada Palma que la solicitó oficialmente, como José Miguel Gómez que lideraba al Partido Liberal, solicitaron la intervención, tal vez desconozca que el Presidente de estados Unidos, héroe de la “Guerra Hispano Cubano Americana”, hizo todo lo que estuvo a su alcance para evitar la intervención, pero se vio obligado a hacerlo por la “Enmienda Platt”, al quedar el país sin siquiera un solo Secretario del Gobierno, porque todos renunciaron junto Estrada Palma y el poder legislativo no pudo designar a ninguno porque carecía del Cuórum necesario. José Miguel Gómez le propuso a estrada Palma reconocerle su elección, porque sabía que sería elegido si se presentaba a la nueva elección, y que se hicieran las elecciones para todos los demás cargos. Estrada Palma no acepto la propuesta.
    8- Tiene usted toda la razón en la valoración de los gobiernos posteriores a la intervención estadounidense. Ese complejo de inferioridad se mantiene hasta nuestros días, por esa razón hay un grupo numeroso de opositores al Partido-Gobierno-Estado que piden una nueva intervención para resolver la profunda crisis que atravesamos.
    9- No conozco que los soldados estadounidenses hayan desembarcado por Daiquirí en 1912, pero estoy casi seguro que cerca de esa playa no había empresa minera alguna. Cuando Fidel Castro tenía 10 años escribió una carta al Presidente Franklin Delano Roosevelt pidiéndole 10 dólares y sugiriéndole explotara los ricos yacimientos de lateritas ricas en níquel para futuras guerras. Fíjese hasta qué punto el pensamiento Plattista estaba arraigado en nuestra Patria.
    10- Debe documentarse mejor, los pocos enfrentamientos entre el Ejército y los alzados no fueron cerca de la costa, ni cerca de los ojos de los soldados de la Armada estadounidense. Tampoco suman 5000 los muertos, la cifra oficial fue de 2000. Posiblemente los datos reales estén en los archivos y no olvide que el Jefe era el Mayor General Jesús Monteagudo y el Coronel José Martí y Zayas Bazán era el Jefe de Estado Mayor. Me niego a creer que el “Ismaelillo” haya sido capaz de ordenar tales crímenes.
    11- Olvidó usted que la Enmienda Platt fue abolida en 1932 y en esa misma fecha fue ratificado el Contrato de arriendo de la zona de la Base Naval de Caimanera y cuando Bush hijo le comunicó a Fidel Castro que enviaría parte de los detenidos en la Guerra contra Afganistán, Fidel le brindó ayuda si la requería, sobre todo médica.
    12- La Constitución de 1940 no contempla en su articulado la Base Naval de Guantánamo y ningún Gobierno de la República solicitó oficialmente su devolución, ni siquiera el “Gobierno Revolucionario”, tampoco se ha reclamado en la Corte de La Haya, ni se ha consultado al pueblo cubano si está o no en contra de la permanencia de esa base en nuestro territorio.
    13- El primero de enero de 1961 Fidel Castro informa que ha decidido reducir el número de empleados de la Embajada de Estados Unidos en La Habana a 13 personas, que es el número de empleados que tiene la de Cuba en Washington, y el día 3 de enero el Presidente Eisenhower decide retirar a todo su personal de la Embajada con lo que quedan rotas las relaciones diplomáticas.
    14- Uno de los actos más ofensivos hacia el Gobierno y el pueblo de los Estados Unidos fue el ultraje del monumento recordatorio de los más de 260 marinos estadounidenses en el Malecón Habanero a la vista de su Embajada realizado el 18 enero de 1961, como también lo fue para nuestro pueblo el retiro del monumento de uno de los patriotas más puros de las guerras de independencia Don Tomás Estrada Palma, al que Martí dejo encargado de la Delegación del Partido Revolucionario Cubano y Primer Presidente de la República electo democráticamente, honores superiores a los que se le pudieran reconocer a Fidel Castro, que nunca fue electo por nuestro pueblo para ninguno de los cargos que ocupó y cuyos méritos de guerra se pueden resumir en una cuartilla y el retiro de los tres funcionarios norteamericanos que más ayudaron a nuestra independencia William Mc Kinley, Theodore Roosevelt y Leonard Wood.
    15- Con relación a la Crisis de Octubre estamos vivos porque Nikita, ante la propuesta de Fidel Castro de asestar el primer golpe nuclear, para llevar la delantera, llegó a un acuerdo ventajoso para ambos países que evitó la guerra nuclear, que tal vez no hubiera acabado con todo el mundo, pero sí lo hubiera sido para la mayoría de nuestra población. (Nadie puede creer en el “error” de un traductor situado a ese nivel.)
    Le recomiendo lea la entrevista realizada por Gonzalo de Quesada y Arótegui al Generalísimo Máximo Gómez Baez publicada en el New York Journal de 26 de febrero de 1899 en la pág. 14

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    1. Ya entiendo. La ideología, en este caso, la suya, es un rumbo impertérrito, frente a todos los hechos, y frente a toda la historiografía profesional sobre cada uno de esos temas.
      Como no veo por donde empezar, porque no hay por “dónde coger” la inmensa mayoría de lo que usted dice aquí, tan festinada como irresponsablemente, le voy a dejar una respuesta mía sobre uno solo de los puntos que toca: el tema de las propiedades extranjeras —y específicamete de los EEUU— en Oriente, donde ocurrió el grueso de las acciones del PIC que usted contra toda evidencia, e insólitamente, coloca en la Habana, dando muestras muy claras de no tener la más mínima idea sobre las cosas que menciona:

      “Justo en los días previos a la fecha de la carta atribuida a Estenoz —desde el 11 de junio—, Monteagudo había estado recibiendo informes de propiedades cuyos administradores aseguraban no haber sufrido daño alguno mientras estuvieron custodiadas por las fuerzas del Ejército.
      Esos informes habían sido solicitados por el propio Monteagudo, como parte de la estrategia, dirigida por el Presidente Gómez, de impedir los desembarcos de marines, y que Monteagudo se empeñó con detalle en cumplir.
      En ello, envió oficiales a inspeccionar los pedidos de protección y destinó destacamentos en las propiedades que se habían declarado en peligro. Por ejemplo, reportaron ausencia completa de daños los ingenios Romelie, Santa María (propiedad de la Santa María Sugar Co. de New York), San Antonio, Santa Cecilia Sugar Company y San Antonio Confluente Sugar Company.
      Asimismo, Monteagudo ordenó la protección de los cafetales Fraternidad, Superiora, Santa María (en este caso especificaba que el dueño eran ciudadano extranjero). Desde similar interés, a José Torres, encargado del cafetal Nueva Escocia, propiedad de Felipe Veranes, le fue autorizado de parte de Monteagudo permanecer sin ser molestado en la finca, junto a otros dos colonos, a los que la nota militar trata de “señores”, indicando que eran blancos.
      A Pablo Clavel, dueño del Cafetal Santa María de Loreto, se le autorizó a reconcentrar en su batey a todos los trabajadores y colonos, a usar un revolver calibre 38, y a armar a tres o cuatro hombres “blancos”.
      Así sucedió con otros propietarios, no solo extranjeros sino también cubanos, como es el caso del cafetal Santa Bárbara, propiedad del general Leyte Vidal, que fue protegido por el Ejército, o, también, con el cafetal Joturo del Padre, de Primitivo Calzado, al que se brindó protección junto a sus cuatro hermanos, dos empleados y un albañil llamado Timoteo. El 10 de junio el Sr. G. H. Callister (presumiblemente ciudadano estadunidense) recibió permiso para cargar la madera que tenía en Baconao en la goleta Maria Pratt.
      Como se puede apreciar, tal protección respondía por completo al “perfil racial” de la represión contra la sublevación de 1912. Monteagudo solicitó al administrador de la ya mencionada Juragua Iron Company (7 de junio) que “por la naturaleza especial de la rebelión” siempre que fuese posible era mejor “sustituir por blancos los empleados negros de la compañía”, pues eso sería “conveniente para los intereses de la misma”.
      Dos días antes, esa compañía se había quejado que pese a promesas de Monteagudo y de Martí “solo” contaban para su protección con “47 guardias en Firmeza, 18 en Siboney y 15 en Ocaña”. No obstante, pedían más ayuda.
      El mismo día 7 la Compañía prefirió dejar sin custodia sus posesiones en Aguaderos y en el Crucero del Morro “pues los empleados que estaban allí eran negros”. Por ello, solicitaban a Monteagudo “hombres blancos” para “que no quedaran abandonados esos lugares”. Monteagudo, además, les permitió importar armas desde el extranjero para su autodefensa.
      También el consulado alemán en Santiago de Cuba se comunicó fluidamente con Monteagudo para invocar la protección del aserradero San Germán, tras especificar que su maquinaria, aserrío y existencias estaban valoradas en cien mil pesos. Cuando, derrotada la sublevación, se recogían las armas repartidas por el Gobierno, el cónsul alemán pidió conservar, por parte de los dueños y trabajadores “de confianza” del aserrío, algunos máuser y 100 tiros para cada uno. Con ellos, el cónsul alemán prometía que “podrían prestar más adelante algún servicio”. Monteagudo les dejó 10 rifles y 1000 cartuchos.
      El Mayor General tenía en sus manos informes según los cuales la Ponupo Manganese Co., de propiedad estadunidense, había solicitado el desembarco de tropas de su país en sus posesiones situadas en El Cuero. Según la empresa, su aparato de desembarque y puerto de embarque estaban “sin un solo guardia” y no se consideraban suficientemente protegidos. Agregaban que tenían el “firme propósito de utilizar solamente la protección de las tropas del gobierno de Cuba, dadas las actuales circunstancias”; pero lo sucedido en Daiquirí con la Spanish Iron Company le había creado “fundados temores” y les hizo creer en “la necesidad” “de pedir el refuerzo de la marina americana.”
      El 19 de junio de 1912 esa compañía había dicho tener información, proveniente de “persona de toda nuestra confianza”, que anunciaba que los rebeldes habían quemado “todos los edificios que tenía esa empresa en Ponupo, en sus minas de tierra adentro, cerca de La Maya. Especificaba que esas eran distintas a las que se localizaban en El Cuero, esas sí protegidas por fuerzas estadunidenses.
      El Mayor General, como hizo con el resto de esas alarmas, ordenó investigar el hecho y el oficial que allí se personó respondió que “fue quemada una casa y un rancho” propiedad de Minas Ponupo, por “cinco rebeldes mandados por el “Brujito”. Dicho oficial ordenó recorrido de infantería y emboscadas en lugares estratégicos para evitar la repetición de los incendios. Además, para el 28 de junio había quedado “constituido un destacamento” en la mina de Ponupo.
      El 12 de junio de 1912, Monteagudo recibió comunicación desde la Secretaria de Gobernación, que le informaba que el presidente de la Spanish Iron Company, Mr. Charles Rand, había gestionado el desembarco de tropas americanas en sus propiedades de Mayarí después de haber solicitado protección del gobierno cubano. También supo de pedidos de desembarco de marines en Omaha, Holguín, a pedido de compañías estadunidenses; o de ciudadanos residentes, como ocurrió (a pedido de dos residentes, tramitado por el cónsul) con 50 estadunidenses desembarcados en Baracoa, o por Bowman, de Mir, Oriente, que apeló a los estadunideneses para la protección de sus propiedades en Guáimaro.
      En el informe de Monteagudo arriba reproducido se puede apreciar como había enviado protección a algunas de esas empresas y desestimado la gravedad de los daños causados, no obstante lo cual pidieron la intervención. La lista con hechos de este tipo es larga y confirma que Monteagudo estaba realmente ocupado en custodiar las propiedades extranjeras. No abundo aquí en el perfil que esto comporta para observar la rebelión del PIC como una secuencia de hechos a la que se sumaron acciones colectivas populares en contra de la propiedad extranjera.”
      (…)
      Puedo hacer algo similar a lo anterior sobre el resto de los puntos que menciona, pero lo voy a dejar aquí. La historia es mi profesión. No estoy interesado en su propaganda.

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  3. Le aclaro que soy oriental, nací y me crie en Mir a pocos kilómetros de Omaha, situados en Holguín, cerca del centro de la provincia de Oriente a más de 50 Km. de las costas de la provincia, ¿Cómo es posible el desembarco de los marines de la Armada estadounidense en esos lugares? ¿Cree usted que la protección de las propiedades de extranjeros y cubanos de los posibles efectos destructores de los alzados pertenecientes a los Independientes de Color era un acto de agresión de tipo imperialista?
    Es más que evidente que mi primer comentario fue acertado en cuanto a compararle a ese grupo de intelectuales orgánicos. Pensé que su trabajo junto al único dirigente marxista de la “revolución” habría influido positivamente sobre usted, pero veo que me equivoque. Conservaré estos textos para el futuro, donde espero usted mantenga sus posiciones y convicciones, independientemente del curso que tomen los acontecimientos.
    Muy bueno su escrito sobre el Che en “Autocríticas”.

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      1. Le sugiero que publique sus opiniones como texto independiente donde lo prefiera. He terminado aquí este intercambio, al que usted le ha dado un rumbo, un tono y un contenido que no tiene nada que ver con el artículo inicial. Saludos.

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  4. Es una verdadera lástima que una persona con la preparación y el prestigio ganado por usted con sus críticas a algunos aspectos del modelo estalinista de gobierno no se decida a incorporarse a la vanguardia de los intelectuales cubanos que están luchando por la libertad y la democracia en nuestra Patria, renunciando a un lugar decoroso en nuestra Historia.
    Mis saludos.

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